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La lucha por la tierra y la protección ambiental en el Brasil

[Episcopal News Service] Araides Duarte da Luz creció en una familia de obreros migrantes, que vivían dondequiera que alguien les ofrecía un lugar. Su esposa, Marilene Hammel, se crió en una finca que su familia se vio obligada a vender durante la "revolución verde" de Brasil. En la actualidad, ellos viven con sus hijos en una casa de ladrillo de un asentamiento permanente cerca de la ciudad de Santa Teresas del Oeste [Santa Tereza do Oeste], que es parte de un movimiento de reforma agraria respaldado por la Diócesis Anglicana de Curitiba y dirigido por unos de sus sacerdotes, el Rdo. Luiz Carlos Gabas.

Brasil tiene una larga historia de movimientos sociales que aspiraban a la reforma agraria, algunos de los cuales se fortalecieron en los años 60 y 70 cuando muchos católicos romanos de América Latina abrazaron la teología de la liberación. El Movimiento de los Trabajadores Rurales sin Tierra [Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra] (MST), se creó en 1984, cuando se unieron obreros migrantes, campesinos, peones y personas desempleadas que ya militaban en movimientos más pequeños.

El MST surgió cuando los trabajadores sin tierras se organizaron para luchar por una reforma agraria "en respuesta a las grandes extensiones de tierra en manos de unos pocos mientras el resto carecía de tierra para trabajar", dijo da Luz, que se incorporó al movimiento con su hermano en 1999.

Hoy en día, 350.000 personas pertenecen al MST, entre ellos de 100.000 a 150.000 viven en campamentos, al menos en 22 de los 26 estados de Brasil, y hasta 6.000 viven en campamentos en Paraná, el estado sureño donde está localizada la diócesis. La estrategia fundamental del movimiento es acampar en tierras agrícolas improductivas para presionar al gobierno y a los propietarios a transferir el título de las mismas a los acampados. También funciona para proteger el medio ambiente y se ha pronunciado enérgicamente contra el uso de pesticidas, organismos modificados genéticamente y el monocultivo como técnicas agrícolas.

Durante siete años, Gabas, el sacerdote de la parroquia de la Ascensión de la Iglesia Anglicana [Paróquia da Ascensão Igreja Anglicana] ha apoyado al MST, visitando —en calidad de pastor y aliado del movimiento, y en ocasiones como mediador— los campamentos permanentes y temporales cercanos a esta ciudad del sur de Brasil. Él irradia un carácter amable y apacible, que le ha favorecido en medio del acoso y las amenazas a que se ha visto expuesto debido a su activismo.

"Siempre me he ocupado del trabajo social, no sólo aquí, sino también en San Pablo [São Paolo]", dijo Gabas, quien antes fuera sacerdote católico romano, hablando en portugués a través de un intérprete durante una entrevista en Cascavel en mayo pasado. "No sólo yo como ‘el reverendo’, también otros en la Iglesia han comenzado a participar en la acción social".

Más recientemente, la diócesis creó la Pastoral Anglicana de la Tierra [Pastoral Anglicana da Terra], como un medio de que los individuos, las parroquias y la diócesis aborden el tema de la reforma agraria, la justicia climática y los derechos de los pueblos indígenas, los campesinos y los sin tierra. La Diócesis Episcopal de California, mediante su relación de compañerismo con Curitiba, participa también.

"El descubrir la causa común en nuestra lucha por los derechos de los indígenas en Brasil y en Estados Unidos; la lucha por los derechos de los desempleados y los obreros agrícolas sin tierras, las personas sin hogar y los pobres en Norte y Sudamérica, y la lucha mundial por el derecho a la alimentación nos ha puesto hombro con hombro y corazón con corazón", dijo Michael Tedrick, misionero de la Diócesis de California nombrado por la Iglesia Episcopal que facilita la relación de compañerismo.

"Hemos encontrado propósitos comunes en nuestra lucha. Y mediante [la práctica de] compartir nuestras historias, comenzamos a borrar las fronteras económicas, políticas, sociales e ideológicas que nos dividen". Y añadió: "Para expandir ese empeño en 2012, estamos planeando un intercambio de jóvenes adultos centrado en los derechos humanos y la ecojusticia.

