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Para que todos sean uno
Carta pastoral conjunta y reflexiones sobre la pobreza mundial y las Metas de Desarrollo del Milenio

9/22/2006
[Episcopal News Service] 

"Pero no ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste." (Juan 17: 20-21)

Hermanos y hermanas:

Cinco años atrás la Iglesia Episcopal y la Iglesia Evangélica Luterana en América (ELCA) forjaron una relación de plena comunión. Tal como el título del acuerdo lo expone, Llamados a una Misión Común, la unidad a manifestarse entre nuestras dos iglesia es por el bien de la misión de Dios en este mundo. Para que nuestro mundo y la familia humana se desarrollen plenamente es necesario poner urgente atención sobre la lucha contra la extrema pobreza y crear un mundo en paz y seguro para todos los pueblos de Dios. Las Metas de Desarrollo del Milenio ofrecen a la iglesia una oportunidad clara para hacerlo.

La extrema pobreza esclaviza a más de 1,000 millones de niños de Dios, privándoles de la abundancia que Dios quiere para todos. Las MDG son una serie de 8 objetivos para erradicar la pobreza extrema que fueron aprobados por los 191 países miembros de las Naciones Unidas, incluyendo a los Estados Unidos, creyendo que si todos están dispuestos a unirse, es posible construir un mundo mejor. Los Objetivos reflejan la realidad de que los recursos, estrategias y el conocimiento necesario para erradicar la extrema pobreza ya existen, faltando plasmar la voluntad política y moral. Los cristianos deben asumir responsabilidades primordiales para fortalecer esta voluntad y hacer responsables a los gobiernos por las promesas que han hecho.

Un mundo que logre alcanzar estas metas es un mundo donde habrá 500 millones menos de personas, entre las cuales el 70% son mujeres, que sobreviven con menos de 1 dólar por día. Más de 400 millones de personas dejarán de irse a dormir teniendo hambre. Se salvarán las vidas de 30 millones de niños que están destinados a morir antes de cumplir cinco años. Se detendría el aumento del VIH/SIDA, el paludismo y la tuberculosis y las tasas de infección y mortalidad comenzarían a reducirse. La cantidad mundial de huérfanos, actualmente estimada en más de 110 millones, también comenzaría a reducirse. En pocas palabras, un mundo que haya logrado las MDG será un mundo que reflejará mejor las plegarias de Cristo: que todos sean uno tal como mi Padre y yo somos uno.

Esta carta pastoral conjunta se les envía en estos momentos en que la Iglesia Evangélica Luterana y la Iglesia Episcopal se unen en el compromiso común con las MDG, particularmente mediante la participación en "ONE: The Campaign to Make Poverty History" (UNO: Campaña para erradicar la pobreza) que es un movimiento de unos 2,3 millones de estadounidenses ocupados en la erradicación de la pobreza que existe en el mundo. Esperamos que al reflexionar juntos sobre los desafíos que nos presenta la pobreza mundial, nuestras comunidades serán llamadas a conversar, colaborar y abogar más intensamente sobre este tema tan urgente.

Les invitamos a considerar las cuatro reflexiones sobre la pobreza mundial que acompañan esta carta. Cada una de ellas examina desde una perspectiva diferente la contribución de la Iglesia para lograr estas metas. No se necesita leerlas una detrás de otra; en realidad, si se toma el tiempo necesario entre cada lectura, podrían ayudarnos a discernir mejor el llamado de Dios en estos momentos que nos toca vivir en este mundo.

Como iglesias que se encuentran a los pies de la Cruz y reconociendo que en el Reino de Dios la muerte y las penas siempre dan lugar a la resurrección y a la vida, rogamos que el Espíritu nos equipe por medio del eterno amor del Cristo Resucitado para cumplir la misión de Dios: renovar todas las cosas.

