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Domingo de Pasión: Domingo de Ramos
Isaías 45, 21-25
Salmo 22, 1-11
Filipenses 2, 5-11
Marcos (14,32-72) 15,1-39 (40-47)

      Hosanna al Hijo de David, bendito el que viene en nombre del Señor, el Rey de Israel. ¡Hosanna en el cielo! Así aclamó hoy el pueblo a Jesús, y en unos días, ese mismo pueblo, gritaría: ¡Crucifíquenlo, crucifíquenlo! ¿Por qué?

      Algunos lo hicieron por ignorancia: no sabían quién era Jesús, vieron a otros seguirle y lo siguieron, pero no sabían a quien seguían. Ahora oyen a otros gritar: "crucifíquenlo, crucifíquenlo", y se unen al griterío.

      Tal vez otros lo hicieron por miedo: como algunos líderes religiosos. Puede que éstos tampoco conocieran verdaderamente a ese hombre llamado Jesús. Se dieron cuenta que era alguien diferente pero no supieron por qué: sanó a los enfermos, perdonó los pecados, resucitó a los muertos (como a Lázaro), restauró la vista a los ciegos y oído a los sordos, expulsó demonios. Vieron que otros seguían a Jesús, pero jamás creyeron en él como Hijo de Dios. Sus clamores de "crucifíquenlo" no eran gritos de ignorancia, sino de miedo. Miedo a perder el control sobre el pueblo. Miedo a no ser aceptados como líderes religiosos. Miedo también, a que este hombre fuera el Hijo de Dios y entonces tener que cambiar casi todo lo que hasta el presente habían practicado.

       Pero, ¿nosotros qué? ¿Le damos la bienvenida a Jesús por ignorancia, porque todos lo hacen? ¿Le damos la bienvenida por miedo, miedo a lo que nos pueda pasar si no lo hacemos? O ¿le damos la bienvenida porque realmente sabemos quién es?

       Cuando le damos la bienvenida en nuestras vidas por ignorancia, decimos cosas como: vengo a la iglesia porque mis padres siempre venían aquí; soy católico, metodista, presbiteriano, episcopal, porque mi familia lo es; vengo a esta iglesia porque aquí vienen mis amigos.

       Si alguien nos preguntara por qué damos culto a Jesús. La verdad es que no sabemos por qué. Le cantamos himnos. Le oramos, pero, ¿por qué? ¿Quién es ese que nos "viene en el nombre del Señor?"

       Si le damos la bienvenida en nuestras vidas por miedo, tal vez digamos cosas como las siguientes: tengo miedo a no hacerlo; no sé mucho de él, pero sé que es diferente; sin embargo, si las cosas no salen como yo lo había anticipado, también gritaré: "crucifíquenlo". Si acepto a Jesús sólo por miedo, entonces mi compromiso sólo va a durar hasta que me encuentre en alguna dificultad.

       Con este Domingo de Ramos la Iglesia comienza la semana más importante de la fe cristiana. Hoy recordamos que Jesús entró en Jerusalén y que fue recibido como rey. Hoy empieza la Semana Santa.

       Jesús ha orientado su caminar hacia Jerusalén y con ello que se inicia el camino de la cruz. El jueves será importante porque recordamos cuando Jesús se humilló, lavó los pies a sus discípulos, e instituyó la santa Eucaristía. El Viernes Santo recordamos cuando Jesús fue crucificado y murió por nosotros. Murió por el perdón de nuestros pecados. Y, finalmente, el domingo de Resurrección, en el que recordamos y vivimos la Pascua del Señor, su paso por esta tierra. Su paso salvífico.

        El vive y está en el mundo hoy, camina con nosotros, habla con nosotros, y nos asegura que le pertenecemos, no por ignorancia, ni por miedo, sino por amor. Ese amor que tuvo por nosotros quedó manifiesto porque, "aunque era de naturaleza divina, no insistió en ser igual a Dios, sino que hizo a un lado lo que le era propio... y por obediencia fue a la muerte" (Flp 2,5-11).

        Que Dios ponga ese amor en nuestros corazones esta mañana. Que esa llama de amor alumbre nuestro caminar durante esta Semana Santa.




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