La vida en el movimiento

A lo largo de las carreteras rurales de dos vías que recorren el sureño estado de Paraná, las plantaciones de haba de soja, que parecen alfombras verdes bien podadas, se extienden hasta más allá del horizonte. Los campos de maíz también bordean las carreteras por muchos kilómetros. La agricultura, dirigida fundamentalmente por agroindustrias, responde por el veinticinco por ciento del producto nacional bruto del país y constituye un factor clave del crecimiento económico.

La "revolución verde" del Brasil, explicó Hammel, comenzó en los años sesenta, cuando "el capitalismo en la forma del cultivo industrial se apoderó de la agricultura".
 
"Los militares solían decir que Brasil llegaba con retraso al cultivo industrial, que realmente despegó en los años setenta", dijo ella. Bajo el régimen militar, agregó, el gobierno obligó a los agricultores a usar máquinas y productos químicos para los cuales no estaban preparados y no podían costear; los bancos imponían ejecuciones hipotecarias de las tierras cuando las familias no podían afrontar los pagos.
 
La finca de la familia de Hammel estaba en Río Grande del Sur [Rio Grande do Sul]. Plantaban cereales, soja y maíz, y ordeñaban vacas y criaban cerdos para el consumo familiar y para vender.
 
"Las cosas destinadas al mantenimiento de la familia se vendieron para pagar las maquinarias, y al final mis padres tuvieron que vender su tierra", agregó. "Cuando mis padres vendieron la tierra, compraron una casita en una zona urbana, pero yo quería quedarme en el campo. Participar en el movimiento era la forma de quedarse en el campo. Mi corazón estaba en el campo".

Hammel, que ahora tiene 34 años y es maestra de instrucción primaria, tenía 15 años en 1992 cuando sus padres vendieron la finca. Ella y da Luz, que nació en 1975, se conocieron en 2004 mientras ambos estudiaban en una de las escuelas del movimiento.

La pareja vive en el asentamiento Olga Benário, un campamento permanente que comparten 10 familias, localizado a unos 100 kilómetros de Cascavel. En 1999, da Luz y su hermano fueron parte de la "ocupación" que estableció un campamento junto a un camino al lado de lo que llegaría a convertirse en el Olga Benário.

Para hacer que el gobierno aborde la reforma agraria, el movimiento establece campamentos junto a las carreteras y otras áreas visibles, mientras el Instituto Nacional para la Colonización y la Reforma Agraria (INCRA) negocia la transferencia de propiedad con el gobierno y los dueños de las tierras, un proceso que puede durar años.

"Cuando llegamos aquí, esta zona era propiedad del gobierno y de una compañía de comunicaciones" dijo da Luz. "Al principio, las diez familias acampamos juntos y apiñados".

Hammel contó que las familias, al asociarse con otras familias, empezaron por organizar grupos de debates, donde los agricultores encontraban opiniones comunes y una causa común por la cual luchar.

"Una familia nunca saldrá [adelante] por sí sola… La comunidad es el cimiento de todo".

Cada comunidad, añadió da Luz, tiene sus propios principios y normas con los cuales todos han convenido, y a veces hasta las "peleas" familiares se debaten en la comunidad. Una familia puede dejarle la tierra a sus hijos, pero la tierra cedida al MST nunca puede volver a la explotación comercial si la familia se va.
 
Según datos del censo agrario del gobierno, el 1 por ciento de los terratenientes controla el 45 por ciento de las tierras cultivables, conforme a una distribución de tierras que data del siglo XVI, cuando Brasil, el país más grande y más rico en recursos naturales de América del Sur, era colonia de Portugal.

En menos de 30 años, Brasil se ha convertido en un líder mundial de la agricultura industrial —que produce materias primas tales como maíz, habas de soja, café, cacao, caña de azúcar y carne vacuna— a veces a expensas de la población y del medio ambiente locales. Esto ha dado lugar a violentas confrontaciones entre activistas indígenas y ambientalistas y granjeros y ganaderos. La hermana Dorothy Stang, monja católica romana nacida en Estados Unidos que trabajaba con la comisión pastoral de la tierra de la Iglesia Católica, se cuenta entre los muchos activistas que han sido asesinados. Treinta y cuatro personas resultaron muertas en conflictos por tierras en 2010.
 