En la paz de Cristo,

Excmo. Rev. Obispo Frank T. Griswold 
Obispo Presidente
La Iglesia Episcopal

The Rev. Mark S. Hanson
Obispo Presidente y Primado 
Iglesia Evangélica Luterana en América


I. Fundamento teológico de los Objetivos de Desarrollo del Milenio

Al centro de la fe cristiana se encuentra la creencia de que en Jesucristo "Porque a Dios le agradó habitar en él con toda su plenitud y, por medio de él, reconciliar consigo todas las cosas, tanto las que están en la tierra como las que están en el cielo, haciendo la paz mediante la sangre que derramó en la cruz" (Col 1:20).

La Iglesia llama a este acto de reconciliación expiación, porque por medio de la Cruz y la Resurrección, Cristo nos atrae a una perfecta e íntima unidad con Dios y con nuestro prójimo. En la noche en que fue traicionado, Cristo rogó que todos seamos uno "como tú Padre, estás en mí y yo en ti". Por medio de la Cruz y la Resurrección esta unidad está lograda perfectamente. En las palabras de un antiguo sermón de Pascua, el Cristo Resucitado nos dice a cada uno de nosotros: "Ustedes están en mí y yo en ustedes; juntos formamos una sola persona que no puede ser separada".

Sin embargo, la naturaleza pecadora y fragmentada de la humanidad opaca la reconciliación y unidad que Dios logró en Cristo. La pobreza, las enfermedades, el hambre, la injusticia y las necesidades humanas que no han sido satisfechas son síntomas del deterioro que oculta la gloriosa restauración que se hizo presente en el mundo por medio de Cristo.

Por eso Pablo nos dice que Dios "nos ha confiado el ministerio de la reconciliación" (2 Cor 5:18) para que nosotros participemos en la obra de Cristo haciendo que nuestras vidas y que el mundo puedan revelar la paz y reconciliación lograda por medio de la muerte y resurrección de Cristo. El ministerio de la reconciliación es el medio por el cual Dios nos atrae al amor y la unidad que incesantemente está presente entre el Padre y el Hijo en la comunión del Espíritu Santo. La unidad de todos los pueblos con Dios y los unos con los otros es la esencia del deseo divino para la creación y el ministerio de reconciliación es el principal llamado de la Iglesia en este mundo.

¿Qué implica el ministerio de la reconciliación en un mundo donde más del 20% del pueblo de Dios se van a dormir con hambre y donde las mujeres y las niñas forman más del 70% de quienes viven en la pobreza? ¿Cómo puede responder una iglesia empeñada en la reconciliación a la muerte diaria de un mínimo de 15.000 personas como resultado del SIDA, el paludismo o la tuberculosis? ¿Es posible quedarse en silencia cuando cada 14 segundos un niño queda huérfano por causa del SIDA?

¿Qué podemos hacer para lograr un mundo unido y en unidad con Dios? Estas metas, las MDG, representan el consenso mundial para erradicar la extrema pobreza se pueden lograr mediante una asociación entre diferentes países que conforman una humanidad interconectada y nos presentan un plan concreto para hacerlo.

Los cristianos tienen un papel esencial en este movimiento para lograr alcanzar las MDG y la campaña ONE (sobre la cual ustedes podrán informarse más en las secciones II-IV) nos ofrecen un camino para canalizar nuestras energías para lograr un mundo reconciliado. Trabajar unidos y presentar un mensaje único ante nuestras autoridades civiles es la tarea fundamental para poder lograr las Metas. Hay otras cosas que hacer que también son importantes, por ejemplo, haciendo que nuestras comunidades reflejen la justicia y la misericordia del Espíritu de Dios que se encarnan en estas Metas, reuniendo amigos para el testimonio de nuestras iglesias y, especialmente, orando que el Reino de Dios pueda hacerse cada vez más manifiesto en este mundo.

