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Una Palabra para la Iglesia: Mensaje del Obispo Presidente Frank T. Griswold

ACNS 3641
10/24/2003
[Anglican Communion News Service]  [Fuente: Episcopal News Service] He llegado hace algunas horas de la Reunión de Primados en Londres. Fue un encuentro difícil pero muy veraz, en el cual nuestro entendimiento de los contextos y las cargas sobre los hombros de unos y otros nos quedaron absolutamente claras. Tengo ahora un mayor respeto y afecto por estos hermanos míos y por el ministerio que desarrollan, con frecuencia en circunstancias muy difíciles y aparentemente sin esperanza.

Nuestra decisión en la Convención General de dar consentimiento a la ordenación y consagración del obispo coadjutor electo en New Hampshire tuvo, para nuestras hermanas y hermanos anglicanos, efectos que nos fueron descritos en términos muy duros. Muchos hablaron de la ridiculización que han debido enfrentar dentro de sus provincias y la amenaza que esto significa para su posibilidad de proclamar el Evangelio, en particular en lugares donde dominan otras religiones.

La declaración emitida en nuestra reunión refleja horas de intensa conversación y confrontación, siempre en un espíritu de mutuo respeto. Es demasiado pronto para extraer todas las implicancias contenidas en la declaración o para ver exactamente cómo sus recomendaciones pudieran ser articuladas. Tendré más que decir a este respecto en el futuro.

Uno de los párrafos de esta declaración dice así: "Aunque reafirmamos la doctrina de las sucesivas Conferencias de Lambeth en cuanto a que los obispos deben respetar la autonomía e integridad territorial de las diócesis y provincias que no les son propias, llamamos a las provincias involucradas a tomar las provisiones adecuadas para que las minorías disidentes dentro de su área de cuidado pastoral reciban supervisión episcopal en consulta con el Arzobispo de Canterbury en nombre de los Primados."

El próximo lunes me reuniré con el Comité de Desarrollo Pastoral de la Cámara de Obispos para empezar a considerar la mejor manera de responder a esta preocupación, basándonos en la disposición que nuestros obispos ya han expresado en cuanto a hacer provisiones para un ministerio episcopal extendido en circunstancias especiales.

He regresado con un sentido de gratitud por todos los miembros de nuestra iglesia, independiente de sus diversos puntos de vista. Estoy incluso agradecido por las confrontaciones en las que nos hemos enfrascado en forma tan abierta y honesta. Mi oración es que esto pueda ser un don. Creo que lo que ha ocurrido en la Iglesia Episcopal es la obra del Espíritu. Y aunque sea un momento difícil, si es en efecto una obra del Espíritu, va a contener una forma, todavía por revelarse, en la cual nuestra comunión en ese mismo Espíritu se hará más fuerte y profunda. Esta es mi esperanza y mi oración.

Este breve mensaje a la iglesia va con mi amor y mis bendiciones.

Revmo. Frank T. Griswold
Obispo Presidente y Primado