Además de luchar por una distribución más equitativa de la tierra, el MST batalla por proteger la calidad del agua y del medio ambiente. "En cada campamento donde usted vaya, hasta el 20 por ciento se mantiene como reserva, y siempre hay una zona de separación de 50 metros cerca de un lago o de una fuente de agua", conforme a una ley nacional, dijo da Luz. "Los granjeros quebrantan esta ley en todo Brasil, pero el gobierno intenta imponerla. En tanto las grandes haciendas y las haciendas comerciales luchan con el gobierno para debilitar la ley".
 
"La reforma agraria no es sólo la preocupación de los que viven en los campamentos, es también la preocupación de personas como el ‘reverendo’ en las zonas urbanas", agregó.

La participación de Gabas
 
Iris Maracaípe, una líder del movimiento, vive con sus dos hijos en el asentamiento Valmir Motta de Oliveira, cerca de Cascavel, que lleva el nombre de su esposo. Motta, o "Keno", como se le conocía comúnmente en su desempeño como uno de los líderes nacionales del movimiento, fue asesinado el 21 de octubre de 2007 durante una protesta.
 
El asentamiento está enclavado al borde del camino y en la parte delantera de una enorme finca industrial. El campamento consiguió hace poco su estatus permanente. Todas las casas de madera tienen jardines bien podados. Los niños del campamento asisten a una escuela pública cercana. Maracaípe y Keno se conocieron en el movimiento.

Gabas se comprometió más con el MST después de la muerte de Keno. Los dos hombres no eran tan íntimos, ya que Keno actuaba en el nivel nacional y Gabas en el regional, pero se conocían y hablaban con regularidad, explicó Gabas. El puesto nacional de Keno le hizo acreedor de respeto en Cascavel y Paraná y a través de toda la nación; debido a sus acciones, dijo Gabas, su muerte se hizo "inminente".
 
Keno y otros líderes, contó él, participaron en la "ocupación" de Syngenta, una compañía agroquímica mundial que se dedica a las investigaciones genómicas y vende semillas y pesticidas. La compañía estaba llevando a cabo experimentos agrícolas con productos químicos transgénicos y "tóxicos" a menos de 10 kilómetros del parque nacional de Iguazú, una de las mayores reservas forestales de América del Sur que marca las fronteras entre Brasil, Argentina y Paraguay.
 
En  2006, el MST, en alianza con el movimiento internacional Vía Campesina, alertó al gobierno de las acciones de Syngenta en la región. El gobierno no actuó, de manera que manifestantes de ambas organizaciones montaron una "sentada". El gobierno los obligó a salir. En octubre de 2007,  los manifestantes hicieron otra "sentada" una lluviosa mañana de domingo.

Además de sus 40 guardias de seguridad fuertemente armados, Syngenta reclutó a otros elementos del oeste del Paraná para "enfrentarse a ellos", dijo Gabas, quien agregó que  "los guardias de seguridad llegaron en un autobús, y luego cuando se bajaron del autobús empezaron a dispararle a la gente de Vía Campesina y echaron abajo la puerta de entrada. Ejecutaron a Keno, y obligaron a una mujer llamada Isabel a arrodillarse y le hicieron un disparo en la cabeza. Ella no murió le apuntaron el arma por encima de la cabeza y la bala le penetró por un ojo.
 
"Otros cuatro [miembros] de Vía Campesina resultaron heridos y los guardias de seguridad mataron también a uno de los suyos. Eso fue, pues, lo que sucedió ese domingo de octubre de 2007. Keno fue asesinado, no lo alcanzó una bala perdida. Y lo mismo le pasó a Isabel, le dispararon intencionalmente".

Fue Gabas quien le avisó a los padres de Keno de su muerte, y luego los recogió para el funeral y organizó la celebración de la vida de Keno. Y fue después de eso que empezaron a ocurrir cosas extrañas.

El auto de Gabas empezó a tener un salidero de gasolina. Cuando se lo llevó al mecánico, éste descubrió agujeros de bala. Posteriormente, lo arrinconaron otros dos autos mientras conducía. Empezó a recibir llamadas telefónicas amenazantes; había autos que circunvalaban su casa y motociclistas que enfocaban sus luces contra sus ventanas tarde en la noche.

