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Clérigos y laicos apoyan las protestas no violentas de Ocupar Wall Street

[Episcopal News Service] En las primeras etapas de las protestas de [el movimiento] Ocupar Wall Street, el Rdo. Michael Sniffen y algunos clérigos colegas suyos de la Diócesis Episcopal de Long Island iban hasta el parquet Zuccotti de Manhattan a observar lo que estaba pasando. Él ha regresado regularmente desde entonces para hablar con los manifestantes y ofrecerles cuidado pastoral.

"Me veo como parte del movimiento", dijo Sniffen, de 31 años y sacerdote a cargo de la iglesia episcopal de San Lucas y San Mateo [St. Luke and St. Matthew] en Brooklyn, Nueva York. "Siento realmente que éste es el alegato de mi generación en pro de una sociedad justa. Creo que los evangelios dejan bastante claro en las enseñanzas de Jesús que no puede haber justicia sin justicia económica".

Sniffen se encuentra entre un número de clérigos y laicos episcopales que visitan y le prestan apoyo a los manifestantes en el lugar donde se originó la campaña de Ocupar Wall Street (OWS). A partir del 17 de septiembre e inspirada por el movimiento de la Primavera Árabe, la protesta de OWS contra la codicia y la desigualdad económica se ha extendido a más de 2.100 lugares a través del país y del mundo, incluidas otras ciudades importantes como Denver, Miami, Berlín, Londres y Tokio.

El 23 de octubre, el Concejo Ejecutivo de la Iglesia Episcopal emitió una resolución en la que afirmaba "que el creciente movimiento de protestas pacíficas en espacios públicos en Estados Unidos y a través del mundo, en resistencia a la explotación de las personas por [motivos de] lucro o de poder, da fiel testimonio, en la tradición de Jesús, de las pecaminosas inequidades [existentes] en la sociedad".

Tres días después, Lawrence Provenzano, el obispo de la Diócesis de Long Island, visitaba el parque Zuccotti y asistía a una reunión en la Iglesia de la Trinidad, en Wall Street, a la que acudieron alrededor de tres docenas de líderes religiosos —entre ellos un sacerdote episcopal de Harlem y dos de su diócesis— para discutir las formas de apoyar el movimiento.

La iglesia bautista Judson Memorial, de Nueva York, ha estado coordinando los esfuerzos interreligiosos con la coalición, que incluye a cristianos de varias denominaciones, así como a budistas, imanes y rabinos, dijo el Rdo. John Merz, sacerdote de 46 años a cargo de la iglesia episcopal de la Ascensión en Greenpoint, Brooklyn. El 9 de octubre, él acompañó a otros clérigos a llevar un becerro de oro desde la plaza de Washington [Washington Square] hasta Wall Street y el parque Zuccotti. Para el 25 de octubre, más de 250 líderes religiosos habían firmado una petición "de personas con un compromiso religioso o moral que apoyan el movimiento Ocupar Wall Street".

Los manifestantes en el parque Zuccotti fluctúan entre los visitantes que han ido una sola vez hasta los que se mantienen acampados desde que empezó la protesta. Hay entre ellos empleados y desempleados así como individuos de todas las edades, razas y credos, según han dicho los observadores. La gente debate toda clase de temas, desde el capitalismo hasta el valor transformador de las artes, pasando por los problemas ambientales. Los carteles de protesta llevan mensajes como estos: "Sólo si la guerra contra la pobreza fuera una guerra de verdad invertiríamos dinero en ella". "Los bajos jornales equivalen a la esclavitud" y "La pena de muerte es un crimen legal".

El manifestante Luis Daniel, de 31 años, hace poco se mostró en el parque envuelto en papel plateado y sosteniendo un cartel que decía: "¡Basta ya! ¿Dónde está mi esperanza?"

Daniel ha tenido diversos empleos, desde construcción hasta ventas, pero ha estado desempleado desde 2007 y sin hogar durante siete meses.

