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La Obispa Presidenta predica en la liturgia de la Fiesta de todos los Santos
La liturgia incluye la asunción oficial de su cátedra

11/5/2006
[Episcopal News Service]  La Obispa Presidenta Katharine Jefferts Schori predicó durante la liturgia de celebración de la Fiesta de todos los Santos a las 11 a.m. en la Catedral de San Pedro y San Pablo, en Washington, DC.

Durante la ceremonia Jefferts Schori asumió oficialmente su cátedra como Obispa Presidenta de la Iglesia Episcopal. El texto completo del sermon se incluye a continuación.

Fiesta de todos los Santos
5 de noviembre de 2006
Catedral de San Pedro y San Pablo, Washington, DC

Buenos días. La semana pasada leí un editorial fascinante que se publicó antes de la Fiesta de todos los Santos y, casi increíble, en la prensa secular. Aparentemente la Iglesia Católica Romana está considerando la santificación para un hombre que fue ejecutado en 1957. Jacques Fesch fue acusado, declarado culpable y guillotinado por asesinar a un policía durante un robo que había ocurrido tres años antes. Un año después de su sentencia, ya estando en la cárcel, tuvo una conversión espiritual muy profunda que dio lugar a un tiempo de enmienda fundamental. El describió su experiencia así: “el Espíritu del Señor me tomó del cuello”. El arzobispo de Paris comenzó el proceso de canonización hace 20 años y hay un poco de esperanza de que el hombre alguna vez sea declarado un santo.

A los santos, aquellos particularmente santos, los elegidos, los bautizados, los héroes de nuestra fe los entendemos en diferentes formas. San Basilio, el Grande, dijo en el Siglo IV: "El Espíritu es la morada de los santos y los Santos son aquellos donde el Espíritu mora, tal como en un hogar, pues se ofrecieron para ser morada de Dios y son llamados templo de Dios."

Podríamos decir que los santos son aquellos que encuentran su hogar en el camino, cuando están siguiendo a Jesús. Y a veces el encuentro parece como si a uno le tomaran del cuello. Tal vez a Lázaro le pareció así y probablemente a la gente que estaba mirando cuando salió de la tumba: "¡desátenle y déjenle ir!" La experiencia de Jesús no fue menos sorprendente, aunque en la traducción sus palabras parece muy sencillas: Jesús estaba profundamente conmovido, profundamente turbado. Y comenzó a llorar. Sin embargo, el texto en griego usa una palabra semejante a “convulsionado”. Ante la muerte de su amigo y el dolor de sus hermanas, Jesús sufrió una agonía que casi no le dejaba respirar.

Los santos son aquellos que son vulnerables a los dolores desgarrantes de este mundo. Algunos hemos tenido que ser tomados del cuello o arrojados en una tumba antes de poder tener una profunda compasión. Y, tal vez, a menos que así nos pase, nunca dejaríamos nuestra cómoda vida – o una vida muy perversa – para volvernos en sí y comenzar a ser sensibles al dolor.

En la iglesia primitiva el bautismo debía ser esta clase de encuentro transformador. Los nuevos santos debían pasar tres años preparándose y sólo entonces, en medio de la noche eran llevados a una cripta, desnudados y sumergidos para luego emerger del agua con un nuevo aliento, ser rociados con aceite aromático y recibir una nueva túnica blanca. Lo que hacemos hoy en los domingos, a veces parece ser una burda imitación, sin embargo puede tener el mismo efecto. Hace dos semanas me encontré con un hombre de unos 40 años que yo había bautizado y confirmado hace dos años y cuya vida había tenido un cambio muy notable: de una vida ordinaria y apática al una vida con sentido, con gran compasión y con una conciencia de Dios en cada parte de su vida y con una voluntad de cambiar su comunidad en algo que parece mucho a los deseos de Dios.
 
Cuando dentro de algunos momentos recordemos nuestros bautismos con la aspersión, la mayoría de nosotros posiblemente tendrá un poco de vergüenza. No nos gusta mojarnos. Pero espero y ruego que ustedes y yo recibamos estas gotitas que quieren sorprendernos, como un pequeño recordatorio de lo que tiene que pasarnos, día tras día, vez tras vez. Morir a lo viejo, ser desatados y salir a una vida abundante de servicio al mundo. Abrir los ojos y notar el sufrimiento que nos rodea.

