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Sin trucos, pero con regalos, oraciones y música, los episcopales honran a los difuntos en un fin de semana de celebraciones.

La iglesia de la Trinidad en Wall Street estrena altar virtual

[Episcopal News Service] Baúles de autos y regalos, música truculenta y cautivante, premios de calabazas ecológicas y altares conmemorativos de los antepasados — tanto reales como virtuales — son sólo algunas de las formas en que las iglesias episcopales se proponen celebrar el delicado triduo de las fiestas de Halloween, Todos los Santos y los Fieles Difuntos.

Las tres festividades —Halloween o Víspera de Todos los Santos [All Hallow's Eve] el 31 de octubre; el día de Todos los Santos, el 1 de noviembre y el de los Fieles Difuntos, el 2— tienen por objeto recordar a los que han muerto y orar por ellos. En algunos países latinoamericanos el llamado Día de los Muertos se celebra del 1 al 2 de noviembre y es también ocasión para recordar a los seres queridos que ya han partido de esta vida.

Un júbilo nervioso es lo que la Rda. Mary Janda esperaba para la segunda celebración anual de "baúles de autos y regalos" que tendría lugar el domingo 30 de octubre en la iglesia de Todos los Santos de Salt Lake City, Utah.

Comenzará con un oficio dominical ordinario a las 9:15 A.M., en el que los jóvenes suelen desempeñar una serie de funciones litúrgicas, tales como servir de ujieres, lectores y portadores del cáliz. "Cualquiera que predique hace un sermón para los niños y trae los chicos al altar", donde permanecen durante la Eucaristía, dijo Janda el 27 de octubre en una entrevista telefónica desde su oficina.

"El año pasado tuvimos alrededor del altar a varias brujas realmente aterradoras, un duende y un niño de tres años con una capa de Elvis y un traje de satín blanco. Si alguien no sabía lo que estábamos haciendo, podría haber pensado que Todos los Santos había caído en manos del demonio", agregó Janda riendo por lo bajo.

Después del oficio, los adultos se alinean para ofrecerles a los niños golosinas de Halloween que traen en los baúles de sus autos.

O no.

No hubo bromas el año pasado, sólo lluvia. De manera que el evento, planeado en un principio para el estacionamiento —a fin de que los niños, desde preescolar hasta la primera superior, pudieran ir pasando a recoger sus regalos de un auto al otro— tuvo que hacerse dentro. Se había planeado como una actividad divertida en un ambiente seguro con personas conocidas, y este año se quedó dentro, contó Janda.

"Nos hemos divertido haciéndolo", dijo Janda, quien agregó que está impaciente por ver quién viene vestido de qué a la celebración de este año. "Es difícil conservar la seriedad cuando uno ve algunos de esos disfraces".

Las Emisiones Otoacústicas ofrecerán una espectáculo de Halloween muy diferente en la iglesia de San Agustín [St Augustine ] en Tempe, Arizona, el lunes 31 de octubre. "La mejor manera de describirlo es como una impresionante meditación musical", dijo Chet Sundin, chantre o líder del coro.

La celebración anual de la Víspera de Todos los Santos suena como una profunda celebración basada en la iglesia gótica y que consiste en zumbidos de la serie armónica, bajo la dirección del compositor y organizador Jacob Adler, el organista de la iglesia, que también enseña en la Universidad del Estado de Arizona.

"Se trata simplemente en venir y experimentar una forma inusual de práctica espiritual" concebida como una reflexión meditativa sobre la vida y la muerte, dijo Sundin, quien explicó que una procesión de 40 cantores y 20 instrumentalistas entrará en el santuario a oscuras, tarareando con la boca cerrada y se sentarán en semicírculo en torno a una serie de velas encendidas que pretenden semejar una fogata.

"Vamos muy lentamente a través de las series armónicas. Toma 90 minutos en total y comienza muy suavemente. El tono y las notas cambian gradualmente y el volumen aumenta… Hay un gigantesco crescendo y luego descendemos a un tono muy bajo, para finalmente salir en silencio.

"Es un poquito sobrecogedor e intenso", agregó Sundin. "La idea es que nos unimos en una reflexión y meditación musical para recordar a los que se han ido antes que nosotros. Eso es una parte de ello".