La Iglesia se preocupó por su seguridad, y el gobierno le brindó protección mientras investigaba la violencia relacionada con el movimiento. Durante un tiempo, la situación se estabilizó, contó él.
 
Luego en mayo de 2008, poco después de medianoche, un grupo de hombres portando armas de asalto entraron con tractores y un camión adaptado —lo que llaman un "gran cráneo" para facilitar que los pistoleros viajen encima con sus armas— en el campamento Primeros Pasos [Primeiros Passos] haciendo disparos. Destrozaron los sembrados  y destruyeron la capilla antes de que la policía militar viniera y los detuviera.
 
"Además de los que fueron arrestados, la policía encontró municiones, pero no armas", dijo Gabas, añadiendo que un momento antes de que los invasores llegaran alguien del campamento llamó y despertó a Gabas, quien se personó en el campamento inmediatamente después del ataque.
 
"Las personas estaban desesperadas, confundidas", dijo él. "Iban y venían sin saber a donde dirigirse. Y yo traté de ayudarlas  para que se sintieran más tranquilas. Hice un esfuerzo por mantener la distancia entre la policía y el campamento a fin de evitarle un arresto a la gente del campamento".

El MST no permite que los miembros del movimiento estén armados, dice Gabas. La televisión brasileña —el mismo 1% que posee las tierras cultivables también controla los medios de prensa, dice él— los muestra con aperos de labranza y picos  para hacerlos lucir peligrosos, pero estos son instrumentos que sólo usamos para trabajar.

"Si los miembros del movimiento hubieran estado armados el día del ataque, el daño habría sido mucho peor", agregó.
 
Al día siguiente, gente del campamento entró en la carretera de dos vías y la cerró al tránsito. De ahí que Gabas tuviera que volver al campamento para intervenir, y luego ese mismo día fue objeto de nuevas amenazas.

El campamento Primeros Pasos pertenece al Movimiento por la Liberación de los Sin Tierras, o MLST,  un grupo más pequeño que se separó [del MST] fundado en Pernambuco, en el norte de Brasil, que se mantiene concentrado principalmente en la reforma agraria. El MST está más organizado y cuenta con apoyo tanto dentro como fuera de Brasil, apuntó Gabas.

La relación de Gabas con el MLST comenzó cuando alguien del campamento murió y no encontraron a ningún sacerdote católico romano que presidiera el funeral. Después de eso, Gabas empezó a atender las necesidades espirituales del campamento, a celebrar misa en una tienda de campaña antes de construir la estructura de madera que destruyeron en la incursión [armada].
 
Finalmente, cuando la parroquia de la Ascensión, de la Iglesia Anglicana en Cascavel, construyó una estructura de ladrillo, la antigua iglesia de madera se usó para levantar la actual capilla de Jesucristo Libertador.
 
Al principio, Gabas celebraba misa una vez al mes en la capilla y e iba con más frecuencia a conversar con la gente y a participar de sus reuniones. Ahora celebra oficios dos veces al mes, y bautizó a los primeros anglicanos de la zona hace cinco meses.
 
"Hasta abril era una capilla anglicana, pero no había ningún anglicano en el campamento" y añadió que él no les imponía a ellos la Iglesia Anglicana, y que los católicos romanos también participaban en los oficios.

Liderazgo y educación

El énfasis del movimiento en el liderazgo y la preparación ha sido la clave de su éxito, dijo Dawn Plummer, ex coordinadora nacional de los Amigos del MST, quien escribió la tesis de su maestría sobre el desarrollo del liderazgo de este grupo.

El movimiento está compuesto de "miles y miles de líderes; no es un movimiento de unos pocos líderes y muchos seguidores", subrayó ella, agregando que la cultura de liderazgo y la uniformidad organizacional permitía que los miembros se multiplicaran "masivamente".

La historia registra que los movimientos sociales fueron decisivos en el rumbo del país hacia la democracia.  Brasil tuvo una dictadura de 1964 a 1985, con movimientos populares, agrupaciones políticas disidentes, huelgas organizadas por sindicatos y protestas pacíficas a las que en gran medida se les acredita el haber facilitado la transición de la dictadura a la democracia. Las elecciones vinieron en 1989.

"El movimiento luchó por las elecciones directas en 1989", dijo da Luz. "El pueblo, todo el mundo en Brasil, tenía ansias de elegir".