Cada una de estas tareas encarna un espíritu de acompañamiento o solidaridad con todos los seres humanos creados a la imagen de Dios. Las MDG nos ofrecen una oportunidad para hacerlo y, por lo tanto, deben estar al centro de la vida y misión común en el mundo que tienen nuestras iglesias. A medida que trabajamos juntos para lograr esta realidad, seamos siempre "embajadores de Cristo, como si Dios mismo rogara por medio de nosotros" (2 Cor 5:20).


II. Viviendo una misión común: luteranos, episcopales y las MDG

Nuestras dos iglesias han respondido individualmente y conjuntamente al llamado que Dios nos ha hecho a adoptar los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Como una parte del compromiso que la Iglesia Evangélica Luterana y la Iglesia Episcopal han asumido para concientizar a todo el público sobre las MDG, nuestras iglesias han colaborado establecer una asociación con la organización "ONE: The Campaign to Make Poverty History" (UNO: Campaña para erradicar la extrema pobreza).

Este creciente movimiento dentro de los Estados Unidos actualmente incorpora a unos 2,3 millones de estadounidenses y más de 70 organizaciones humanitarias y de abogacía, cree que trabajando UNO a UNO, y hablando con UNA sola voz, será posible lograr las Metas del Desarrollo del Milenio y construir una sociedad más pacífica y segura. Para hacerlo, los miembros de la campaña abogan para que el gobierno de los Estados Unidos incluya un UNO por ciento adicional al presupuesto anual para luchar contra la pobreza en el mundo. Esta campaña nunca solicita dinero a los individuos. Solamente les pide que hablen.

Para lograr la máxima eficacia de la participación de nuestras dos iglesias en la campaña "ONE", nuestras iglesias han establecido una asociación estratégica denominada "ONE Lutheran" (UN luterano) y "ONE Episcopalian" (UN episcopal). Cada una de estas asociaciones tiene formas específicas de organizar las congregaciones e individuos para lograr las Metas y también para exhortar a los líderes sinódicos y diocesanos. Si desea conocer más sobre estas campañas (en inglés) por favor visite los sitios Web www.elca.org/advocacy/ONE ó www.episcopalchurch.org/ONE.

Además, nuestras iglesias están colaborando en otras áreas. Cada iglesia tiene funcionarios encargados en su mayor parte de trabajar con las MDG y diariamente cooperan con el fin de obtener resultados legislativos y gubernamentales que apoyan el logro de estas metas. Los luteranos y episcopales de todas partes de la nación están uniéndose en estos esfuerzos por medio de grupos de base en cada iglesia dedicados a abogar por esta causa. Por medio de la "ONE Lutheran" y "ONE Episcopalian" es posible sumarse a estos esfuerzos. Trabajando juntos hemos producido una guía de estudio ecuménica sobre las MDG que puede ser usada en las clases de educación de adultos. Esta guía, titulada "God’s Mission in the World" (La misión de Dios en este mundo) estará disponible a principios de octubre en ambas iglesias.

Otros esfuerzos colaborativos sobre las MDG cubren una variedad de ministerios en las Iglesias Luterana y Episcopal. Ambas iglesia están representadas ante las Naciones Unidas y trabajan conjuntamente sobre iniciativas relacionadas con las MDG como, por ejemplo, la evaluación quinquenal de la Cumbre del Milenio en las Naciones Unidas y en las delegaciones de mujeres anglicanas y luteranas que asisten anualmente a la Comisión de las Naciones Unidas sobre la situación de la mujer. Del mismo modo, los funcionarios de la Iglesia Luterana en su oficina programática de Misión Mundial y sus colegas de la Oficina de Relaciones Internacionales y Anglicanas de la Iglesia Episcopal también trabajan juntos para integrar las MDG en la tarea misionera mundial de sus iglesias. La reciente reunión "Global Mission Event" (Evento sobre Misión Mundial) en Amherst, Massachussets, auspiciado conjuntamente por primera vez por la Iglesia Luterana y la Iglesia Episcopal fue uno de los resultados de esta cooperación. La cooperación a niveles diocesanos y sinódicos sobre las MDG es conjunta y también continúa en aumento.

