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Segundo Domingo de Pascua
Hechos 3,12a,13-15,17-26
Salmo 118,19-24
1Juan 5, 1-6
Juan 20,19-31

       "El primer día de la semana", los discípulos se habían reunido con las puertas cerradas. Desde el arresto de Jesús y de su crucifixión, parece como si los discípulos hubieran desaparecido. El relato de la pasión de Jesús muestra a unos discípulos miedosos y cobardes que huyen en medio de la tormenta.

        El evangelio que hemos leído, cuenta que era "el primer día de la semana, y que los discípulos se habían reunido con las puertas cerradas por miedo". Miedo ¿de qué o a quién? A los judíos, según la narración.

        Jesús entró donde se encontraban y les dijo: "¡Paz con vosotros! Como el Padre me envió, yo os envió a vosotros". Luego, sopló sobre ellos, y les dio el Espíritu. Les dio el poder de vivir una vida sin miedo.

        Las Escrituras atestiguan que donde hay amor no hay miedo. El amor perfecto vence al miedo. Cristo es ese amor perfecto. Cuando entró, entró al centro del miedo; su presencia les trajo el amor perfecto, les trajo la paz.

        Pero, ¿qué significa eso? ¿Cómo es una vida sin miedo y con el poder del espíritu de Dios? ¿Qué significa vivir una vida abundante?

        En el pasaje de los Hechos, tenemos un breve relato sobre cómo Dios hizo la promesa de darnos esta vida nueva, y de cómo la cumplió en Cristo Jesús. Todos los profetas hablaron de estos días: "Vosotros sois herederos de los profetas y de la alianza que Dios otorgó a nuestros padres. Ahora Dios resucitó a su siervo y lo envió, primero a vosotros, para que os bendijera haciendo que se convierta cada uno de sus maldades".

        Recordemos que Dios es un Dios de fidelidad, un Dios que cumple sus promesas. El Dios que habló por medio de los profetas y que habló a los apóstoles, es el mismo Dios que nos habla hoy a nosotros. Ese Dios entra en medio de nuestros temores y nos trae la paz y nos da su Espíritu para vivir una vida abundante. Por medio del Cristo resucitado nos transforma y por medio de su Espíritu nos da el poder de vivir una vida sin miedo. Y, ¿cómo vivieron esa realidad los apóstoles? Dando testimonio de Cristo, diciéndole a todo mundo: que Cristo vivía; que fue enviado por Dios para perdonar los pecados; que Jesús, en verdad, era el Mesías; que Jesús era el Hijo de Dios; que había venido para dar vida a los muertos.

        Tomás había dicho que sin verlo no lo creería. Por fin, se dio cuenta de que era verdad: Cristo había resucitado. Jesús entra en medio de nuestras ansiedades, temores y dudas. Quiere formar parte de todos los aspectos de nuestras vidas donde el malestar nos acompaña.

        Cristo quiere que gocemos del poder que se nos ha prometido. No quiere que tengamos miedo, sino que conozcamos el amor que mostró cuando murió en la cruz por nosotros. Con Cristo superamos el miedo que no nos permitía confiar en él. Nos da el poder de perdonar a otros y a nosotros mismos. Nos da el poder de reconocer que sólo en Dios hay vida.

         Jesús, al resucitar de la muerte en la cruz, no nos dejó solos. Al aparecerse varias veces a los discípulos y a los apóstoles no nos abandonó. Esa es la realidad. Es la evidencia que nos dejaron nuestros antepasados en la fe. Y ése es el testimonio que debemos compartir con el resto del mundo.

         Sin embargo, antes de difundir algo tan maravilloso, nosotros mismos debiéramos haber pasado por ello. De eso se trata en la historia de Tomás: si lo veo lo creo.

         No podemos ser testigos de algo que jamás hemos conocido. Si en nuestras propias vidas no ha nacido el poder del cual hemos hablado sería muy difícil compartirlo. Sería imposible decirle a otro cómo Cristo puede cambiar su vida, si en la nuestra no ha cambiado nada.

         Tenemos un Dios fiel. Un Dios que cumple sus promesas. Hoy, el Señor está aquí. Nos ofrece el poder de su Espíritu. Permitamos que nos traiga una vida nueva. Permitamos que nos transforme para llevar al mundo la noticia de que Cristo ha resucitado. No tengamos miedo; Dios se acerca y nos dice: "¡Paz, recibid el poder de vivir una vida nueva!"



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