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Griswold urge un sistema inmigratorio "justo y humanitario"

3/29/2006
[Episcopal News Service]  El Obispo Presidente, Frank Griswold difundió un comunicado apoyando las iniciativas del Senado sobre la reforma inmigratoria, pues este proyecto de ley crea más oportunidades para que los trabajadores inmigrantes puedan ingresar a los Estados Unidos legalmente y para que los que ya se encuentran aquí puedan ajustar su situación legal en vez de ser detenidos o deportados.

Al reclamar por legislación “justa y humanitaria", Griswold destacó que “como cristianos, estamos llamados a recordar el mandato evangélico a ser hospitalarios con el forastero. Como miembros de la Iglesia Episcopal aceptamos un pacto bautismal que nos impulsa a buscar y servir a Cristo en todas las personas. Es principalmente por estas razones que pedimos que el Senado rechace aquellas medidas que actualmente están siendo consideradas y que, fundamentalmente, son poco prácticas y punitivas.

Además, su declaración hacer notar que "basar la política nacional en el miedo de los forasteros y en el rechazo de los recién llegados cuyos dones necesitamos está en conflicto con las enseñanzas del Evangelio."

El Comité Judicial del Senado, presidido por el Senador Arlen Specter (R-PA) de Pensilvania quiere completar esta semana los debates sobre la ley de Reforma Inmigratoria Integral de 2006. Activistas religiosos de más de 35 estados convergieron en el Capitolio el lunes 27 de marzo para expresar su decidido apoyo por una ley que permita que los trabajadores puedan entrar a los Estados Unidos legalmente y ofrece una oportunidad para quienes ya se encuentran aquí sin documentación finalmente puedan regularizar su situación.

La Acción Nacional por Derechos del Inmigrante, una coalición de grupos de toda la nación, ha pedido a los líderes de la iglesia que expresen su fuerte rechazo a la versión de la Cámara de Representantes sobre reforma inmigratoria. Esta versión principalmente está centrada en medidas de acatamiento obligatorio, incluyendo la criminalización de las 11 millones de personas que se podrían encontrar en los Estados Unidos sin estado inmigratorio y afirmar el compromiso de los Estados Unidos a buscar "soluciones justa y humanitarias" para el presente sistema inmigratorio arbitrario.

Muchos aspectos de la medida aprobada por los Representantes y promovida por el Representante James Sensenbrenner (R-W) de Wisconsin, un miembro de la Iglesia Episcopal, fueron incorporados en el proyecto de ley preparado por el Senador Specter. Se están proponiendo algunas enmiendas que eliminarían algunos de los aspectos más punitivos del proyecto de ley del senador Specter. Las organizaciones de fe se encuentra activamente presionando por medidas que permitirán que los trabajadores extranjeros puedan conseguir trabajo en los Estados Unidos y que, con el pasar del tiempo, permita que los trabajadores que están aquí sin documentos válidos, puedan regularizar su situación.

Otra preocupación importante de los líderes religiosos ha sido los intentos en el Capitolio para hacer que la ayuda que se presta a los inmigrantes indocumentados contravenga las leyes. Durante la reunión administrativa del lunes del Comité sobre el corriente proyecto de ley, el Senador Durbin de Illinois propuso una enmienda que, si se aprueba, excluiría a los trabajadores religiosos y las organizaciones de ser consideradas como traficantes de personas si ofrecer ayuda a los individuos en las fronteras. La enmienda permitiría que las organizaciones y trabajadores religiosos “ofrezcan ayuda humanitaria, incluyendo cuidado de la salud, consejería sobre vivienda, servicios para las víctimas y alimentos, o transporten a un forastero a un lugar donde se preste tal ayuda."

