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De entre las aguas profundas: Predicadores y parroquianos tratan de encontrar un significado a la devastación producida por Katrina.

por Mary Frances Schjonberg, traducido por Thomas Mansella.
ENS 091305-2
9/13/2005
[Episcopal News Service] 

Martes, 13 de septiembre de 2005

En medio de las horripilantes experiencias e imágenes causadas por el huracán Katrina, los predicadores episcopales se encontraban en la necesidad de ayudar a que sus parroquianos pudieran encontrar un sentido a la tormenta y sus secuelas y, al mismo tiempo, lidiar con sus propias reacciones frente a la tragedia. Resonando entre sus palabras se encontraba el mensaje de que Dios no causó el huracán y que no entregó su creación a la tormenta y que ahora, después de la tormenta, los cristianos han sido llamados a una tarea de transformación.

Nuevos principios

El 31 de agosto, durante un culto interreligioso con los evacuados cristianos, judíos y musulmanes que se habían refugiado en la Iglesia San Albano, en Monroe, Luisiana el Rev. Terry Pannell dijo a los asistentes: "Ustedes pueden estar seguros de dos cosas". La primera es que Dios está donde más se le necesita. En esta noche, Dios está con ustedes. Y la segunda es que Dios no se ha olvidado. Las aguas bajarán.".

"Puede haber un nuevo comienzo porque Dios tiene memoria, se acuerda. Noé y todas las personas que han sido desplazadas durante toda la historia han experimentado que la fortaleza interior que es necesaria para superar las tragedias se encuentra en la relación que tenemos con Dios".

La Rev. Patricia Templeton, rectora de la Iglesia Episcopal San Dunstán, en Atlanta, dijo el 3 de septiembre que la cuestión de saber dónde estaba Dios y por qué Dios permite que ocurran tantos sufrimientos son preguntas "para las cuales no hay una respuesta completamente satisfactoria".

Sin embargo, ella dijo a su congregación que hay algunas respuesta que ella sabía que estaban equivocadas. Katrina no fue el castigo por algún pecado o parte de "un propósito mayor… que nosotros no podemos comprender".

"Sugerir que Dios podría haber causado intencionalmente esta tragedia por cualquier razón es repugnante y nada menos que una blasfemia", dijo. "En realidad, Dios participa en los sufrimientos de este mundo… pero no causándolos, sino siendo profundamente afectado por ellos".

El 4 de septiembre, la congregación que asistía a la Iglesia Episcopal San Marcos, en Ciprés, Texas oyó al Rev. Jeff W. Fisher citar al teólogo francés Paul Claudel: "Jesús dijo que no vino ni a explicar el sufrimiento ni a eliminarlo. Él vino a cubrirlo con su presencia." Fisher dijo que los cristianos "tienen la triste oportunidad de cubrir esta tragedia con la presencia del amor de Jesús".

Acción transformadora

La Rev. Ellen Ekstrom, diácono de la Iglesia San Marcos, en Berkeley, California, dijo a su congregación que "Dios está con quienes han tenido que subirse a los techos para escaparse de la inundación, Dios estaba con los socorristas, Dios está con los agonizantes y los evacuados que están llegando a Texas" y con todos los afligidos por sus pérdidas.

Templeton dijo a su congregación de Atlanta que la presencia de Dios produce transformación. Y agregó: "debo creer que aunque Dios no parezca ser tan poderoso como para prevenir a los huracanes e inundaciones, Dios tiene la clase de poder que puede traer gracia y redención aún en medio de estos horrores y para darnos las fuerzas necesarios para reconstruir y renovar todas las cosas".

Una de las primeras en predicar sobre Katrina fue la Rev. Wilifred Allen-Faiella, rectora de la Iglesia San Esteban, Coconut Grove, en la Diócesis del Sudeste de Florida. El jueves 25 de agosto Katrina tocó tierra por primera vez como un huracán de Categoría 1, en las cercanías de Coconut Grove. El domingo siguiente, ella preparó su sermón sobre la invitación de Jesús que se encontraba en la lectura del Evangelio: "Toma tu cruz y sígueme".

