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Los clérigos deben mantener los límites tradicionales en el nuevo mundo de las redes sociales

El crear normas constituye un reto, dicen algunos observadores

[Episcopal News Service] Cuando la Red del Ministerio de los Jóvenes en la III Provincia de la Iglesia Episcopal dio a conocer a principios de este mes una serie de normas para la interacción con los jóvenes a través de las redes sociales, resultó lo más avanzado de un creciente esfuerzo por ayudar a orientar a los ministros cuando transitan por el espacio digital.

Hace dos o tres años, cuando Elizabeth Drescher hacía investigaciones para su libro Tweet if You ♥ Jesus, [Si amas a Jesús, compártelo por Twitter ], dijo que la "gran discusión era sobre por qué necesitábamos hacer esto, por qué eso importaba?"

Ahora, agregaba ella, "esa discusión está bastante trascendida… ahora están realmente empezando a batallar respecto a cuál es la mejor manera de hacerlo a la luz de nuestros principios y costumbres para el ministerio profesional. Apenas se está desarrollando. No existe realmente un criterio claro respecto a cómo funciona".

El Rdo. Jake Dell, encargado principal de mercadeo y publicidad de Episcopal News Service, está de acuerdo, al tiempo que hace notar que el ambiente digital no es estático, sino que, por el contrario, "es tan novedoso y cambia tan rápidamente que a cualquier sistema le costará trabajo conservar el ritmo".

La Iglesia está tratando de ponerse al día en este ambiente, dijo la Rda. Victoria Duncan, jefa de la Oficina del Ministerio de Transición de la Iglesia Episcopal. "Estamos intentando abrazar aquello en que la cultura va muy por delante de nosotros", afirmó. A través de la oficina del ministerio de transición, las personas que buscan empleo en la Iglesia pueden mantener carpetas electrónicas en las cuales registrar su presencia en los medios digitales, tales como las cuentas de Facebook o LinkedIn.

La cuestión de cómo los clérigos deben conectarse con los miembros de la Iglesia es un tema viejo, pero las límites porosos de las redes sociales entre la comunicación pública y la privada suscitan interrogantes respecto a dónde y cómo el clero debe mantener una presencia digital. Esas interrogantes exigen mayor atención cuando se trata de relacionarse con los jóvenes; de ahí las normas de la III Provincia que sugieren modos de "aplicar principios comúnmente aceptados de límites sanos para la interconexión y la comunicación digitales".

Tradicionalmente, se espera que los clérigos sean conscientes de sus relaciones con las personas de sus congregaciones, de manera que las necesidades de los feligreses, más que las del clérigo, resulten atendidas, y en consecuencia que el clérigo no abuse de la posición de poder inherente a su puesto.

"Tenemos que recordar que no somos mejores ni peores, sino que estamos en una categoría diferente que viene acompañada con cosas que son estupendas y cosas que no son divertidas con las que tenemos que vivir", dijo Duncan.

Con frecuencia las preocupaciones se reducen a si un sacerdote puede ser amigo de sus feligreses. Y, amigo o no, la mayoría de las diócesis tienen normas respecto a si un rector que esté en vías de dejar una parroquia puede seguir relacionándose con sus miembros, y, de ser así, de qué manera. A menudo se espera que el cónyuge de un clérigo acate esas normas —un requisito difícil si ellos [los cónyuges] han decidido conectarse digitalmente con los feligreses, aun si el clérigo no lo hubiere hecho.

Dell dijo que si bien estas normas están regidas por la "prudencia" "no conozco a nadie de esta época que esté dispuesto o se sienta cómodo diciendo que al dejar un ministerio uno tiene que cerrar su cuenta de Facebook y dejar de ser amigo de sus feligreses".

No obstante, Drescher dijo conocer a ministros que han hecho exactamente eso. Un pastor presbiteriano que iba a dejar su congregación anunció a todos sus amigos de Facebook que, debido a la política de la denominación en contra de mantener contacto [con los miembros de la congregación que se deja], él cerraría su página de Facebook cuando se fuera y abriría una nueva en la cual sólo invitaría a sus amigos personales. Sus anteriores feligreses, podrían volver a hacer amistad con él dentro de un año, si para entonces aún deseaban conectarse.

El Rdo. Alex Dyer, sacerdote a cargo de la iglesia episcopal de San Pablo y Santiago [St. Paul & St. James] en New Haven, Connecticut, dijo que encontrar la postura adecuada en la Internet "no es tan diferente en muchos sentidos. Se aplican las mismas limitaciones… Simplemente basta que usted sea cuidadoso".

En tanto algunos clérigos quieren evitar absolutamente el entorno de los medios sociales porque se sienten abrumados por las opciones y temerosos de sus implicaciones, otros dicen que eludirlos no es posible, amén de resultar contraproducente y de excluir el uso de una poderosa herramienta de evangelización.

Dell añadió que la prudencia es fundamental para afirmar la identidad de uno en este nuevo territorio. La gente debe crear una presencia en Facebook de tal manera que no le roben su identidad, lo cual le ha sucedido a clérigos. "Sencillamente no puedes evadirla. No puedes simplemente decir no voy a seguir en esto", agregó. "Por lo menos tienes que reclamar ese pedacito de la Internet que quieres [reservar] para ti".

