Mission Center: The Episcopal Church: Community

Nochebuena. (Año B).

Isaías 9:2-7; Salmo 96; tito 2:11-14; Lucas 2:1-14, (15-20)






“No tengan miedo, pues yo vengo a comunicarles un buena noticia que será de mucha alegría para todo el pueblo; hoy en la ciudad de David ha nacido para ustedes un Salvador que es el Mesías, el Señor. Esto les servirá de señal: encontrarán a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”. (Lucas 2:11-12).

Realmente esta es una nochebuena, noche gloriosa y valiosa, porque ha nacido en Belén la criatura más hermosa. Una noche donde la gracia y la ternura se derrochan, se junta el cielo con la tierra y se realiza un admirable intercambio: Dios pone su tienda entre nosotros, se hace niño para que nosotros, siendo como niños lleguemos también a ser como Dios. Celebramos el misterio de la encarnación.

Jesús es una buena noticia de salvación. Él es la luz que ilumina a los que andan en tinieblas y sombra de muerte. En él se cumple la profecía de Isaías: “El pueblo que caminaba en oscuridad vio una luz intensa, los que habitaban un país de sombra se inundaron de luz”. (Isaías 9:1).

Hoy celebramos el nacimiento del niño Jesús, hijo de Dios y de María. El evangelista san Lucas nos narra este acontecimiento de una forma artística y magistral para destacar la misión salvadora de este Dios hecho niño en medio de un pueblo sumido en la pobreza, la opresión, las injusticias y los privilegios. Aunque no hallaron para Jesús posada en el mesón y tuvo que nacer entre los animales, san Lucas hace resaltar la alegría que provoca este nacimiento, especialmente para los pobres como María, José y los pastores a quienes Dios se da a conocer de una manera inusual.

El evangelista destaca el cumplimiento de las promesas del Antiguo Testamento, y la llegada y realización del reino de Dios que es un ya que todavía no. “Con el nacimiento de Jesús han empezado los tiempos nuevos, en los que por una parte, se sigue esperando la salvación del mundo, y por otra ya se está gozando de esta salvación”. (Comentarios de la Biblia Latino Americana p.132, Ed. Paulinas, 1995).

Sí, hoy nos alegramos con este Dios tierno, compasivo y misericordioso, que se hace hombre en la pobreza y desde allí nos enriquece a todos con su gracia y nos libera de todas las esclavitudes. “Cuando llegó la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo, que nació de mujer y sometido a la ley, con el fin de rescatar a los que estaban bajo la ley, para que así recibiéramos nuestros derechos como hijos”. (Gálatas 4: 4-5)

Esta noche de luz y alegría, nos invita a la adoración y a la alabanza divina. Dice el salmista: “Alégrense los cielos, salte de gozo la tierra, retumbe el mar y cuanto contiene delante del Señor que ya llega, ya llega a regir la tierra”. (Salmo 96: 11-13).

Esta es una noche de paz, porque Jesús es el Príncipe de paz, él “lleva el centro del principado y se llama consejero maravilloso, guerrero divino, jefe perpetuo, príncipe de paz”. (Isaías 9:15). Pero la paz que nos ofrece Jesús es diferente a la que nos ofrece el mundo, en Jesús la paz es sinónimo de bienestar total, de plenitud. “Lucas presenta a Jesús como el Mesías davídico que trae el don escatológico de la paz. Desde la impotencia de su infancia, Jesús es quien salva y trae la paz a todos, en fuerte contraste con el poderoso gobernante romano, César Augusto, a quien el culto imperial celebraba como artífice de la paz. La revelación angélica es aceptada por humildes pastores y es meditada por María, modelo para los creyentes, de la reflexión y de la integración de la paz” (Raymond E. Brown. Joseph A. Fifzmyer, Roland Murphy, Nuevo comentario Bíblico San Jerónimo, Nuevo Testamento, pagina 144, Ed. Verbo Divino, Navarra, 2004).

Al celebrar el nacimiento de Jesús cada año tenemos la tentación de envolvernos en el mundo del consumismo y celebrar la navidad de una manera pagana y superficial: comidas, borracheras, decoraciones, etc., que en definitiva nos dejan un sabor amargo porque estas prácticas están separadas del verdadero espíritu de la navidad.

Hoy Jesús pide posada en nuestros corazones, para traernos su luz que transforma nuestras vidas. Al igual que los pastores dejémonos inundar de la gloria de Dios. Renunciemos a los miedos que produce en nosotros la oscuridad del pecado. Caminemos hacia al pesebre, descubramos la presencia de Jesús y adorémoslo sirviendo a todos los marginados, que sufren tirados al borde del camino, porque “la gracia de Dios que Salva se ha manifestado, enseñándonos a renunciar a la impiedad y los deseos mundanos y a vivir en esta vida con templanza, justicia y piedad, esperando la promesa dichosa y la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo”. (Tito 2:11-13).

¡Que la navidad sea el pan nuestro de cada día! Con María adoremos al Niño y meditemos sobre el misterio de la encarnación. Con los ángeles cantemos: ¡Gloria a Dios en lo más alto del cielo y en la tierra paz a todos: esta es la hora de su gracia! (Lucas 2:14).

-- El Rvdo. Ramón Betances es oriundo de la República Dominicana y está a cargo de dos comunidades hispanas, El Buen Pastor en Austell, y San Benito en Smyrna, Georgia.

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