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Primer Domingo De Adviento
Isaías 63, 16b-17. 64,1-8
Salmo 80, 1-7
1Corintios 1,3-9
Marcos 13, 33-37

        ¡Feliz año nuevo! Algunos se preguntarán sobre el porqué de este saludo, y es que hoy iniciamos un año nuevo. No se trata del año secular que regula nuestras actividades diarias en la sociedad, sino de una año nuevo litúrgico. El año litúrgico regula nuestras actividades diarias en el camino de la salvación hacia la vida eterna.

         Por otra parte, la liturgia abarca todas las actividades que realizamos en la Iglesia. Estas actividades incluyen los ritos, los sacramentos y la oración comunitaria. Es decir, es una actividad sagrada y santa, en la que participan los cristianos que se encuentran en el templo en oración.
En lo referente a las lecturas que se leen en la eucaristía los años litúrgicos están divididos en tres ciclos, llamados A, B, y C, en los cuales leemos casi todos los libros de la Biblia.

         Hoy iniciamos el ciclo B, y con él empezamos la lectura del Evangelio de San Marcos. Como éste es el más corto de los cuatro evangelios, las lecturas serán completadas más tarde con el de San Juan.

         También entramos en la estación de Adviento, que es un tiempo de espera. Nos recuerda la esperanzadora espera del pueblo judío en un mesías libertador, que nosotros reconocemos como Jesucristo nuestro Salvador. Pero el tiempo de Adviento es también para nosotros una preparación para un futuro final, para el día en que nos veremos cara a cara con Dios: fin y cconsumación de todos nuestros deseos.

         Generalmente, los domingos precedentes al primero de Adviento nos hablan del final del mundo, de la consumación de la historia; y lo hacen con un lenguaje apocalíptico, que evoca miedo y pánico. Precisamente el capítulo trece del Evangelio de San Marcos es todo él un discurso escatológico, un discurso que versa sobre el final de los tiempos. Al final del capítulo nos amonesta a que adoptemos una actitud sabia y prudente: "¡Velad!", nos dice.

          Esta actitud vigilante tiene validez eterna mientras vivamos en camino hacia el más allá. ¡Velad!, es una urgencia a estar siempre preparados, a estar siempre alerta. Alguien ha comentado que el peor de los "ismos", no es el socialismo, el comunismo, o el capitalismo, sino el sonambulismo. Andamos como dormidos y sólo cuando una emergencia o una catástrofe se nos echa encima nos acordamos de Dios. ¿Cuánta gente viene a misa los domingos? Sólo un porcentaje muy pequeño. Mas cuando algo grave les agobia, vienen a pedir un milagro. Jesús quiere que estemos en la presencia de Dios constantemente; de esa manera, nada nos puede asustar.

          El evangelio nos dice:
          ¡Velad para que no os durmáis con la falsa seguridad que ofrecen las cosas materiales!
          ¡Velad para que no os durmáis en la oscuridad de las tentaciones del mundo, y no seáis capaces de ver la luz divina!
          ¡Velad para que no os durmáis en la seguridad de vuestra religión y no seáis capaces de amar a Dios!
          ¡Velad, cristianos, velad, porque no sabéis el día ni la hora! ¿Quién puede fijar una edad a su vida? ¿Quién puede decir, "viviré ochenta años", cuando puede que hoy mismo esa persona muera de accidente de coche?

          Para poder velar necesitamos tiempo de reflexión y meditación. Con el paso alocado que lleva el mundo es difícil reflexionar. Por ello, la Iglesia nos invita a tomar espacios de reflexión. Nos invita a acercarnos al templo, y, en el silencio, elevar la mente a Dios y pedirle ayuda y luz para ver cómo van nuestras vidas. Nos invita a realizar propósitos de mejora, y de compromiso para con nuestros hermanos, y así juntos, poco a poco, cambiar la sociedad. Nos invita a superar una vida de sonámbulos y comenzar a vivir en constante alerta hasta que Dios nos llame.

          Mientras tanto, recemos esta oración del profeta Isaías:

          "Oh Dios, tú eres nuestro padre, nosotros la arcilla, y tú el alfarero: somos todos obra de tu mano. No te excedas en la ira, oh Dios, no recuerdes siempre nuestra culpa: mira que somos tu pueblo" (Is 64,7-8).



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