La iglesia episcopal de la Gracia [Grace Episcopal Church] en Oak Park, Illinois, en la Diócesis de Chicago, participó el 15 de octubre en un "Halloween verde" de toda la comunidad, según la rectora, Rda. Shawn Schreiner.

Anunciada como as "una revolución sana, ecológica y divertida", el Halloween verde es un programa que empezó en Seattle hace ya cuatro años y se ha expandido a más de 70 ciudades de EE.UU. Según la página web de la organización, su propósito es crear, a partir de Halloween, tradiciones festivas infantiles y amigas de la tierra.

Schreiner dijo que Grace sirvió como sitio de matrícula, donde se repartieron pequeñas calabazas orgánicas a los que salían a pedir regalos y a otras personas que venían a visitar las empresas locales. "Teníamos también un animador que se ocupaba de la música y brindamos cidra sin alcohol y palomitas de maíz orgánicas a las personas según entraban y salían".

El evento "fue una nueva oportunidad de escalar un nivel para empezar a tener algunas conversaciones y sermones en torno al impacto ecológico y lo que significa crear un medio ambiente saludable para los que estamos aquí hoy y para los que heredarán lo que hayamos hecho o lo que no hayamos hecho", dijo Schreiner.

La congregación también se propone celebrar un oficio de recordación y restauración a las 7:30 P.M. del 1 de noviembre. "Las personas tendrán la oportunidad de traer fotos u otros objetos que les recuerden a alguien que ellos hayan perdido, o si hubiere otra pérdida en sus vidas venir y presentarla en la iglesia".

El coro cantará "Lux Aeterna" del compositor angelino Morten Lauridsen (1997) y "durante ese tiempo tendremos estaciones alrededor de la iglesia donde las personas puedan ir y encender velas o sentarse en silencio mientras escuchan la música. También pueden acercarse para ser ungidos si sienten que lo necesitan en sus vidas".

El 27 de octubre, Lupe García, de 35 años, pasó varias horas creando un altar de tres pisos para la celebración anual del Día de los Muertos en la iglesia episcopal Immanuel, en El Monte, Diócesis de Los Ángeles.

El altar es un modo de recordar y compartir historias de sus queridos abuelitos. "Mi abuelo era el que nos contaba muchas historias y siempre fue muy amable con nosotros", dijo García a través de un intérprete.

"Mi abuela acostumbraba a hacerme cuentos divertidos y a contarme chistes todo el tiempo. Ella siempre estaba dispuesta a escuchar. Con ella yo sentía que contaba con alguien a quien acudir que escucharía y me aconsejaría y me ayudaría", agregó.

Debido a que a su abuela le gustaba la miel, García puso un frasco de pegajosas golosinas en el altar, junto con pan de muerto —un pan blanco dulce en forma de cruz y recubierto de azúcar.

Ella puso también en el altar recuerdos en honor de otros ocho miembros de su larga familia, y de dos de sus hijos, Emanuel y Lupita, que nacieron muertos. Junto con las fotos hay una calabaza comestible, café e incluso una botella de cerveza para un pariente a quien le gustaba beber cerveza de vez en cuando.

Pese a sus esqueletos y sus calaveras de azúcar, el Día de los Muertos no es otra versión de los fantasmas y duendes de Halloween, sino un día de recordación de los seres queridos que han muerto, dijo el Rdo. Gary Bradley, rector de Immanuel.

Según la tradición de algunos países latinoamericanos, los espíritus de los difuntos regresan el Día de los Muertos —los niños el 1 de noviembre o día de Todos los Santos, y los adultos el día de los Fieles Difuntos— y necesitan de algunos refrigerios, de manera que sus comidas y bebidas preferidas se ponen en los altares para ellos.

Las calaveras de azúcar que llevan los nombres de aquellos a los que conmemoran se colocan también en el altar, junto con flores de muerto, cempasúchil o caléndulas doradas, y velas. Las caléndulas a veces se esparcen por la senda para que el ser querido difunto se dirija sin dificultad a los altares.

"Las calaveras no tienen nada que ver con Halloween ni con duendes", explicó el Rdo. Bradley, "Son parte de la naturaleza celebratoria de vivir en el mundo y recordar las cosas buenas de cuando una persona estaba viva. Existe una tradición de que comer la calavera [de azúcar] representa parte de la alegría de no tener miedo a la muerte.

