Jueves 1 de diciembre de 2005
Encarnación:
pasmosa porfía divina que sangre y hueso se antoja
hacerla vocero de Dios.
Sin encantos,
o vacíos idealismos,
ni bruñidos apotegmas,
sin tradición alguna que única verdad pudiera menguar:
Como uno de nosotros,
con nosotros la Palabra vino a morar,
y, sí, aun, en ti y en mi.
infante, recién parido,
simplemente, Jesús.
Canal que de Ofrenda eterna con cuerpo y sangre queramos ser
para este mundo todo
en palabras y hechos, de amor y verdad,
piedad e indignación,
restauración y perdón.
acojamos, sin alarma, la eterna Palabra en nos.
Muy Reverendísimo Obispo Frank T. Griswold
Obispo Presidente y Primado
Iglesia Episcopal de los Estados Unidos de América