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Entrevista Radial con el Arzobispo de Canterbury

10/24/2003
[Anglican Communion News Service]  John Humphrys (JH), un comentarista de la radio BBC, entrevistó ayer al Arzobispo de Canterbury, Dr. Rowan Williams (RW), sobre los resultados de la Reunión de Primados y sus implicancias. A continuación el texto de la entrevista: 

RW: Sin duda que nos asomamos a una inmensa crisis. Pienso que lo que hemos logrado esta semana, sin embargo, es al menos encontrar alguna manera de conversar en medio de la crisis, evitando saltar inmediátamente a las que parecen ser soluciones rápidas.

JH: Bueno, pero estos son sólo los primeros días, ¿verdad?

RW: Sí, los primeros días.

JH: Entonces, ¿qué pasa a contar de ahora?

RW: Si la ordenación de Gene Robinson se lleva a efecto en los Estados Unidos, tendremos inmediátamente algunas respuestas alrededor del mundo, pero estoy seguro que lo que hemos hecho aquí es darnos doce meses más de tiempo para pensar,  invitando a las provincias a reflexionar acerca de sus reacciones y también tenemos una comisión central en la Iglesia Anglicana, la que va a contemplar todas las posibles implicancias de una división, porque hay problemas constitucionales y legales para todas las iglesias involucradas.

JH: Pero no parece haber ninguna duda de que esto va a seguir su curso, ¿verdad? El Obispo Griswold, la máxima autoridad en la Iglesia en los Estados Unidos, dijo que podría ocurrir la segunda venida, pero que él estaba comprometido a estar presente en New Hampshire el 2 de Noviembre - no muestra ninguna duda al respecto.

RW: Es cierto. Yo pienso que tenemos que asumir que la Iglesia Episcopal va a tomar su propia decisión en este asunto.

JH: Y esa decisión será seguir adelante.

RW: Así parece.

JH: Por lo tanto, aparte del resto de la Comunión Anglicana, ¿cómo va a responder a esto la Iglesia de Inglaterra? ¿Cómo va a responder Ud.?

RW: No puedo hablar por toda la Iglesia de Inglaterra, aunque he tenido la oportunidad, obviamente, de hablar acerca de esto con algunos de mis colegas. Pienso que hay dos cosas que me gustaría decir acerca de esto: la primera es que en la Iglesia de Inglaterra, tal como es ahora por supuesto, el Canónigo Robinson no podría haber sido candidato al obispado y pienso que habría gran dificultad en darle licencia si él
viniera a este país a efectuar funciones de obispo. En segundo lugar, sin embargo, todo el tema de si, digamos, la Iglesia de Inglaterra está en comunión con la Iglesia Episcopal en los Estados Unidos, es mucho más difícil de decidir que una respuesta del  tipo si o no, porque hay una gran variedad de relaciones que componen comunión. Así que podríamos querer decir que existen tensiones y dificultades, que hay problemas en recibir el ministerio de una persona como el Canónigo Robinson y, al mismo tiempo,      podríamos querer mantener otros tipos de relación.

JH: ¿Cuál es su propia posición personal al respecto? ¿Ud. cree que el Canónigo Robinson debería ser obispo?

RW: No, no lo creo, porque creo que, en un tema tan importante como este, la Iglesia tiene que tomar una decisión en forma unida y una de las cosas que ha surgido muy dolorosamente y con mucha dificultad en nuestras conversaciones en los últimos dos días es la gran cantidad – la enorme cantidad – de provincias anglicanas que sienten que, simplemente, se ha tomado una decisión que les compromete o les involucra en alguna manera y, sin embargo, ellos no han podido tomar parte en ella para nada. Y      muchas de estas son personas que provienen de iglesias más bien pequeñas y que están luchando, a las cuales les importa bastante que puedan opinar en una decisión en la que, le guste o no, se les afecta muy directamente.

JH: Por lo tanto, tendremos una división muy seria dentro de la Comunión Anglicana, ¿no? Si usted como líder de la Iglesia dice que, efectivamente, no aceptará a este hombre como obispo, ¿dónde deja eso a la Iglesia?

