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Programa de acompañamiento ecuménico aborda la violencia en Colombia

[Episcopal News Service] La primera reunión del Grupo de Referencia Internacional del Programa de Acompañamiento Ecuménico en Colombia se celebró del 6 al 8 de octubre en las oficinas de la diócesis episcopal de ese país, en Bogotá, dando inicio a un programa basado en el Programa de Acompañamiento Ecuménico en Palestina e Israel (EAPPI) del Consejo Mundial de Iglesias para tratar el problema de la violencia y las violaciones de los derechos humanos en ese país sudamericano que, durante décadas, ha sido víctima de un conflicto armado interno.

Desde que se inauguró en 2002, el EAPPI ha tenido 929 "acompañantes ecuménicos" provenientes de 20 países. Los acompañantes ecuménicos participan de las vida de las comunidades y trabajan con organizaciones locales que llevan a cabo acciones no violentas para promover y defender la justicia y contribuir a la protección e implementación de los derechos humanos. Luego de servir de voluntarios en las comunidades locales, los acompañantes regresan a sus propias comunidades a compartir con otros acerca de la crisis y a abogar por el fin de la violencia.

"Al Grupo de Referencia Internacional (IRG, por su sigla en inglés) le pidieron que recogiera y presentara propuestas de las iglesias y del gobierno para la regulación de la ley sobre reparación de víctimas, de manera que, junto con la sociedad civil y las instituciones, las iglesias puedan colaborar y llegar a un acuerdo al respecto con la sociedad civil y las víctimas del conflicto", dijo Francisco Duque, el obispo de Colombia en un correo electrónico a ENS. "En calidad de iglesias y organismos eclesiales internacionales, se expresó una gran preocupación de que, pese a la existencia de programas y leyes que buscan la reparación integral, aún existen numerosas violaciones de los derechos de los individuos y comunidades que buscan la reparación y restauración de sus tierras".

El Grupo de Referencia Internacional (IRG) se esforzará en ofrecer acompañamiento ecuménico a comunidades que han sido afectadas por la violencia y las violaciones de los derechos humanos que han caracterizado a Colombia a lo largo de los últimos 60 años, agregó el obispo.

A la reunión, organizada por el Rdo. Nilton Giese, secretario general del Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI), asistieron representantes del Consejo Mundial de Iglesias, la iglesia Unida del Canadá, el Centro Ecuménico Regional de Asesoría y Servicio, la Mesa Redonda Nacional CLAI-Colombia, la Alianza ACT, la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas, la Federación Luterana Mundial, la Iglesia Presbiteriana EUA, KAIROS Canadá, el Foro ACT-Colombia, la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz de Colombia, y la Asociación de Iglesias Evangélicas del Caribe Colombiano.

La idea de crear un programa de acompañamiento surgió primero en 2009 durante una reunión en Colombia de líderes del CLAI, el CMI, la FLM y la Alianza ACT. Desde 2010, el CLAI ha instado a sus iglesias miembros y a las organizaciones ecuménicas de Colombia a estructurar un programa para ayudar a las víctimas de la violencia en el país, explicó Giese en un correo electrónico a ENS.

Las primeras reuniones para estructurar el programa de acompañamiento tuvieron lugar en 2010. Pero fue en febrero de 2011 que la Mesa Redonda Nacional CLAI-Colombia se comprometió abiertamente con el proyecto en Rincón del Mar, en el norte de Colombia, una región marcada por la violencia de grupos armados, donde las iglesias vinculadas al CLAI y los organismos ecuménicos comenzaron a crear la primera versión del programa, añadió Giese.

Durante la reunión del 6 al 8 de octubre, la Mesa Redonda Nacional CLAI-Colombia, presidida por Duque, inició una serie de diálogos con el propósito de continuar un ministerio de presencia y defensa en el acompañamiento de víctimas de la violencia; y algunos funcionarios del gobierno hablaron acerca del plan de reparación nacional del gobierno del presidente colombiano Juan Manuel Santos.

El plan nacional de reparación, explicó Duque, es una ley adoptada por el gobierno de Santos para compensar a las víctimas del conflicto armado interno del país desde 1984 hasta el presente.

"Se espera que a las víctimas se les compense económica y moralmente debido a la falta de acción gubernamental en la protección de sus derechos y sus propiedades durante estos años de conflicto, y que les devuelvan sus tierras cuando éstas les hayan sido arrebatadas violentamente".
 