"No hay empleos", dijo "Es por eso que estoy aquí con este trajecito, este forro de plata…* Quiero saber dónde está mi oportunidad".

Algunos han criticado a los manifestantes por no tener un mensaje unificado o una lista de demandas concretas.

"Si vinieran aquí y hablaran con todo el mundo, van a encontrar un montón de mensajes claros", dijo Anup Desai, profesor de filosofía y geografía de la Universidad Municipal de Nueva York (CUNY) y enlace de prensa de OWS. "Este es un movimiento de movimientos, y en consecuencia todas las personas que están aquí, dedicando su tiempo estrictamente por convicción, tienen su propia agenda … Si vienen y hablan con ellos verán que esas demandas son bastante elocuentes y bien pensadas".

Merz comentaba, "en realidad esto está muy cerca del tuétano de la teología y la práctica anglicanas: uno se integra, y luego la teología se desarrolla a partir de ahí. Resulta muy inspirador tener conversaciones con la gente porque ves lo inteligentes que son, y cuan diversos".

Protestar contra la codicia

La Rda. Elizabeth Kaeton, de Delaware, dijo que percibió un mensaje claro cuando pasó el 25.° aniversario de su ordenación al sacerdocio en el parque Zuccotti el 18 de octubre.

"Todo el mundo sabe muy bien que protestan por la codicia. No es por el lujo, no es por el capitalismo", dijo Kaeton, que reside canónicamente en la Diócesis [episcopal] de Newark. "La gente está realmente enfadada por la codicia, y yo creo que eso es del todo justo… Eso fue lo que llevó a Jesús a volcar unas cuantas mesas en el Templo, la codicia y la corrupción. Ése es el problema moral del que yo creo que la Iglesia debe hablar".

El movimiento es un llamado a la Iglesia a hacerse profética, al tiempo que es pastoral "con aquellos que en verdad están luchando y que en verdad se sienten lastimados", agregó. "lo que encontré en Wall Street fue la intersección de lo pastoral y lo profético… y es ahí donde debemos estar".

"Yo sólo espero que más clérigos participen, porque creo que es realmente [el sitio] donde la Iglesia debe estar", afirmó Kaeton. "Para mí, la clase es el pecado original de la Iglesia Episcopal, y no vamos a llegar a ninguna parte a menos que confrontemos nuestro propio clasismo —en tanto seguimos confrontando nuestra racismo y nuestro sexismo y nuestro heterosexismo.

"Creo que hemos estado hablando de sexo durante los últimos 30 años, y en consecuencia no hemos hablado de dinero, y ahora es el momento", agregó. "Eso sería el regalo [que nos daría] Ocupar Wall Street: obligarnos a sostener esas conversaciones que hemos estado evadiendo durante mucho tiempo".

Provenzano dijo, "creo que aquí existe una oportunidad para nosotros de procurar una colaboración de clases, más bien que una lucha de clases, y para todos nosotros, al menos desde una perspectiva religiosa, vernos todos como pueblo de Dios".

 Desai, el enlace de prensa de OWS, dijo haber visto hace poco un montón de capellanes y ministros que estaban participando activamente [con el movimiento]. "Durante la protesta, ellos andan cerca cerciorándose de que las cosas se ventilan pacíficamente y son una especie de intermediarios entre los agentes de la policía y los manifestantes. Es estupendo verles allí asumiendo ese papel proactivo".

Cuando Michael Bloomberg, el alcalde de Nueva York, anunció el 14 de octubre que la gente tendría que abandonar el parque para que pudieran limpiarlo (una medida que luego se aplazó), Merz se quedó a acampar durante la noche y conversó con los manifestantes sobre cómo la coalición interreligiosa podría apoyarlos si eran desalojados.

"Todo el mundo sabía que una vez que dejaran el parque, había una gran posibilidad de que nadie pudiese volver a entrar", dijo Merz, que ha estado compartiendo en su blog sus experiencias en OWS. "Esa noche fue muy tensa".

