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Cuarto Domingo de Pascua
Hechos 4, (23-31) 32-37
Salmo 23
1Juan 3, 1-8
Juan 10, 11-16

        Dos lecturas de hoy tratan del pastoreo. La imagen del pastor, aplicada a jefes, a reyes, a Dios, es tradicional en el Antiguo Testamento. Tiene su antecesor ilustre en la persona de David, el rey pastor (Sal 78,70-71); la emplean los profetas y los salmos. Hoy tenemos uno de los salmos más bellos dedicados al tema del pastor. En él se mencionan las mejores funciones que el pastor puede ejercer en favor de su rebaño.

        Jesús, ejerce las mismas funciones del buen pastor. Veamos.

        El buen pastor provee de pastos delicados: cuando nuestra alma necesita renovación espiritual, el buen pastor nos abastece de pastos delicados. Así es como debemos conducirnos todos, tanto pastores de oficio como hermanos en la comunidad, siempre ofreciendo, al hambriento de alimento espiritual, pastos delicados. Tratando de comprender sus problemas y necesidades. Sin condenar, sin culpar, sin regañar. Una palabra amable obrará milagros. Entonces, en verdes praderas podremos recostarnos.

        El buen pastor provee de aguas de reposo: cuando nos hemos encontramos cansados, listos para "tirar la toalla", el buen pastor nos ha provisto de esa agua de reposo que nos ha servido para seguir adelante en el ministerio encomendado. Nos ha conducido hacia fuentes tranquilas, donde el agua nos ha saciado la sed, y suscitado en nosotros energía vital.

        El buen pastor nos guía por el camino recto: cuando hemos necesitado dirección, nos ha guiado por el camino recto. Cuando hemos llegado a encrucijadas, necesitando saber, en forma urgente, cuál era el camino correcto, allí estaba él para conducirnos. En otros momentos nos ha librado de situaciones peligrosas. A veces no ha sido fácil oírle y tomar la decisión correcta, como tampoco les fue a Pedro, a Juan, y a los hermanos de la Iglesia primitiva. Pero si obedecemos, tomaremos la mejor decisión e iremos por el camino acertado.

        El buen pastor está a nuestro lado: cuando nuestra alma se ha enfrentado a la muerte, se encontraba a nuestro lado fortaleciéndonos, recordándonos que hay mejores pastos. Pastos que sacian eternamente. Pastos donde se encuentran, en un rebaño feliz, todas aquellas almas, familiares nuestras y amigas, que nos han precedido en el caminar eterno.

        El buen pastor derrama sobre nosotros su aceite: cuando nos hemos encontramos heridos, ha derramado sobre nuestra cabeza su aceite, el Espíritu Santo. Su amor y su gracia, su poder y su misericordia, han sido constantes; sanándonos tanto en lo físico como en lo espiritual.

        El evangelio de hoy identifica a Jesús con el buen pastor por medio de esta confesión: "Yo soy el buen pastor". Un pastor como ningún otro, un pastor que no trabaja por sueldo, un pastor que no tiene miedo al lobo, ni a nadie. Un pastor que actúa por amor. Un amor que le conduce, a dar su vida por las ovejas.

        Es necesario ahora aclarar el relato de los Hechos de los Apóstoles. Es admirable que los primeros cristianos de Jerusalén llegaran a tener "un alma y un corazón", ¡hasta tal punto se encontraban unidos por el lazo del amor! Todo lo tenían en común. Algunos vendieron sus posesiones y pusieron lo recaudado a disposición de todos. Todo esto era admirable mientras duró. Era una comunidad sumamente idealista que esperaba el fin del mundo de una manera inminente. En ese caso no era necesario proveer para el mañana. Pero cuando el fin no llegó, y los bienes se agotaron, la escasez hizo sus estragos.

        Así pues, ese caso de la comunidad de Jerusalén, tantas veces citado, al final fue un fracaso, y el mismo San Pablo tuvo que recurrir a colectas en otras Iglesias (2 Cor 8-9) para socorrer a la pobre comunidad de Jerusalén.

        La pobreza total raramente es recomendable y Jesús nunca lo hizo. Jesús remendó el desprendimiento, pero no total, como se puede comprobar en algunos casos (Lc 19, 1-10), especialmente en el de Zaqueo. Lo que Jesús condenó fue el egoísmo, el colocar el corazón en bienes pasajeros. El carecer de una perspectiva divina en esta vida terrenal.

        Nuestro buen pastor quiere que nos alimentemos de pastos de eternidad, pero que no olvidemos el alimento necesario para seguir viviendo en esta vida. Su enseñanza siempre nos ilumina en esta vida. Dejémonos guiar por él.



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