"Jesús no nos dice 've y busca una cruz para cargar'. "La existencia de cruces en cada una de nuestras vidas es algo natural", añadió. Sin embargo, ella cree que nuestro primer impulso tiende a negar la existencia de penurias, dolores, amarguras, sufrimientos, enfermedades y muerte.

"Tratar de esconder estos factores, negarlos o escaparnos de ellos nos priva de una experiencia de resurrección, esta transformación que siempre ocurre cuando cargamos nuestras cruces", dijo Allen-Faiella.

El domingo siguiente, ella le dijo a su congregación que Katrina había sido "apocalíptica", en el sentido propio de la raíz griega del término que quiere decir descubrir, dar a conocer o revelar. "Un apocalipsis de esta magnitud descubre y rompe todos los moldes. Nos dice: Así somos nosotros. Pero también nos pregunta: ¿qué queremos llegar a ser?"

Allen-Faiella trató de responder a esta pregunta de la siguiente forma: "Nosotros, los cristianos, y digo, todos los cristianos, ya sea de derecha, de izquierda y todos los centristas, todos los cristianos debemos recuperar nuestro foco y encontrar nuevamente nuestro mensaje. Hemos estado tan ocupados peleando entre nosotros, con nuestra denominación y con otros; hemos estado muy ocupados tratando de apoderarnos del poder político ocultándonos bajo los lemas "family values" o "pro-life"; hemos estado muy ocupados tratando de ser políticamente correctos; hemos estado muy ocupados jugando con las cifras (¡Miren aquella iglesia de Texas que tiene 25.000 miembros!) de tal modo que hemos perdido de vista quiénes somos nosotros, a quién pertenecemos y para qué hemos sido puestos en este mundo".

El Rev. Canónigo Patrick P. Augustine, rector de la Iglesia de Cristo en La Crosse, Wisconsin, hizo notar los acontecimientos históricos de los últimos cuatro años: los ataques del 9/11, las guerras en Irak y Afganistán, el tsunami y el huracán Katrina. El domingo 11 de septiembre, él dijo a su congregación que la responsabilidad cristiana en el mundo de hoy es "contemplar al mundo a través de los lentes del Evangelio de fe, esperanza y amor. El odio no debe triunfar, dividir o destruir nuestras comunidades de fe".

"Llamados a ser profetas"

En el Evangelio para el 11 de septiembre, Jesús le dice a Pedro que no sólo debe perdonar siete veces, sino setenta veces siete. "Se hace difícil predicar un sermón sobre el perdón cuando uno tiene tantas razones para estar enojado", dijo la Rev. Susan Russell a su congregación en Todos los Santos, Pasadena.

Sin embargo, esto es lo que tenemos que hacer, dijo. Esto y "ve y libera a alguien -- estas son nuestras órdenes como cristianos -- este es la obra que se nos ha encomendado. Como Cuerpo de Cristo -- como las manos y pies de Cristo en este mundo -- tenemos el poder y la responsabilidad de bendecir tal como hemos sido bendecidos".

En la Iglesia San Marcos, Fisher dijo a su congregación: "Yo no quiero que ustedes salgan de aquí pensando que la vida cristiana es una especie de agencia 'United Way' celestial". Los cristianos no sólo han sido llamados a colmar al mundo con la presencia del amor de Jesús. Los cristianos hemos sido llamados a vivir en la avanzada, sin temor a la oposición y firmes en nuestra proclamación en contra de la injusticia. Los cristianos hemos sido llamados a ser más que personal de socorro: hemos sido llamados a ser profetas".

El Rev. Donald Fishburne de la Iglesia de San Miguel y Todos los Ángeles, Sanibel Island, el 4 de septiembre dijo a su congregación que él siempre había comprendido el dicho de Jesús "a los pobres siempre los tendréis con vosotros" como una oportunidad de servir al prójimo, pero que en la anterior semana él había reconocido a su prójimos como a sus hermanos y hermanas.

"Estoy comenzando a comprender y sentir íntimamente que cuando las aguas de la muerte se acercan a nosotros, todos estamos en las mismas circunstancias", dijo. "Pobre y ricos, blancos y negros, hombres y mujeres, todos somos semejantes, todos somos lo mismo y todos necesitamos recibir de la gracia de Dios".

-- La Rev. Mary Frances Schjonber es corresponsal nacional del Episcopal News Service.