Drescher apunta que, con 750 millones de usuarios de Facebook en el mundo, ese sitio de interconexión social ocuparía el tercer lugar en número de pobladores si fuera una nación real. Algunos estudios muestran que el 60 por ciento de las mujeres mayores de 18 años se encuentran en Facebook y esa cifra es aproximada a la de los hombres. Además, las personas más activas en los sitios de las redes sociales es muy probable que participen muy activamente en el mundo, añadiendo que existen "correlaciones positivas muy fuertes" entre la participación en las redes sociales y el voluntarismo, y entre el voluntarismo y el compromiso religioso.

"Es un territorio muy vasto, y debemos estar allí", afirmó. "Es realmente importante que las personas con un liderazgo en la Iglesia comprendan como luce el paisaje de los medios digitales" y cómo, por ejemplo, Twitter es diferente de Facebook y de LinkedIn.

"Debemos pensar extensa y arduamente sobre la manera en que participamos en ese mundo en base a las costumbres que ya son parte de nuestra tradición", dijo Drescher. "No son nuevas costumbres que debemos inventar. Todo lo que necesitamos saber es cómo se ve este nuevo panorama".

Un rasgo del panorama de los medios sociales es el de estar "intensamente interconectado de manera que probablemente tengas la experiencia de entrar en la tienda digital de alguien con más frecuencia de lo que podrías hacerlo en tu contexto local". En otras palabras: ¿puede alguien realmente levantar una frontera resistente entre lo público y lo privado?

Drescher dice que no. Incluso los clérigos que interactúan con sus feligreses sólo en la página de Facebook congregacional y crean una página o un grupo diferente para su familia y sus amigos ajenos a la congregación, no pueden garantizar que esos dos ambientes se mantengan separados. Si una persona tiene amigos en ambos sitios, pueden reenviar y compartir cosas desde cualquier página y en consecuencia "no hay nada privado en Facebook", afirmó.

Sin embargo, añadió  Dyer, "puedes controlar lo que descargas allí. La gente cree que su vida completa va a estar en este enorme libro abierto y ése no es el caso. Puede ser, pero ésa es tu decisión".

Dyer no tiene una página personal de Facebook, pero la que mantiene es "totalmente profesional". En esa página él ocasionalmente pone información que otros pudieran considerar personal, tal como lo que hace en sus vacaciones.

"Creo que hay algún beneficio en dejar que la gente incursione en mi vida privada", dijo. "La gente puede ver un lado mío distinto del que ven el domingo por la mañana, y conectarse conmigo en un nivel diferente. Me torno un poquito más real: un poco más humano y un poco menos institucional".

Esos beneficios funcionan en ambos sentidos, agregó. Entablar amistad con personas en Facebook puede ser pastoralmente beneficioso, dijo Dyer, porque le permite [al clérigo] ponerse en contacto con personas que no ha visto en la iglesia últimamente sin sonar que está importunándolas respecto a su asistencia.

La Rda. Diana Clark estaba contemplando jubilarse como rectora de la iglesia episcopal de San Juan [ St. John’s], en Montclair, Nueva Jersey, al tiempo que Facebook se hacía cada vez más popular. Ella recibió solicitudes de amistad de algunos feligreses, pero no las aceptó. "Sencillamente creí que Facebook no sería un lugar adecuado para relacionarme con los miembros de la parroquia, a menos que fuera específicamente la página de Facebook de San Juan.

"Si hubiera abierto una página de Facebook  para que los miembros de la parroquia pudieran estar conmigo en Facebook, entonces, ¿voy a hacerles un acción ‘inamistosa’ cuando me vaya?", agregó.

Con tantos jóvenes usando las redes sociales y valiéndose de mensajes de texto como su modo de comunicación fundamental, se suscitan más interrogantes. Por ejemplo, ¿hay una diferencia ética entre un miembro joven de una congregación "haciéndose amigo" de un adulto como el ministro de los jóvenes, y el ministro de los jóvenes "haciéndose amigo" de éstos? ¿Existen algunas obligaciones morales respecto a los dichos y la conducta de un ministro de los jóvenes que pudiera llegar a interactuar con personas jóvenes a través de Facebook?

Drescher dijo que ella había pasado los últimos tres años tratando de encontrar abogados canónicos y otros [expertos] que hablaran acerca de lo que podría ser legalmente apropiado en un ambiente digital, pero "debido a que no ha habido ningún litigio hasta ahora, nadie quiere hablar de eso".

Al final, mientras se crean las normas y el paisaje se mantiene cambiante, parece que las viejas reglas siempre se pueden aplicar.

Dyer instó a ejercer el sentido común. "Siempre va a haber personas que tienen problemas con los límites y desafortunadamente Facebook no es más que otra oportunidad de violar esos límites".

La gente tiende a creer que la tecnología está alterando de algún modo sus relaciones, agregó Drescher, pero insistió que no, y que los clérigos no tienen que hacer nada "radicalmente distinto".

"Lo importante es no hacer del modo en que nos comunicamos con los seres humanos [en las redes sociales] algo más exótico de lo que sería nuestra experiencia [de comunicación] cara a cara", dijo. "Debemos ser receptivos y generosos y solícitos con los demás en ambos espacios".

-- La Rda. Mary Frances Schjonberg es editora y reportera de Episcopal News Service. Traducción de Vicente Echerri.

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