Entre los que pasaron días en el parque Zuccotti se cuenta Rena Patty, entrenadora diplomada en comunicación no violenta del estado de Washington, quien se comprometió a pasar una semana en Nueva York.

En general, afirmó Merz, "esto ha sido notablemente no violento hasta ahora. Ciertamente, tenemos un lugar allí para ayudar a propagar eso".

Una excepción ocurrió cuando una de sus feligresas, Chelsea Elliott, resultó ser una de las mujeres a quien un agente de policía rocío con gas pimienta el 24 de septiembre.

"Yo había participado con Ocupar Wall Street desde el segundo día", dijo Elliott, de 25 años, que trabaja por su cuenta en imágenes digitales y es propietaria de la empresa Ban Bang New York. "Nuestra economía va de mal en peor, y las corporaciones y los ejecutivos aún tienen que rendir cuentas… Tenemos menos control sobre nuestro gobierno".

"Fue un gran alivio poder hablar acerca de estos problemas con otras personas que también se sienten enojadas por eso", dijo. "Sencillamente ha sido una gran cosa relacionarse con ellas y entablar un diálogo".

Contó que el 24 de septiembre había participado en una manifestación hasta Union Square, y luego regresaba andando al parque Zuccotti con algunas amigas. Algunos policías los detuvieron en la acera y luego alzaron una red naranja frente a ellas. Cuando el grupo que venía detrás aumentó, se produjeron algunos forcejeos y una muchacha empezó a gritar, ella cree que como reacción a una pelea.

Elliott dijo que ella empezó a gritar también cuando un agente de la policía tiró a la muchacha contra el suelo y la arrastró por el pelo hasta más allá de la red naranja. "Creí que había sufrido una conmoción", agregó. "Este policía se acercó andando desde lejos —ni siquiera nos vio, pero se dirigió a nosotros por alguna razón— y me roció a mí y a otras tres mujeres en la cara, directamente, con el gas pimienta".

Según informó el Daily News, a Anthony Bologna, subinspector del Departamento de Policía de Nueva York, más tarde le descontaron 10 días de vacaciones, o el salario equivalente, por este suceso. Elliott dijo que ella se proponía entablar una demanda civil con el intento de lograr que el departamento de policía estableciera un nuevo protocolo para lidiar con estas situaciones.

El incidente no la inhibió de participar en el OWS. "Tú puedes rociarme o golpearme. Eso realmente no va a debilitar el movimiento", dijo. "Que la rocíen a una con gas pimienta no es una experiencia agradable, pero tampoco es el fin del mundo. Definitivamente vale la pena. Creo que es muy importante para la manifestación no violenta… Temo que todo este incidente provoque un sentimiento antipolicía".

Provenzano y otros comentaron sobre el sentido de comunidad que se ha creado en el parque.

"Pienso que hay un momento sagrado en esto", dijo. "Hay un momento encarnacional, y creo que es uno de esos momentos en nuestra historia donde puede producirse un cambio real".

"Lo que dije en la reunión [del 20 de octubre] es que no creo que es tarea de la comunidad religiosa ayudar a organizarlos o ayudarlos a ser más eficientes o incluso proporcionarles los mecanismos y los instrumentos para comunicarse mejor", afirmó él. "Ellos no nos necesitan para nada que no sea el ofrecerles apoyo pastoral mientras nos dirigen y nos ayudan a ver un modo de marchar adelante a través de un montón de problemas complejos.

"Constituyen una comunidad. Son muy semejante a una iglesia", prosiguió él. "Las normas por las cuales se rigen, pienso yo, pueden ser una verdadera lección para la Iglesia, en particular para nuestra denominación. Este es el tipo de toma de decisión horizontal que va a seguir teniendo lugar en sus reuniones… No hay ningún líder. Yo estaba allí esta mañana pensando, esto parece como una especie de orden monástica que puedo reconocer. Se parece a una comunidad religiosa de la cual yo podría llegar a formar parte desde una perspectiva pastoral".