La influencia política del MST también ha influido en la educación
 
Aunque Brasil tiene su propio sistema de educación universal,  las universidades deben colaborar con el movimiento, dijo Liliam Faria Porto Borges, profesora de pedagogía en la Universidad Estatal del Oeste de Paraná

"El movimiento presionó al estado para que ofreciera acceso alternativo a la educación", dijo Porto Borges, añadiendo que esto ha exigido trabajo adicional y molestó a algunos profesores.
 
Al haber creado su propio calendario, explicó ella, los estudiantes del movimiento estudian 10 horas diarias durante 50 días y luego regresan a sus comunidades para continuar sus estudios… Eso es difícil para nosotros porque tenemos un modo particular de organizar un curso. Los instructores tienen que ajustar su metodología al movimiento social".

Los estudiantes de los campamentos suelen estudiar ciencias agropecuarias, medicina veterinaria y pedagogía, pero algunas facultades se resisten a reestructurar esos cursos para acomodarse al movimiento. Muchos profesores también están en desacuerdo con los objetivos del movimiento. Existe el conflicto entre las zonas urbanas y rurales, así como existen tensiones dentro de la universidad, agregó Porto Borges.

El conflicto, sin embargo, no asusta a los estudiantes, que son políticamente adeptos y se sienten respaldados por su colectivo, explicó. "Ellos llevan sus banderas y sus camisetas e imponen sus puntos de vista".

Los 80 niños que viven en el campamento Primero de Agosto —un campamento temporal— asisten a clases en pequeños edificios de madera con pisos de tierra. Las aulas son pequeñas, y los niños suelen sentarse en pupitres de metal con tableros de madera y sillas de plástico resistente. En las paredes exteriores de algunas aulas han pintado murales con escenas bucólicas. Los estudiantes repiten canciones y consignas alusivas a la educación de los trabajadores en el campo.
 
Los maestros del gobierno imparten las clases matutinas, y los maestros del campamento las de la sesión de la tarde, dijo Geni Teixeira de Souza, el coordinador escolar del campamento.
 
"Siempre el punto focal está en todo el mundo … en la educación cooperativa", dijo de Souza.

Mediante la educación y la vida cotidiana del campamento, el MST inculca los valores del movimiento en sus estudiantes. La bandera del MST —un obrero que lleva alzada en la diestra un machete y junto a quien aparece una mujer , frente a un mapa en silueta[verde] de Brasil en medio de un círculo blanco sobre un fondo rojo— ondea por todo el campamento junto a banderas que tienen la efigie del revolucionario latinoamericano Ernesto "Che" Guevara. En uno de los edificios de la entrada, está pintada la imagen de Guevara, con la cabeza inclinada y pellizcándose con los dedos índice y pulgar el puente de la nariz, junto a la cita "Es necesario desarrollar una conciencia en la cual los valores adquieran nuevas categorías". Lo que falta es el resto de la cita: "Como ya he dicho, en momentos de extremo peligro es fácil activar los incentivos morales; para mantener su eficacia… la sociedad como un todo debe convertirse en una escuela gigantesca".

Una de las cosas que reconoce el MST, y que el resto de la sociedad con frecuencia ignora, es el conocimiento que tienen los pobres, los peones y los campesinos, dijo Plummer.

Si bien los estudiantes reciben instrucción de las mismas asignaturas que enseñan en las escuelas regulares, también reciben educación rural que los enseña a trabajar la tierra, agregó de Souza. "sus cursos están orientados a enseñarles todo lo que necesitan para asociar la vida cotidiana con el modo de vida rural… es imposible separar la escuela de la vida y la comunidad de la escuela".

Otro de los fuertes del MST, dijo Plummer, es que sus partidarios viven a la altura de sus valores y de su ideología.

En un lugar donde la pobreza es tan intensa, el valor del acceso a las semillas y al suelo y la importancia de las técnicas agrícolas sostenibles no se pierden, afirmó ella.

"Creo que lo que hace tan singular al MST es que ellos [sus integrantes] se empeñan realmente por encarnar sus valores, que su preocupación por la tierra no es simplemente mera calcomanía publicitaria… La acción política que asumen es estudiada y estratégica, y también algo arraigado en la vida diaria".

