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Tercer Domingo de Cuaresma
Éxodo 20,1-17
Salmo 19,7-14
Romanos 7,13-25
Juan 2,13-22

       Los Mandamientos de Dios son una lista de obligaciones a cumplir o acciones a evitar. Cuando los obedecemos, nos ayuda a vivir una vida civilizada.

       La lectura del Éxodo contiene los Diez Mandamientos. Los Diez Mandamientos son como un mapa para lograr una sociedad equilibrada. Y ¿qué mejor tiempo que el actual para reafirmar la necesidad de cumplir los Diez Mandamientos como cimiento de una comunidad sana? Ahora que abundan los asesinatos; que el uso de drogas es común; que las familias se desintegran; que se abusa de mujeres, niños y ancianos; que el materialismo es desenfrenado...¿No creen que esta Cuaresma es una buena ocasión para comprometernos a revisar y a seguir los mandamientos que Dios nos dio para nuestro bienestar? Creo que sí.

        Primer Mandamiento: "No tendrás otros dioses delante de mí". La ley de Dios está basada en un pacto de amor establecido entre Dios y la humanidad. La naturaleza de Dios es amor. Y nosotros estamos llamados a responder a ese amor. De la única forma que podemos responder es colocando a Dios como centro de nuestras vidas.

        Segundo Mandamiento: "No te harás imagen alguna". En el mundo existen miles de dioses falsos: dinero, poder, drogas, gente, seguridad en cosas materiales, etc. No debemos permitir en nuestras vidas nada que nos aparte de Dios. Quizás se pregunten ¿por qué? Porque nos convertimos en eso que adoramos. Si queremos ser lo que Dios quiere que seamos, criaturas hechas a su imagen, no podemos esclavizar nuestras vidas con algo que sea menos que Dios. Darle valor absoluto a cosas que tienen valor relativo es una enfermedad espiritual. San Agustín dijo: "Hay un vacío en nuestras almas que sólo Dios puede llenar".

         Tercer Mandamiento: "No invocarás en falso el nombre del Señor tu Dios". Faltarle el respeto a Dios es disminuir su santidad. Tomar el nombre de Dios en vano es faltarle el respeto que le debemos.

         Cuarto Mandamiento: "Recuerda el día de descanso para santificarlo". Tenemos que dedicarle tiempo a Dios. Nuestras almas necesitan descansar de las preocupaciones materiales y disfrutar de lo espiritual. Tenemos que olvidarnos de lo finito y pensar en lo infinito. Tenemos que ponerle ese enfoque a nuestras
vidas.

         Quinto Mandamiento: "Honra a tu padre y a tu madre". Los padres cooperan con Dios en la concepción y crianza de los niños. Participan en esa responsabilidad divina y por tanto en el honor que Dios recibe. Pero para recibir ese honor también tienen que ser responsables y tratar de ser fieles a la inmensa responsabilidad que tienen.

         Sexto Mandamiento: "No matarás". Nuestra sociedad, enamorada de las armas de fuego y de la violencia, necesita oír esto. Necesita darse cuenta de que la vida humana es sagrada, de que el suprimir una vida humana destruye la harmonía de la creación.

         Séptimo Mandamiento: "No cometerás adulterio". La pureza de la vida familiar, basada en la santidad del matrimonio, es uno de los pilares del plan de Dios. Por eso, la santidad de una relación comprometida es la norma para el pueblo de Dios. La familia es la comunidad de fe más pequeña y básica. El laboratorio donde cada día aprendemos a amar y a ser amados. Y cuando fallamos, aprendemos a perdonar y a ser perdonados.

         Octavo Mandamiento: "No robarás". La ley de Dios protege nuestras posesiones. Cuando tomamos lo que pertenece lícitamente a otros, obramos contra el deseo divino para el bienestar de su pueblo. Las personas víctimas del robo conocen ese terrible sentimiento.

         Noveno Mandamiento: "No darás testimonio falso, ni mentirás". Mentir tiene que ver con el carácter de la persona. La mentira corroe la vida de la comunidad. Destruye la confianza necesaria en una vida en común. La mentira es la antítesis de Dios, que es la verdad.

         Décimo Mandamiento: "No codiciarás nada de lo que pertenezca a tu prójimo". Este mandamiento tiene que ver con nuestro corazón y no con nuestros actos externos. No podemos tener una relación buena con alguien si codiciamos lo que esa persona tiene. Si la envidia está comiendo nuestras almas no podemos tener paz interior.

         Queridos hermanos y hermanas aprovechemos esta oportunidad para reflexionar cómo vivimos nuestras vidas. Si vivimos llenos de amor y de paz, si somos justos y misericordiosos, ayudándonos los unos a los otros, cumpliendo con la voluntad de Dios. O si vivimos una vida de maldad. Si usamos a otros obramos el mal. De la misma forma que sufrimos las consecuencias ignorando la gravedad. También las sufriremos si ignoramos la ley de Dios.



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