Durante las "asambleas generales" que los manifestantes celebran diariamente, hay subcomités que presentan información para ser debatida y se toman decisiones por consenso, dijo Sniffen. Como carecen de micrófonos, usan un "sistema de micrófono humano", repitiendo lo que se dice en círculos que se van ampliando en torno a cada uno de los que hablan y se valen de gestos con las manos para significar asentimiento o disensión. El liderazgo es rotativo.

"Realmente toma mucho tiempo, pero cuando se llega a un consenso es increíblemente convincente", explicó Sniffen.

El apuntó que ahora está circulando un documento que convoca a una asamblea nacional, conforme al modelo de los congresos continentales originales, que se reuniría en Filadelfia el 4 de julio para discutir y ratificar una petición de quejas al gobierno federal.

Mientras Provenzano estaba en el parque, un hombre se le acercó y le preguntó cuál era su versículo bíblico preferido, luego abrió una Biblia, leyó el versículo en alta voz y le pidió al obispo que orara con él; [finalmente] le dijo: "Gracias por estar aquí. Es importante para nosotros ver aquí a personas como ustedes, así sabemos que hacemos lo correcto". Yo pensé para mí [dijo Provenzano]: "Podría ser que lo más importante que he hecho en toda la semana sea este estudio bíblico con este hombre".

Por su parte, Kaeton dijo que varias personas la habían instado a predicar las historias que le contaban, y añadió que estaba sorprendida de "la urgencia que tienen las personas en ser oídas".

"Ellos quieren que cuenten sus historias, y están tan acostumbrados a que sus gritos caigan en oídos sordos que han recurrido a este movimiento para que puedan escucharlos y puedan confirmarse sus verdades y suceda algún cambio", contó Kaeton, quien puso en su blog algunos de estos relatos.

Los próximos pasos

Lis Jacobs, de 54 años y directora de finanzas del Hospital Presbiteriano de Nueva York, se unió a Kaeton en el parque Zuccotti por primera vez el 18 de octubre, pero dijo que tenía planes de regresar e invitar a otros a unírsele. Ella señaló que algunos de sus colegas médicos donaron tiempo de sus horas libres para atender a los manifestantes.

"Creo realmente en lo que están haciendo, y sé que soy parte de ese 99 por ciento", dijo Jacobs, que asiste a la iglesia de la Intercesión en Nueva York y es fideicomisaria de la Diócesis de Nueva York. "Si no fuera porque tengo un empleo, estaría sentada allí con ellos todo el tiempo… Le doy gracias todos los días a Dios por el Hospital Presbiteriano de Nueva York, porque tengo empleo".

Provenzano dijo que él tiene planes de regresar a OWS y de animar a su clero a que vaya. "Voy a enviar algunos correos electrónicos a mis seminaristas diciéndoles: ‘vayan allí e interactúen con esta gente. Vayan y descubran lo que está sucediendo allí. Esto es teología práctica’".

Jacobs, que ve la injusticia económica como la causa fundamental del movimiento, dijo que OWS ya la había motivado a la acción: ella cambió su cuenta de banco a una cooperativa de crédito y se propone hacer sus compras de Navidad para sus nietos en tienditas locales de familia. "Esto tiene que empezar en alguna parte".

A nivel de la Iglesia, ella no está segura de lo que sucederá. "La Iglesia Episcopal es muy grande, podríamos realmente hacer un cambio significativo con bancos y corporaciones y cosas semejantes", dijo. "Pero no sé lo que haremos. No veo ningún movimiento para hacerlo. Es un empeño gigantesco. No es lo mismo que yo tome mi pequeña cuenta corriente y la pase para una cooperativa de crédito… Hay que poner pensamiento,  y plan de acción y estructura política en lo que haríamos con esto".

En la reunión interreligiosa del 20 de octubre, los participantes discutieron si las comunidades de fe podrían ofrecer algún respiro a los manifestantes, tales como duchas y un lugar caldeado donde estar cuando el tiempo se torne más frío, dijo Provenzano. "Yo creo que eso viene".