RW: Eso deja a la Iglesia con un enorme desafío en cuanto a la coordinación de su disciplina y su sistema legal a través del mundo, algo que no habíamos tenido nunca antes. Deja a la Iglesia con una cantidad de relaciones muy desordenadas, digamos, donde podría haber una cantidad de provincias que declarará derechamente que no están en comunión, aunque espero que encontraremos maneras de vivir con eso.
Tendremos otras que querrían continuar en algún grado de relaciones, aunque deterioradas. Por supuesto, lo que complica las cosas por nuestra forma de ser como Iglesia Anglicana, es que no somos un cuerpo único y monolítico, con una sola autoridad para tomar decisiones. Nuestra comunión depende mucho más de relaciones que de reglamentos y son aquellas relaciones las que están tensionadas en este momento y lo van a estar más aún.

JH: Si Gene Robinson no fuera homosexual "practicante" – para usar una expresión más bien peculiar – en otras palabras, si él fuera homosexual pero célibe, ¿Ud. lo aceptaría?

RW: Yo en realidad no quisiera especular respecto de quién podría ser elegido en tales o cuales circunstancias.

JH: No, no le pido especular en esto, lo que digo es, quitemos el nombre del Canónigo Robinson del caso, si usted quiere, pero le pregunto si Ud. está preparado, como Arzobispo de Canterbury, a aceptar como obispos, y para el caso, como clérigos, a homosexuales que son célibes?

RW: La posición de la Iglesia y mi propia posición es que un homosexual célibe es siempre elegible para ser considerado como presbítero o de hecho como obispo, pero el dilema en el caso de un obispo es si tal nombramiento – tal elección – es genuinamente la voluntad de toda la Iglesia.

JH: Entonces, ¿por qué a Jeffrey John no le fue permitido llegar a ser obispo? Y yo sé que Ud. me dirá que no fue que no le fue permitido, sino que él escogió renunciar, pero él renunció porque fue presionado.

RW: La situación de la nominación de Jeffrey John fue muy complicada, no sólo por el nivel de disensión interna en la Iglesia de Inglaterra, sino también por el nivel de consternación, confusión e incomodidad que sintieron iglesias hermanas a lo largo del mundo, y eso ciertamente fue un factor en las discusiones que hubo en ese momento.

JH: Pero ¿no hay allí un grado de hipocresía? Porque, tal como yo lo entiendo, y por  favor corríjame si estoy equivocado, la Iglesia de Inglaterra parece estar diciendo que  está bien que las personas – seres humanos individuales – sean homosexuales, incluso expresar su homosexualidad a través de actos sexuales, pero no está bien para presbíteros en la Iglesia de Inglaterra.

RW: Pienso que la posición que la Iglesia de Inglaterra ha sostenido en el documento sobre Temas de Sexualidad Humana, y por los últimos diez años, es reconocer que el ministerio público impone ciertas limitaciones y que, si Ud. quiere, un ministro, un obispo, un presbítero o quien sea, no es nunca nombrado, ni nunca trabaja en abstracto, sino que trabaja dentro de las expectativas que una congregación tiene,      trabaja dentro de las expectativas que la Iglesia más amplia tiene. Por lo tanto, el tema de qué cosa, en conciencia, puede ser posible para laicos, se ve en una perspectiva distinta para aquellos que tienen la responsabilidad de llevar la voz pública de la Iglesia.

JH: Así entonces, ¿no hay una contradicción entre su propia conciencia privada y su posición como la cabeza de la Iglesia?

RW: Mi convicción ha sido siempre que en esto, como en cualquier otro asunto, si la Iglesia fuera alguna vez a cambiar su punto de vista, tendría que ser porque la Iglesia, como un todo, se apropiara de ello, no porque prevalezca la convicción de alguna persona.

JH: No estoy muy seguro de entender bien esa respuesta. ¿Le dice a Ud. su conciencia que la homosexualidad...? Pongámoslo tan simple como esto: ¿Le dice a Ud. su conciencia que la homosexualidad es pecado?

RW: Yo tengo una opinión teológica al respecto, que está publicada, y allí he propuesto algunas preguntas en cuanto a si la ética tradicional es aceptable en todo sentido. Sin embargo, aquellas eran opiniones simplemente en calidad de individuo, la Iglesia tiene que tomar sus decisiones en esto por sobre ellas, de otra manera los resultados serían todavía más divisivos y más injustos.

JH: Pero, ¿no debería Ud., como cabeza de la Iglesia, establecer una muy, muy clara dirección moral aquí?

RW: Aquí mi tarea es decir cuál es la posición de la Iglesia - la política de la Iglesia - y también, como maestro en la Iglesia, mantener y, yo espero, nutrir el debate y la discusión a medida que esta avanza.