Finalmente, las organizaciones "Lutheran World Relief" (LWR) y "Episcopal Relief and Development" (ERD) han integrado en sus respectivas estrategias de desarrollo las MDG y muchas veces han trabajado ecuménicamente en áreas tales como la salud, seguridad alimenticia y educación. Al participar en esta tarea, ERD y LWR no sólo hacen progresar el llamado a que nuestras iglesias sean activas participantes en tareas de desarrollo social, pero también les ofrece a los luteranos y episcopales una plataforma para hacer responsables a las autoridades civiles sobre su liderato en estas áreas.

En la Sección IV usted podrá leer más sobre la forma en que las comunidades locales pueden colaborar apoyando estas actividades y el testimonio sobre las MDG.

III. En unidad: un llamado conjunto al gobierno de los Estados Unidos

Las MDG surgieron de la Declaración del Milenio y establecen que para el año 2015 se tienen que alcanzar todas las metas. A medida que el mundo se acerca a la mitad de este periodo, se nota que se ha hecho cierto progreso, pero para lograr las metas será necesario contar con nuevos y mayores aportes financieros de las naciones más ricas.

La cooperación entre naciones ricas y pobres, apoyada por los fondos aportados por naciones tales como los Estados Unidos ya ha logrado obtener buenos resultados. La cancelación de la deuda externa ha permitido que ciertas naciones, por ejemplo, Mozambique, Tanzania y Camerún hagan importantes avances en áreas de la salud y la educación. En Kenia, la eliminación de cuotas escolares ha permitido que aumentos muy notables en la tasa de escolaridad primaria. En Uganda, las estrategias integrales de prevención del VIH han reducido la tasa de infección y son un modelo para todo el mundo.

El liderazgo de los Estados Unidos ha hecho esto posible, tanto en la movilización de recursos nacionales como en lograr influir sobre otros gobiernos para que hagan lo mismo. Por tanto, urgimos a todos los episcopales y luteranos en los Estados Unidos a que presenten un testimonio común a sus autoridades gubernamentales en pro de estos tres llamados:

  • *Dedicar UNO por ciento adicional en el presupuesto de los Estados Unidos para la lucha contra la pobreza en los países en vías de desarrollo. Tal como ha sido demostrado por las enormes donaciones hechas en respuesta a grandes catástrofes, tales como el tsunami asiático y los huracanes en la costa del Golfo, el pueblo estadounidense es un pueblo generoso. La mayoría de los estadounidenses se sorprenderían en saber que actualmente el gobierno nacional solamente destina a la lucha contra la pobreza en el mundo una fracción del uno por ciento del presupuesto nacional una cantidad que representa un monto inferior al aporte de casi todas las naciones industrializadas. Un aumento hasta el UNO por ciento en el presupuesto de los Estados Unidos podría proveer fondos iniciales para lograr cambios profundos y positivos en el mundo en vías de desarrollo en áreas tales como la lucha contra el VIH/SIDA y el paludismo, promoviendo la responsabilidad y transparencia en los gobiernos nacionales, aumentando la tasa de escolaridad y permitiendo que los pequeños empresarios, especialmente las mujeres, puedan ayudarse a sí mismos.
  • Cancelar la deuda externa de las naciones que están tratando de alcanzar las MDG. Durante casi una década los episcopales y los luteranos han estado al centro del movimiento del Jubileo que busca cancelar la deuda externa de las naciones más pobres. Esta campaña ha resultado en históricos acuerdos de reducción de la deuda externa en los años 2000 y 2005. La carga de la deuda en las naciones más pobres, que a veces es una deuda muy antigua y asumida por gobiernos corruptos que ya han desaparecido, imposibilita su avance en la lucha contra la erradicación de la pobreza. Los acuerdos de cancelación de la deuda hechos durante la última década, aunque limitados, han logrado muchos éxitos. Sin embargo, por lo menos otros 60 países todavía necesitan completar la cancelación del resto de su deuda para que puedan alcanzar las MDG. El año 2007 es un "año sabático", es decir siete años después del 2000, el gran año del jubileo. Les animamos a que visiten "Jubilee USA", una organización que está apoyada por ambas iglesias y podrán saber cómo es posible abogar mejor por un año sabático dedicado a la cancelación de la deuda externa (en inglés): http://www.jubileeusa.org/
  • Promover un sistema de comercio justo que permita que las naciones más pobres puedan lograr su propia prosperidad. Aunque la ayuda para el desarrollo y la cancelación de la deuda son esenciales para lograr las MDG, un sistema equitativo de comercio permitirá que las naciones en vías de desarrollo puedan prosperar si pueden competir justa e independientemente en los mercados mundiales. Lamentablemente, las reglas del comercio internacional impiden que las naciones en vías de desarrollo puedan hacerlo. Las naciones más ricas subsidian con casi 1.000 millones de dólares diarios a sus propios agricultores y productores agrícolas, haciendo prácticamente imposible que los agricultores de otras naciones puedan competir equitativamente en los mercados mundiales. Por lo tanto, reclamamos que el gobierno de los Estados Unidos apoye políticas comerciales en el contexto de las leyes nacionales y por medio de acuerdos de comercio internacional que estén destinadas a equilibrar el campo de juego en el comercio internacional.