Kaeton contó que ella estaba en contacto con los Capellanes de la Protesta, quienes se definen a sí mismos como "fundamentalmente cristianos, radicados en Boston, vinculados a la Escuela de Teología de Harvard, la Diócesis Episcopal de Massachusetts y muchas otras iglesias locales y agrupaciones religiosas".

"Mi próximo paso es trabajar con la red de clérigos sobre el terreno que quiere provocar un cambio", dijo Kaeton.

El 5 de octubre, la iglesia de la Trinidad (en Wall Street) puso un comunicado en su página web en el que invitaba a los manifestantes de OWS a usar las instalaciones de la congregación para descanso y revitalización, y recurrir a su personal para recibir cuidado pastoral.

"Estoy realmente contento de oír que la Trinidad ha abierto sus puertas y le permite a los manifestantes usar sus instalaciones sanitarias, y creo que puede haber más cosas que la Trinidad puede hacer", dijo Kaeton. "Creo que es una estupenda oportunidad para la Trinidad, así como el 11/9 lo fue para la capilla de San Pablo, de servir a personas necesitadas", tal vez proporcionándoles albergue cuando el tiempo sea inclemente, agregó.

En un correo electrónico del 22 de octubre, Linda Hanick,  encargada de comunicaciones de la [iglesia de la] Trinidad,  decía que "los salones de reuniones de la Trinidad en el No. 74 de Trinity Place y en Charlotte’s Place están siendo usados a diario por los manifestantes de Ocupar Wall Street, y que  nuestros baños públicos en tres lugares (la iglesia de la Trinidad, la capilla de San Pablo y Charlotte's Place) pueden usarse durante las horas en que [los edificios] permanezcan abiertos.

"Estamos en conversaciones frecuentes con los manifestantes, con nuestros vecinos, tanto residenciales como comerciales, y con la junta comunitaria acerca del impacto diario de Ocupar Wall Street sobre las condiciones de vida dentro de la vecindad del parque Zuccotti. La Trinidad sigue proporcionando ayuda práctica y pastoral", dijo ella. "No tenemos planes de ofrecerles albergue nocturno".

En Londres, los manifestantes han agotado la acogida de la catedral de San Pablo, que cerró sus puertas a los visitantes y a los fieles por primera vez desde la segunda guerra mundial debido a lo que su personal dijo que eran riesgos sanitarios y de seguridad ocasionados por los manifestantes de Ocupar Londres que habían acampado en las afueras de la catedral durante la semana pasada.

En un comunicado del 21 de octubre, el deán de la catedral, Graeme Knowles, dijo que, si bien él y su personal apoyaban la campaña de los manifestantes de buscar igualdad y probidad financiera, su presencia estaba obstruyendo la capacidad de la catedral de llevar a cabo sus operaciones diarias.

Subsecuentemente, los manifestantes sostuvieron una reunión urgente y decidieron que continuarán allí por el momento. La catedral ahora se propone recurrir a una acción legal para obligarlos a abandonar el sitio.

Volviendo a Nueva York, Sniffen dijo que él creía que los manifestantes sentarían una pauta significativa.

"Desde nuestra perspectiva como episcopales —ciertamente desde mi perspectiva como alguien que fue muy influido por la teología de la liberación— mi lectura del evangelio es bastante clara de que Jesús mostró una opción preferencial por los pobres y que, en situaciones de justicia económica, Jesús siempre se puso del lado de los pobres", afirmó Sniffen. "Tengo muchísimas esperanzas en el movimiento. Creo que existe la posibilidad de que esto conduzca a una auténtica transformación de nuestro sistema económico en este país y esperemos que de otros sistemas también".

-- Sharon Sheridan es corresponsal de ENS. Lynette Wilson, editora y reportera de ENS, colaboró en la redacción de este artículo. Traducido por Vicente Echerri.

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