JH: Pero como cristiano, como ser humano moral, ¿no debería Ud. ser muy claro acerca de esto y decir lo que Ud. cree?

RW: ¡Yo he dicho lo que yo creo! En el contexto pastoral, yo intentaré escuchar, lo más que pueda, cuáles son las necesidades de cualquier persona que viene a mí en tales circunstancias, y además, en mi particular manera de ser como cristiano, si Ud. gusta, habiendo sido llamado a este oficio en la Iglesia. En ese rol yo, como he dicho, quiero asegurarme que el mayor número posible de personas se mantenga en la
conversación que contribuya a cualquier cambio que pueda haber, si es que hay un cambio.

JH: Pero Ud. seguramente no puede haber estado contento al haber puesto presión, quiero decir habiendo tenido que poner presión. Ud. aceptó, yo asumo, poner presión en el Canónigo Jeffrey John para que renunciara al obispado de Reading, ¿no?

RW: Trabajar en un contexto donde siempre hay una visión más amplia que debe tomarse en cuenta, por parte de cualquier individuo, es costoso; y pienso que cualquiera que ha estado involucrado en discusiones sobre este tema y sus consecuencias prácticas y personales sabe cuál es el costo de ello.

 JH: Eso suena un poco como la respuesta de un político, si Ud. me perdona que le diga

 RW: Esa es una pregunta de un político, si me permite decirle.

JH: Bueno, ¿fue así? Lo que estoy diciendo en términos muy simples es que Ud.  sostiene ciertas convicciones tal que no cree que la homosexualidad sea pecado. Ud. tiene delante a un hombre que, en opinión de todos, es un buen hombre, un buen cristiano y un buen presbítero. Su propio obispo dice que él cree que debe ser el Obispo de Reading. Ud. lo cree así también en su fuero interno, en su alma, en su
corazón, y sin embargo se puso presión en este hombre para que renunciara.

RW: El nombramiento de un obispo es, como digo, un asunto que afecta a una enorme cantidad de personas, no sólo localmente sino mundialmente y los juicios sobre quién debe tomar ese oficio nunca se deben confundir con un premio por buen comportamiento personal. Se refieren también al cómo el ministerio es recibido y cuáles son los efectos de la decisión y, si puedo volver a lo ocurrido esta semana, lo
que hemos tenido que decir corporativamente y con gran dificultad es, si se toma esta decisión estas son las consecuencias. Ahora, esto no es fácil, no es para nada fácil, pero si ese es el caso, eso tiene que ser parte del proceso de toma de decisión.

JH: Pero lo que es fácil, seguramente, es aceptar que la Iglesia, por sobre todo, y el Arzobispo que encabeza tal Iglesia, debería establecer una clara dirección moral.

RW: La declaración que surgió de la Reunión de Primados esta semana, que yo suscribí, lo mismo que todos los demás, deja en claro que como Iglesia nuestra posición es la misma que tomamos en la Conferencia de Lambeth en 1998. También indica que parte de esa resolución recomienda el informe del grupo de estudio de esa conferencia y valora especialmente su énfasis en la necesidad de escuchar las
experiencias de personas homosexuales como seres hechos a la imagen de Dios y el reconocimiento de la necesidad de seguir estudiando el tema. Ahora, eso equivale a decir que hay muchas personas en la Iglesia que no consideran este como un asunto cerrado y que ellos tienen un lugar en la iglesia que se toma absolutamente en serio.

JH: ¿Qué es más importante en última instancia: la unidad de la Iglesia o la moralidad individual?

RW: Lo que es más importante en última instancia es, por supuesto, aquello para lo cual existe la unidad de la iglesia: esto es su misión y su proclamación ante el mundo. La moralidad individual es enfáticamente parte de eso y, aún así, en dar testimonio a todo el mundo lo que tenemos que hacer es tratar de considerar qué podemos hacer y decir juntos, sin que nadie se sienta totalmente aplastado o excluido por ese proceso.
Lo paradojal en esto es que aquí, por cierto, hay dos grupos que sienten como si hubieran sido excluidos por el proceso, por lo que ha ido ocurriendo aquí. Un grupo, por supuesto, es la comunidad homosexual aquí y en todas partes. El otro grupo son aquellos que provienen, como ya dije, de iglesias pequeñas y combatientes, muchas de ellas del mundo en desarrollo, que se sienten excluidos, desvalidos e ignorados en algunas de las discusiones que han habido. Por lo tanto, no tenemos una situación moralmente en blanco y negro de cómo la Iglesia responde.