Cada año, las familias de [la congregación de] Immanuel levantan los altares de la familia, usualmente la semana antes de Halloween en conmemoración del Día de los Muertos. Los altares, llenos de colorido, se ponen dentro de la iglesia, donde también hay un gran altar comunitario para los que optan por no hacer individuales.

Bradley dijo que la creación de los altares es un modo de "concretar la memoria, la realidad de quien fue esta persona que amaron".

"Usualmente es muy alegre", añadió la Rda. Kesha Brennon, rectora asociada. "El montaje [de los altares] suele conllevar un montón de trabajo. Es una ocasión solemne, pero puede ser también una oportunidad de que las personas expresen su pesar y su duelo, así como celebren la vida".

Para García, es ambas cosas. "Me toca muy profundamente el corazón", dijo. "Me divierto haciéndolo porque creo y siento que ellos (los seres queridos) se alegran viéndome hacer el altar y dejándolo listo para ellos".

Ella añadió que: "Parte del placer de esto es saber que les gratifica o los hace felices que me tome bastante empeño en hacerlo para ellos".

En la ciudad de Nueva York, la iglesia episcopal de la Trinidad ha levantado un altar virtual para que todo el universo de Internet honre a sus seres queridos y comparta fotos y recuerdos de ellos.

Los usuarios de Internet pueden honrar a sus seres queridos del 16 de octubre al 2 de noviembre haciendo un clic aquí.

La iglesia, situada en Broadway y Wall Street, tiene también un lugar de recordación real, físico, donde se invita a las personas a dejar fotos, notas, velas o flores, símbolos de sus seres queridos que han muerto.

"El año pasado, sospechábamos que el Altar del Recuerdo atraería a la gente, pero en verdad el entusiasmo que despertó trascendió nuestras expectativas, tanto en el virtual como en el real", dijo en un comunicado de prensa el Rdo. Daniel Simons, sacerdote encargado de liturgia, hospitalidad y peregrinación en la iglesia de la Trinidad de Wall Street.

"Claramente, los muertos siguen estando con nosotros, en nuestras mentes y en nuestros corazones. Nuestras almas y nuestros cuerpos andan en busca de una oportunidad concreta para dar testimonio de esa conexión", afirmó.

La Trinidad auspició también un evento de Halloween el viernes 28 de octubre, en que los participantes pudieron crear recuerdos para ponerlos sobre el altar de la iglesia. Los nombres de los que murieron durante el último año se leerán el 2 de noviembre en las liturgias de los Fieles Difuntos, transmitidas en directo por Internet a las 12:05 P.M. y las 6 P.M. y disponibles a solicitud en la página web de la Trinidad.

El domingo de Todos los Santos se celebrará en la Trinidad el 6 de noviembre a las 11:15 A.M. con una Eucaristía festiva.

Entre tanto, fotos y recordatorios han comenzado a aparecer en el altar virtual de la Trinidad.

Como ésta de Anne Mary Teresa: "En amorosa memoria de mi querido papá, Charles Wallace Winter, 25 de junio de 1906-16 de agosto de 1986. ¡Sigues estando y siempre estarás, mi queridísimo Papá!".

Y de Elisabeth Jacobs, en memoria de "Mi mejor amiga Sandra Wilson".

El 16 de octubre, el recordatorio de Al DiRaffaele en memoria de su mamá suscitó una conversación virtual. "Ayer fue el 12.° aniversario de mi mamá", escribió él. "Que ella y todos nuestros seres queridos descansen en paz, AMÉN".

Este comentario le "gustó" a Elizabeth Colette Melillo, quien respondió: "Hermosa señora". Por un minuto pensé que era igual a Rita Hayworth"

"Durante toda su vida todo el mundo se creía que ella era Rita", contestó su hijo Al. "De hecho, mi mamá falleció el 17 de octubre, el día del cumpleaños de Rita Hayworth. Una coincidencia interesante…"

In English

-- La Rda. Pat McCaughan es corresponsal de Episcopal News Service y está radicada en Los Ángeles. Traducido por Vicente Echerri.

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