El campamento Primero de Agosto se formó hace siete años en tierras propiedad de un hacendado, cuando el movimiento descubrió que éste usaba tan sólo técnicas agrícolas de monocultivo.

Al principio había unas 1.200 familias; ahora alberga tan sólo a 90 familias y más de 300 personas. Cada familia tiene una pequeña parcela de tierra, y las casas varían desde estructuras de madera bien construidas con techos de planchas de metal hasta las que se sostienen con paredes de plástico. La mayoría de los residentes provienen del medio agrícola o son personas pobres de las ciudades. Muchos de los antiguos residentes del campamento se fueron a trabajar a granjas en Paraguay, que limita con Brasil por el sur. La INCRA, la agencia gubernamental de la reforma agraria, aún está negociando con el dueño de la tierra para que se la ceda a los miembros del campamento.

Uno de los atributos más impactantes del MST, dijo Plummer, es que lucha por las necesidades inmediatas de los brasileños más pobres —acceso a la tierra, albergue, alimento y atención médica— y que organiza a las familias tan pronto como ingresan en el movimiento. A corto plazo, labora por resolver lo que suele ser una situación extrema; pero también atiende el por qué la familia fue a parar a esa situación. Luego, participa en el más amplio cambio social y en el objetivo a largo plazo de la reforma agraria.
 
"No es tan sólo un proveedor de servicio social ni un movimiento ideológico", señaló.

Pero el mantenerse comprometido, agregó ella, puede ser difícil y uno de los mayores desafíos a que se enfrenta el movimiento.
 
"El cambio se produce lentamente —dijo—. "En muchos campamentos… la vida no es tan buena. La gente puede vivir en comunidades de tiendas de campaña durante años, y no resulta fácil mantenerse comprometido y llevar algo a cabo. Ése es el verdadero reto".

Sin embargo, el MST ha tenido éxito en Paraná, donde los campamentos permanentes son más numerosos que los temporales —una pauta que va en aumento de más personas quedándose "fijas en los campos", dijo Porto Borges.

Eso dice mucho de lo que el movimiento ha logrado, agregó. "En la actualidad están captando personas pobres de las ciudades".

Con una población de más de 200 millones de habitantes, Brasil es la 10ª economía del mundo. [No obstante], más del 26 por ciento de la población vive en la pobreza —muchos en extrema pobreza. Mientras la población se ha mudado en gran medida de las áreas rurales a las urbanas, los programas sociales instituidos por el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva han conducido a mejoras en la calidad de la vida.
 
La nueva política gubernamental de redistribución de ingresos y un programa especial para los pobres llamado "Bolsa de Familia" les han dado a las personas que viven en las ciudades una "vida decorosa", y eso debilita al movimiento agrario, dijo Paulo Humberto Porto Borges, esposo de Liliam y también profesor de la Universidad Estatal del Oeste de Paraná, quien se ha ocupado durante mucho tiempo de los problemas de tierras en Brasil. "Que nuevas personas no se estén sumando al movimiento es el resultado de su éxito.

"Al mismo tiempo, luchamos por él, y yo creo que es positivo que cobre fuerza a partir del poder de movilización del movimiento —una contradicción que no puede resolverse", afirmó. "Y ese hecho de que hay más empleo ahora en Brasil, eso también se refuerza a partir del movimiento".

Él lo ve como un logro del pueblo brasileño. "Es una contradicción muy positiva e interesante".

Jair Francisco de Paula ha sido líder político del movimiento durante nueve años y es uno de los dirigentes en el campamento Primero de Agosto. Como agricultor que ha sido toda su vida, él se incorporó al MST cuando creía que no lo estaban contratando en empleos o fincas debido a su edad. "Pensaba que era la única manera de mejorar", dijo de Paula, que tiene la cara arrugada y un gastado sombrero de vaquero.

De Paula lo explicó de otra manera: los programas de bienestar social y los empleos del gobierno le dan a la gente una falsa sensación de seguridad y de tal manera que "no quieren luchar" por la reforma agraria.

"El movimiento hace lo más que puede para cambiar la forma de pensar de toda la sociedad", afirmó. "Al presente es particularmente difícil para el movimiento porque hay trabajo".

In English

-- Lynette Wilson es editora y reportera de Episcopal News Service. Ella viajó a Brasil en mayo para escribir este reportaje.

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