The Episcopal Church Welcomes You
» Site Map   » Questions    
ens_archiveHdr

EN ESPAÑOL EN FRANÇAIS AUDIO / VIDEO IMAGE GALLERIES BULLETIN INSERTS
« Return
Homilía durante la Eucaristía diaria celebrada durante la 75ª Convención General de la Iglesia Episcopal

por Excmo. Rev. Obispo Frank T. Griswold
6/15/2006
[Episcopal News Service]  La Iglesia hoy nos convoca a celebrar la vida y el ministerio de una mujer inglesa que vivió en el siglo pasado y se llamaba Evelyn Underhill. El libro de Ayunos y Fiestas Menores describe a Underhill como una teóloga y mística. En medio de nuestro ritmo de trabajo agobiador, cuando estamos corriendo el riesgo de sentirnos avasallados por la tremenda cantidad de información que estamos recibiendo, creo que es un toque de gracia divina que hoy podamos recordar a una persona cuya vocación fue llamar a la iglesia a una vida de oración y de íntima comunión con Cristo. Su conmemoración en la comunión de los santos nos hace recordar el verdadero propósito para el cual nos encontramos aquí. Estamos aquí porque somos seguidores de Jesús y nuestro propósito durante estos días consiste en descubrir más profundamente qué quiere decir para cada uno de nosotros ser un seguidor de Cristo en su ministerio de reconciliación, y entonces poder tomar decisiones sobre la vida de la iglesia que surjan de ese caminar con el Señor.

Cuando yo tenía 15 años, un sacerdote que enseñaba en la escuela episcopal donde yo asistía, me prestó un pequeño libro escrito por Evelyn Underhill titulado "The Light of Christ" (La luz de Cristo). Consistía de una serie de meditaciones sobre la oración y lo que significa realmente vivir una vida en unión con Cristo. Su lenguaje era claro y simple y, para usar uno de sus adjetivos favoritos: hogareño. Pero hogareño en el sentido de ser franco, concreto y libre de sensiblerías. Este libro abrió mis ojos para poder comprender que la vida espiritual energiza y sostiene a la vida de testimonio que llevamos en el mundo.

Sus palabras fueron el fruto de su oración y de su forma de conocer a Dios. El poder de la presencia de Dios en su vida le impulsó a explorar la tradición mística de la Iglesia, una tradición que en aquellos tiempos se le atribuía la capacidad de producir desequilibrios emocionales. Sin tener una educación universitaria ni otra forma de capacitación formal que pudiera haberle preparado para la tarea, Evelyn Underhill se dedicó a escribir una historia general del misticismo. El resultado fue un trabajo tan erudito que fue muy bien recibido y logro abrir una senda para recuperar la tradición mística en la Iglesia de Inglaterra y, también, en otros lugares.

Posteriormente se publicaron otros libros y series de reflexiones escritas por Underhill. Una de sus obras breves me llamó mucho la atención, especialmente por su título: "Practical Mysticism" (Misticismo práctico). Que el misticismo pueda ser algo práctico parece ser una contradicción. Sin embargo, ella afirmaba que todos los cristianos han sido llamados a tener un trato íntimo con Cristo. No tanto porque es nuestro deseo, sino porque es algo que Cristo anhela profundamente. Su libro contiene una serie de conceptos populares erróneos tales como, por ejemplo, que el misticismo implicaba "tener visiones arrebatadoras" o "embelesarse en sensiblerías espirituales".

Evelyn Underhill comprendió que el misticismo es algo para todos, pues forma parte esencial de la vida del cristiano que debe enfrentar las realidades de la vida cotidiana. El misticismo principalmente está vinculado con una relación: nuestra unión con Dios y el Cristo que se encarna en nosotros en el poder del Espíritu Santo. Y es por medio de la oración que esta unión se fortalece y profundiza.

En la primera lectura, la Sabiduría se nos presenta como una persona y no solamente una cantidad de conocimientos. La Sabiduría es una persona que imparte lo que posee por medio de una relación personal. Leemos que "de generación en generación [la Sabiduría] entra en almas santas para hacer amigos de Dios". Conocimiento personal en vez de conocimiento académico es la forma en que Dios despierta la conciencia y nos une en lazos de comunión.

Pablo, en 1 Corintios declara que Cristo "es la sabiduría de Dios". Por lo tanto, es por medio de nuestra relación con Cristo que conocemos la sabiduría de Dios. Conocer a "Cristo Sabiduría" hace necesaria la intimidad de una relación personal. "Permaneced en mí y Yo en vosotros", dice Jesús a sus discípulos en el Evangelio de Juan. "Así como el pámpano no puede llevar fruto en si mismo a menos que permanezca en la vid, tampoco ustedes pueden hacerlo si no permanecen en mí".

Jesús dice después: "Ya no os llamaré siervos… pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre os las he dado a conocer." Tal como nos indica la primera lectura que nos habla de la Sabiduría que entra en las almas santas, Jesús nos une, la Vid verdadera y nosotros, los pámpanos. Es del mismo modo que nosotros, mediante la comunión del Espíritu Santo, somos unidos a Cristo, quien se hace nuestra Sabiduría y nos hace amigos de Dios. Todo esto involucra una transformación profunda, una nueva forma de percibir y existir, algo que Pablo describe como "una nueva creación".

En el Evangelio de hoy, Jesús le dice a la mujer samaritana que la verdadera adoración a Dios no se limita al monte sagrado de los samaritanos o a Jerusalén, el lugar sagrado de los judíos. Y le dice: "Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán… en espíritu y en verdad".

Somos un pueblo de símbolos y señales, ritos sagrados, sitios sagrados e instituciones sagradas. Todas estas cosas nos dan un cimiento: la pila donde fui bautizado, el altar donde recibí la comunión por primera vez, la iglesia donde yo fui ordenado. Todo esto tiene un profundo significado. Pero, al mismo tiempo, tengo que recordar constantemente que mi amistad con Cristo y su anhelo de compartir su sabiduría conmigo no me limita a un ritual, un lugar o una tradición, ni aún teniendo en cuenta toda su importancia. Estas cosas sirven para orientarnos más allá de nosotros mismos hacia el único en quien vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser. Nos conducen a profundizar en el misterio de Cristo quien es nuestra vida en toda su plenitud.

Esto me hace recordar algunas palabras de Evelyn Underhill sobre la Eucaristía y todo lo que estamos haciendo en este nuestro tercer día legislativo de la Convención General. Ella escribió que: "Se ha dicho que hay muchas formas y niveles para recibir la Santa Comunión. Realmente todo depende de cuán grande abrimos nuestros corazones… Cuando Cristo se ofrece a sí mismo para ser nuestro alimento, de la misma forma nosotros debemos llegar a encarnar algo de su inmenso amor y espíritu sacrificial. Si no lo hacemos, en realidad, no le hemos recibido. Esta es la pura verdad".

Estimadas hermanas y hermanos: no permitamos que en estas jornadas, a pesar de toda su intensidad, opaquen nuestra íntima relación con Aquél que es la razón por la cual estamos reunidos aquí y es quien certifica el valor de nuestros debates, fundamentos y decisiones. Por el contrario, dejemos que Cristo sea la Sabiduría de esta Convención y que el poder de su amistad nos congregue como amigos dispuestos a servir al mundo en su nombre.