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Aliados de la Iglesia en El Salvador responden a una catastrófica inundación "sin paralelo".

[Episcopal News Service] Intensas inundaciones y deslaves causados por lluvias tropicales en todo El Salvador han afectado a unas 150.000 personas, dejado aisladas a docenas de comunidades y producido un saldo de casi 40 víctimas mortales. Martin Barahona, el Obispo anglicano de El Salvador, ha descrito lo ocurrido como "una catástrofe sin paralelo con otros desastres" en la historia reciente del país.

El huracán Jova tocó tierra el 11 de octubre como tormenta de categoría 2 en la zona de Jalisco, México, donde ocasionó seis muertes, pero El Salvador "ha sido el país más afectado de América Central", según el Rdo. George Woodward, vicepresidente de la Fundación Cristosal, una organización sin fines de lucro asociada a la Iglesia y que al presente colabora con Ayuda y Desarrollo Episcopales, la diócesis anglicana y otras entidades para responder al desastre.

Según un informe de la Fundación Cristosal, para el 17 de octubre las inundaciones habían obligado a la evacuación de 32.243 personas de 149 comunidades, causado la contaminación de más de 2.200 pozos y destruido alrededor de 1.200 hectáreas de cultivos. El informe decía que 261 albergues de emergencia estaban funcionando para servir a los necesitados.

Woodward, rector de la iglesia episcopal de San Edmundo [St. Edmund's Episcopal Church] in San Marino, California, decía, en un correo electrónico del 19 de octubre, que las inundaciones habían cortado completamente el acceso a dos de las cuatro comunidades asociadas con la Fundación Cristosal, así como el aeropuerto internacional.

Woodward agregó que si bien las lluvias se habían atenuado un poco durante el día anterior, "la población se siente nerviosa mientras los aguaceros torrenciales continúan y los suministros de alimentos escasean" en los albergues y en las muchas comunidades pobres en que los residentes llevan una vida de subsistencia y no han podido trabajar.

Un informe que apareció en la página web de Ayuda y Desarrollo Episcopales decía que las inundaciones han destruido unas 18.000 viviendas en El Salvador y que también se estima que han causado unas 65 muertes en Honduras, Nicaragua, Guatemala y Costa Rica.  

El 17 de octubre, el presidente y la Asamblea Nacional de El Salvador declararon al país en "un estado de calamidad que durará 60 días, lo cual les permitirá tener acceso a un préstamo especial de $50 millones del Banco Mundial destinado para desastres". El informe agregaba que "el gobierno se ha mostrado eficaz en asignar recursos para evacuar y albergar a las poblaciones vulnerables, lo cual ha reducido el saldo de muertes en comparación con otras tormentas recientes".

Matt St. John, encargado de programas de Ayuda y Desarrollo Episcopales, ha dicho que toda la región de Bajo Lempa, estado de Usulután, está bajo el agua. Según el cibersitio de la agencia, aproximadamente 5.000 personas han sido relocalizadas en 28 unidades de vivienda temporales.

Ayuda y Desarrollo Episcopales respalda una respuesta coordinada a través de la Diócesis de El Salvador y de la Asociación Mangle, una organización local. El empeño diocesano  es el resultado de una colaboración con Cristosal y la Asociación CREDHO, una agencia salvadoreña.

La diócesis también está coordinando la respuesta sobre el terreno con la Alianza ACT (Acción de Iglesias Unidas).

Según Ayuda y Desarrollo Episcopales, algunos servicios esenciales, tales como alimentos, agua, albergue temporal, medicación y transporte, se concentrarán en 10 comunidades de varios estados. Un equipo médico de la diócesis también comenzará a responder cuando las condiciones lo permitan. El programa  beneficiará directamente a 2.025 personas e indirectamente a 4.050, incluidas los estratos poblacionales más vulnerables como son los huérfanos, los ancianos, las mujeres embarazadas y los pacientes de VIH/SIDA.

La Asociación Mangle ayudará a transportar a comunidades a su albergue en Ciudad Romero, supervisará las comunicaciones allí y proporcionará alimentos para los desplazados, según dijo St. John.

"Es una situación en El Salvador en que todos deben meter el hombro, peor que la del huracán Mitch [de 1998], dijo St. John. "Además de la pérdida de vidas humanas, millares han perdido sus hogares y su modo de ganarse la vida. Los animales se han ahogado y los cultivos están bajo el agua. Por favor, oren por los afectados, y por los aliados de nuestra Iglesia mientras socorren a los salvadoreños que necesitan comenzar a reconstruir sus vidas".

La Fundación Cristosal está supervisando la situación y organizándose para proporcionar ayuda urgente, para distribuir alimentos y atención médica a las comunidades afectadas", dijo Woodward.

La Fundación también tiene su mira en la reconstrucción "mediante la oferta de microcréditos y subvenciones a familias que han perdido sus hogares o sus fuentes de ingreso", agregó Woodward. "Hacemos nuestro trabajo marchando a la par de la gente mientras evalúan los daños a viviendas, propiedades y cultivos, y acompañándoles  en la larga y lenta de la recuperación".

La Fundación Cristosal fue creada en 2000 para apoyar el desarrollo humanitario en El Salvador. Ha colaborado con la Iglesia Episcopal y Ayuda y Desarrollo Episcopales en ayudar a las comunidades de El Salvador a recuperarse luego de una larga guerra civil y de un devastador terremoto en 2001.

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-- Traducción de Vicente Echerri.

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