Si desea saber más sobre cómo es posible interesarse en estos temas, participe en las campañas "ONE Lutheran" y "ONE Episcopalian".
 
IV. La misión mundial en el plano local: una visión de comunidades episcopales y luteranas trabajando conjuntamente en la lucha contra la pobreza mundial

Dada la importancia de la extrema pobreza, es muy difícil comprender qué puede hacer una persona o una congregación para hacer realidad las MDG.

Aunque creemos que la forma más eficaz en que usted puede abogar consiste en establecer relaciones permanentes con sus autoridades locales, también creemos que uniéndose al testimonio sobre las MDG será una importante oportunidad para que nuestras dos comunidades se unan para lograr que se forme un consenso sobre la eliminación de la extrema pobreza durante nuestra generación. Las acciones que pueden unir a luteranos y episcopales al nivel comunitario y conectar sus voces con otros movimientos con las mismas Metas será un factor multiplicador de las voces de nuestras iglesias. A continuación se presenta una lista sobre las formas en que se podría materializar una asociación entre luteranos y episcopales en las comunidades locales:

  • Ayude a formar una red de líderes de la campaña "ONE". En la lucha por la erradicación de la pobreza, el verdadero poder reside en el nivel local. Los cristianos deben formar una red nacional de líderes de la campaña "ONE", es decir individuos, congregaciones, diócesis y sínodos comprometidos con la erradicación de la pobreza. Las oficinas de nuestras dos iglesias en Washington, DC, están coordinando este esfuerzo de formación de una red nacional y conectar a los líderes luteranos y episcopales con los principales organizadores locales de la campaña ONE y otros grupos que están asociados a los mismos fines. Si usted tiene interés en servir como líder regional o si está interesado en saber más sobre estos temas, por favor visite www.episcopalchurch.org/ONE o www.elca.org/advocay/ONE.
  • Aproveche relaciones de compañerismo. Muchas congregaciones, diócesis o sínodos de la Iglesia Luterana o Episcopal mantienen relaciones de compañerismo con iglesias en los países en vías de desarrollo. Muchas veces estas relaciones no sólo ayudan a comprender mejor los efectos de la pobreza y las necesidades humanas, pero también ayudan a que nuestro pueblo conozca las riquezas de la cultura, la fe y la vida en otros países. Ambas dinámicas pueden inspirar a nuestros compatriotas que todavía no se han involucrado en este movimiento o profundizar el compromiso de quienes ya lo están. Además, estas relaciones pueden ilustrar a los comités de relaciones y líderes de la campaña "ONE" a trabajar juntos y a comunicarse con las oficinas de la Iglesia Luterana y la Iglesia Episcopal en Washington, DC, para poder compartir historias y estrategias.
  • Extienda la campaña "ONE" en las universidades. Desde el comienzo, la juventud siempre ha estado al centro de la campaña "ONE" aportando al movimiento su energía, creatividad y dedicación. Comparta los recursos de la campaña "ONE" con los capellanes y equipos ministeriales en las universidades de su comunidad. Anime que las congregaciones universitarias aprueban resoluciones sobre la campaña "ONE" y se incorporen al movimiento. En los sitios Web respectivos se pueden encontrar recursos para estudiantes y jóvenes.