En Colombia, según estadísticas del gobierno, hay aproximadamente tres millones de personas desplazadas debido al conflicto armado, aunque las organizaciones de derechos humanos dicen que, en la actualidad, hay cerca de cinco millones de personas desplazadas internamente por la violencia.

Según explicó Giese, en diciembre de 2009, la oficina del fiscal general de Colombia publicó una lista de 2.520 casos de desaparición forzosa, de un total de 35.665 delitos confesados por paramilitares; se exhumaron 3.388 tumbas y se recobraron 2.091 cadáveres, de los cuales sólo 796 les han sido devueltos a las familias. De manera semejante, las guerrillas —la Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, o FARC, y el Ejército de Liberación Nacional, o ELN— han cometido masacres, ataques indiscriminados, desplazamientos forzosos, torturas, secuestros y violencia sexual. En el departamento de Arauca, se cometieron 194 homicidios debido a enfrentamientos entre las FARC y el ELN.

El gobierno de Santos ha mostrado interés en hacer frente a la crisis humanitaria experimentada por las víctimas del conflicto, afirmó Giese; sin embargo, el ha continuado con la política económica de abrir el país para alentar la inversión extranjera. Debido a esto, los nuevos grupos armados, ahora llamados bandas criminales (BACRIM) —muchos de cuyos integrantes son paramilitares desmovilizados— luchan por el control de territorios y por apoderarse de empresas vinculadas a esta política económica, o rechazarlas.

En esa reunión se declaró que lo esencial del programa de acompañamiento es su opción clara e inequívoca por la no violencia, subrayó Giese, quien también afirmó que "el amor no violento es la fuerza más poderosa del universo".

Una crisis humanitaria luego de cinco décadas de guerra

"Colombia enfrenta actualmente una de las más graves crisis humanitarias del mundo. Como resultado de la guerra civil que ya dura más de cinco décadas, miles de personas han perdido sus vidas, millones han sido desplazados a la fuerza, sobre todo indígenas, afrocolombianos y campesinos, que se ven obligados a abandonar sus comunidades debido a la propagación de la violencia", dijo Carlos Ham, Ejecutivo para los programas de Diaconía y América Latina/ Caribe del CMI. "Los defensores de los derechos humanos, los sindicalistas, los líderes religiosos y comunitarios que se atreven a levantar sus voces para denunciar la violencia cometida por los grupos armados con frecuencia resultan víctimas de desapariciones forzosas y asesinatos".

La evaluación de los líderes en comunidades que tienen acompañamiento nacional e internacional es que éste ayuda a protegerlos y aumenta la seguridad de individuos y comunidades que están sujetas continuamente a amenazas y persecución. Se ha demostrado, por consiguiente, que el acompañamiento internacional ofrece una forma alternativa de proteger y salvar las vidas de líderes y comunidades que no confían en las autoridades cuyo deber es protegerlos. Las autoridades han descuidado su obligación a este respecto y muchas amenazas provienen de los servicios encargados de garantizar la seguridad de la población, dijo Ham.

"Lo fundamental de este programa es que las iglesias y el movimiento ecuménico han respondido al llamado a participar y a contribuir con su experiencia en el tipo de protección que brindan las organizaciones nacionales e internacionales, añadiendo una presencia ecuménica basada en la solidaridad en regiones donde hay poco o ningún acompañamiento internacional", agregó.

"Buscan de esta manera fortalecer el acompañamiento con un énfasis en las comunidades y procesos locales y regionales de base".

Mediante la práctica del acompañamiento y de la activa promoción de su causa, el programa de Colombia procura respaldar los empeños locales e internacionales para lograr una solución negociada del conflicto en Colombia, basada en el derecho internacional. [El programa] tratará de ser un testigo permanente de la presencia compasiva y solidaria de las iglesias y de la comunidad ecuménica, nacional e internacional, entre las comunidades y organizaciones que apoyan y laboran por la devolución de la tierra de los desplazados, la defensa de los derechos humanos, la búsqueda de la justicia y la edificación de la vida y de la paz en Colombia a través del diálogo. Junto a estas comunidades, el programa quiere alentar la presencia de compañeros ecuménicos internacionales por períodos de hasta tres meses, dijo Giese.

El Rdo. Chris Ferguson, quien fuera designado por la Iglesia Unida del Canadá, y uno de los fundadores del programa de acompañamiento internacional en Palestina e Israel, es quien coordina el programa en Colombia.

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-- Lynette Wilson es editora y reportera de Episcopal News Service.

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