Es la disposición a experimentar el dolor que, después de todo, es el factor más importante para marcarnos como santos. El dolor de todo el mundo, de aquellos que están de acuerdo con nosotros y aquellos a quienes podríamos considerar enemigos. El dolor de una creación abusada para nuestro placer. El dolor de un niño de Ghana, de solo seis años que tiene que ser vendido como esclavo para desaguar una barca de pesca y remendar redes durante 100 horas por semana para que sus padres puedan comer.
Cuando la Sabiduría nos dice que las almas de los justos están en paz, sólo puede ser en un mundo donde las divisiones y las penurias han cesado. Es un sueño de shalom, un lugar donde todos los pueblos y todas las criaturas encuentran su hogar. Pero también es un sueño que, por lo menos parcialmente, puede hacerse realidad en nuestros días. Cuando dos niños que juegan en el patio hacen las paces, los santos se regocijan. Cuando dos o tres esclavos de la pesca son liberados, la shalom abunda. La esperanza de los santos no tiene límites porque insiste que es posible lograr shalom en este mundo y no al final de todas las cosas.

En la lectura de la Sabiduría existe un versículo muy interesante: "brillarán cuando Dios los visite, y se extenderán como chispas entre los rastrojos." Es un texto poco conocido y pocos de nosotros lo hemos escuchado alguna vez en la iglesia. Cuando Dios los visite: ¿es cuando Dios visita a los justos? ¿o es el momento en que los santos aparecen? La palabra que se traduce por visitación aparece solamente un par de veces en otros textos de la Biblia y también podría ser traducida como supervisión o el ámbito de servicio. En griego es episkopeis. Cuando los santos aparecen o cuando el Espíritu hace su morada en los santos, entonces los santos comienzan a arder y a poner al mundo en llamas. Su preocupación, su ministerio, su capacidad de ver e influir y pastorear al mundo es encendida. Todos los santos están para correr como chispas entre los rastrojos, los muertos y los que no dan fruto. Se supone que ustedes y yo tenemos que ser encendidos. Y esta llama se pone en fuego cuando nos disponemos a ser vulnerables a los que sufren alrededor nuestro.

En el oeste de Oregon, durante muchos años la forma usual de limpiar los campos después de una cosecha era quemar los rastrojos. Las nubes de humo cubrían el cielo y a veces se extendían por docenas de millas. Los problemas relacionados con la calidad del aire han desarrollado otras formas de controlar el humo, pero la quema continúa siendo la mejor forma de sanear los campos y eliminar los rastrojos. ¿Qué piensan ustedes? ¿Podemos hacer un humo santo?

La episkopeis de los santos, su ministerio, purifica los campos de aquello que no puede sobrevivir para lograr la shalom que Dios sueña y quema todo lo que limita este deseo o no puede apoyarlo. El ministerio de gobernar, ya sea en la legislatura, en la urna electoral o criando a un niño debe servir para preparar la tierra para una nueva y abundante cosecha de vida. Muchos de nosotros tendremos una oportunidad de ejercer este ministerio el próximo martes. ¿Podrían considerar su voto como una forma de “quemar los rastrojos”? Que bien sería que todos pudiéramos responder "así lo haré, con la ayuda de Dios".
 
Dejemos que las penas de este mundo nos tomen del cuello. Escuchemos a Jesús llamándonos a salir de nuestras tumbas de apatía y falta de fe. Que el impacto de la muerte bautismal nos encienda otra vez. Este lugar que llamamos hogar debe ser para un Nuevo cielo, una nueva tierra, una ciudad santa, la Nueva Jerusalén. Las chispas en medio de los rastrojos lo harán realidad.
Concéntrate un momento y saluda al espíritu que ha sido implantado en ti. Cuando llegue el momento de compartir la paz, vuélvete a tus vecinos y saluda a los santos, a los que ponen fuego en este mundo. ¡Bienvenido, santo! Enciéndete esplendorosamente y transforma este mundo de Dios en un campo para una nueva vida, una medida buena, apretada, remecida y rebosando, destinada para toda la humanidad y toda la creación. ¡Enciéndete!