  • Únase para visitar a los foros organizados por legisladores y candidatos. Los legisladores y candidatos nunca responden mejor a los sentimientos comunitarios si no cuando se encuentran en sus propios distritos durante el periodo de sesiones del congreso o durante una campaña electoral. Cuando los legisladores se encuentran en sus distritos, las congregaciones luteranas y episcopales de una comunidad pueden visitarles conjuntamente para conversar sobre la importancia de la lucha contra la pobreza mundial. Asista a los foros organizados por candidatos y haga preguntas sobre las MDG. (Las sendas oficinas en Washington, DC, pueden ofrecerles recursos para hacerlo eficazmente.) Hágase acompañar por otras personas religiosas de su comunidad. Recuerde que debe hablar en claros términos de fe. Para que sus legisladores le consideren como una fuente de recursos sobre la pobreza mundial, dedíquese a relacionarse con ellos. Trate de conocer cuál es el tema más importante para ellos, como, por ejemplo, la educación universal y manténgales informados haciéndoles saber que usted también comparte sus mismas preocupaciones.
  • Reúnase para adorar junto con otros. Uno de los más grandes tesoros de nuestra relación de plena comunión es que podemos reunirnos juntos alrededor de una mesa para compartir juntos en la Palabra y Sacramentos. Uno de los testimonios más poderosos que podemos ofrecer es el de reunirnos para adorar a Dios. Organice una Eucaristía unida entre episcopales y luteranos o un culto de oración centrados sobre los textos que nos inspiran a solidarizarnos con los que diariamente viven en medio de la pobreza, el hambre y la enfermedad. Considere la posibilidad de organizar un foro después de la celebración sobre los temas de pobreza mundial y lo que es posible hacer. Invite a un congresista a asistir o participar en el foro. Esta carta pastoral será presentada el 15 de septiembre durante una Eucaristía compartida. Los servicios noticiosos de ambas iglesias difundirán el orden de la celebración usado en la ocasión.

Rogamos que la gracia y la paz de Dios nos equipe para trabajar asociados en la reconciliación del mundo. Que nuestras voces, elevándose aunadas, proclamen la paz y la esperanza para todos los pueblos. "Y esta esperanza no nos defrauda, porque Dios ha derramado su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo que nos ha dado" (Rom 5:5).



Los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio son: 1) Erradicar la extrema pobreza y el hambre; 2) Lograr la enseñanza primaria universal; 3) Promover la igualdad de géneros y la autonomía de la mujer; 4) Reducir la mortalidad infantil; 5) Mejorar la salud materna; 6) Combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades; 7) Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente; 8) Fomentar una asociación mundial para el desarrollo.

Cinco años atrás la Iglesia Episcopal y la Iglesia Evangélica Luterana en América (ELCA) forjaron una relación de plena comunión. Tal como el título del acuerdo lo expone, Llamados a una Misión Común, la unidad a manifestarse entre nuestras dos iglesia es por el bien de la misión de Dios en este mundo.