Resources

Sort resources below

‹‹ Return
Segundo Domingo de Epifanía

1 Samuel 3, 1-10 1
Salmo 63, 1-8
1 Corintios 6, 11b-20
Juan 1, 43-51

      Hoy día dependemos tanto del teléfono que sin él nos sería difícil vivir. Usamos del teléfono para mantenernos en contacto con nuestros familiares, con nuestras amistades y con el mundo de negocios. Y todos los días oímos sonar el timbrecito unas mil veces. Son llamadas de todo tipo, unas agradables y otras que no quisiéramos recibir.

      Ahora bien, también nos llegan diariamente llamadas de Dios. Llamadas que a veces no oímos porque andamos distraídos por las humanas. Y se requiere, por nuestra parte, un pequeño esfuerzo para descifrar las llamadas divinas. Éstas se manifiestan a través de los contactos que mantenemos todos los días; se manifiestan a través de cualquier acontecimiento diario.

      La historia de Samuel se inicia antes de su concepción. Su madre, Ana, era estéril. Nos dice la Biblia que Ana lloraba sin consuelo, y rogaba devotamente a Dios que le diera un hijo y se lo ofrecería a su servicio. Nació Samuel. Fue presentado en el templo. Luego, de niño, empezó a servir en el templo, cuando recibió la llamada especial. Dios le quería para ser uno de los grandes profetas del pueblo hebreo. Samuel fue quien ungió a David como rey de Israel.

      Cuando Dios le quiere a uno para una empresa importante no cesa de llamarle. Algunos han recibido la llamada divina al sacerdocio a los doce años, otros a los sesenta o más tarde y tras ejercer otras careras en el mundo de los negocios. Algunos han querido abandonar su vocación, mas Dios no lo permitió.

     Todos somos instrumentos inútiles. Sin embargo, Dios actúa sirviéndose de nosotros. San Pablo recuerda a los de Corinto que "Dios ha escogido lo débil
del mundo, para confundir lo fuerte. Lo plebeyo y despreciable del mundo ha escogido Dios. Para que ningún mortal se gloríe en la presencia de Dios" (1Cor 1, 27-29).

     Tenemos una ilustración de esta doctrina en el evangelio de hoy. Cuando Felipe dice a Natanael que ha encontrado a aquel de quien escribió Moisés en los libros de la ley, Natanael le contesta: "¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret?" No, ciertamente no. Natanael conocía la Biblia. A Nazaret no se la mencionaba como la ciudad escogida. Nazaret era un lugar desconocido y sin distinción. Mas he aquí que Pablo, de nuevo, le sale al encuentro y le dice: "La necedad divina es más sabia que la sabiduría de los hombres. Mientras que los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad par los gentiles (1Cor 1, 22-24).

     La sabiduría divina ha reinado a través de la historia para confundir a todos los que se tienen por sabios. Los ejemplos que se podrían aducir son
innumerables. Baste mencionar unos pocos: ¡Qué ejemplo más evidente que el del mismo Jesús! Enviado por Dios padre en forma humana, Jesús no parecía divino. Fue tan humano que confundió todas las mentes. Pero su vida oculta y divina triunfó sobre las tinieblas. Dios escogió a un instrumento débil en la persona de Gandhi para liberar a la India. Dios llamó a Martin Luther King Jr. para que luchara por los derechos humanos en favor del pueblo negro de los Estados Unidos. Después de 28 años de cárcel, Dios llamó a Nélson Mandela para establecer justicia e igualdad en África del Sur.

      Tal vez ustedes crean que Dios no les va a llamar, y sin embargo lo hace todos los días. No les llamará para una tarea de fama, pero sí para colaborar en miles de tareas diarias en casa, en el trabajo, en la comunidad cristiana, en la iglesia. En las iglesias entregadas a obrar el bien siempre se necesitan voluntarios. Que nadie diga "yo no soy digno", o "yo no sé", porque a todos se nos han dado talentos que no podemos desperdiciar. Cuando oigan la llamada divina respondan como Samuel: "Habla, Señor, que tu siervo escucha"



Back to Top