A continuación se encuentra el texto completo de la declaración del Obispo Presidente:

Comunicado del Obispo Presidente

El Congreso está considerando leyes que respondan a los miles de personas que tratan de ingresar a los Estados Unidos para mejorar sus vidas y las vidas de sus familiares, así como los millones de trabajadores que permanecen en nuestro país en situación irregular. Como cristianos, estamos llamados a recordar el mandato evangélico a ser hospitalarios con el forastero.  Como miembros de la Iglesia Episcopal aceptamos un pacto bautismal que nos impulsa a buscar y servir a Cristo en todas las personas. Es principalmente por estas razones que pedimos que el Senado busque crear un sistema inmigratorio justo y humanitario, y que rechace aquellas medidas que actualmente están siendo consideradas y que, fundamentalmente, son poco prácticas y punitivas.

La Iglesia Episcopal ha adoptado los siguientes principios que esperamos puedan ser de guía para la labor legislativa del senado:

- permitir la entrada sistematizada de trabajadores legales a los Estados Unidos para responder a las necesidades de mano de obra ampliamente reconocidas;
- asegurar que los miembros más cercanos de la familia tengan permiso de entrar o reunirse con familiares que llegan a los Estados Unidos para aceptar trabajo;
- permitir que los trabajadores temporales indocumentados que vivan en los Estados Unidos cuando la ley entre en vigencia puedan tratar de conseguir residencia legal y, finalmente, ciudadanía, si es que tienen trabajo o están respondiendo a una oferta de trabajo;
- asegurar que los inmigrantes que trabajan legalmente en los Estados Unidos tengan los mismos derechos y beneficios otorgados a los demás trabajadores, incluyendo la libertad de buscar otro trabajo.

Yo creo que una ley que ignora la pobreza que impulsa a estas personas a tomar riesgos tan inmensos para cruzar la frontera e ignora los sectores de nuestra economía que necesitan trabajadores es tanto impráctica como inmoral. Aunque hay quienes quieren invertir en murallas más altas y barreras más complejas o castigar a quienes su único crimen consiste en tratar de escapar de la miseria, nosotros apoyamos un enfoque más humano y realista. Apoyamos un sistema que permita la entrada sistematizada y legal a los Estados Unidos a un número de trabajadores significativamente mayor, extendiéndoles la oportunidad de llegar a ser miembros permanentes de las comunidades, si así lo desean.

Mientras que el Congreso debate el destino de 11 millones de personas indocumentadas que actualmente viven en los Estados Unidos, es importante reconocer sus contribuciones e inversiones en nuestras comunidades y ofrecerles así un camino para salir de las sombras e integrarse plenamente y legalmente a nuestra sociedad. Criminalizar a quienes contribuyen honestamente con su labor es una respuesta errónea.

También rechazamos los intentos de hacer ilegales aquellos actos de generosidad que ofrecemos al forastero, sin tener en cuenta su estado inmigratorio y animaremos a los episcopales a resistir cualquier clase de avasallamiento a la fe que profesamos y practicamos.

Basar la política nacional en el miedo de los forasteros y en el rechazo de los recién llegados y cuyas habilidades necesitamos, está en conflicto con las enseñanzas del Evangelio. Creo que el miedo que ha motivado las recientes tentativas legislativas que afectan a los inmigrantes podría llegar a hacernos creer equivocadamente que las fortalezas y las prisiones nos harán más seguros y que los principios de justicia y compasión pueden ser descartados. Hacer que el hacer cumplir estrictamente las leyes sea el elemento central de nuestra política inmigratoria no sólo omite honrar nuestra tradición histórica de ofrecer refugio al oprimido pero también niega el llamado de Cristo a dar la bienvenida al forastero, tal como si le estuviéramos recibiendo a Él como nuestro invitado. Urjo al Senado a que adopte legislación que respetando nuestras legítimas necesidades de seguridad nos afirme como una nación que tiene una política inmigratoria justa y generosa.

Excmo. Rev. Obispo Frank T. Griswold
Obispo Presidente y Primado
Iglesia Episcopal en los Estados Unidos de América

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