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Séptimo Domingo de Pascua
Exodo 28, 1-4,9-10,29-30 ó Hechos 1, 15-26
Salmo 47
1 Juan 5,9-15
Juan 17:11-19

        Las lecturas bíblicas de este domingo nos conducen a reflexionar sobre el culto al Señor, sobre la misión del apóstol de Cristo y sobre la unidad entre los miembros de la familia cristiana.

        Cada tema merece ser tratado extensamente y con detención; sin embargo en nuestra reflexión abordaremos los tres en forma general y con cierta brevedad.

        La primera lectura, tomada del libro del Exodo nos señala la importancia que el pueblo de Israel daba al culto religioso. Dios se dirige a Moisés y le describe cómo los sacerdotes debían presentarse a ofrecer su culto: "Harán las vestiduras de Aarón para consagrarlo; y así ejercerá mi sacerdocio"(Ex 28,3).

        Nosotros que vivimos en una época muy distinta, podemos mostrar poco interés en los capítulos del libro del Exodo que se refieren a los artículos de uso ritual, tales como: candelabros, vestiduras y piedras finas. Entre estas últimas el Urim y el Tumim, dos piedras negras en las que estaban inscritos los nombres de los doce hijos de Jacob. Sin embargo, la detallada descripción de tales artículos de uso ritual nos muestra que cada pueblo honra a Dios de una forma muy peculiar. El cuidado que se da, tanto a la preparación como a la realización del culto litúrgico, es sin duda alguna, una maravillosa expresión de nuestro amor a Dios. De ese modelo nosotros podemos aprender a preparar nuestras liturgias con esmero.

        La elección de Matías como apóstol que llenaría el espacio dejado por Judas
Iscariote, resulta ser el punto principal en la lectura que se encuentra en el libro de los Hechos de los Apóstoles (Hch 1,15-26). La comunidad cristiana conoce, por boca del apóstol Pedro, que Judas fue llamado a compartir la responsabilidad del anuncio del reino de Dios. Sin embargo ante su opción por la traición y posteriormente el suicidio, Judas como individuo desaparece, pero no así la misión que le fue confiada. Esta vez los apóstoles, bajo la guía del Espíritu Santo, escogen a Matías para dar testimonio de la resurrección de Jesús.

        El relato sobre la elección de Matías nos mueve a meditar que la misión evangelizadora va más allá de las debilidades humanas que podamos mostrar quienes dentro de la comunidad cristiana ejercemos el compromiso del apostolado. Si entre nosotros uno falla en la continuación de la obra, el Espíritu Santo escogerá y fortalecerá a los nuevos apóstoles para que asuman la obra.

        El evangelio de hoy es una porción de la oración sacerdotal, plegaria que Jesús eleva al Padre a lo largo del capítulo diecisiete del Evangelio de San Juan. La unidad de la Iglesia es para Cristo uno de los aspectos centrales de su oración: "Padre Santo guárdalos en ese tu nombre, para que todos sean uno como nosotros" (Jn 17,11).

        El desarrollo histórico de la Iglesia nos muestra que los cristianos no han vivido la unidad en forma absoluta. Cada época del cristianismo ha sufrido episodios de división, de intolerancia y, lo que resulta aún más doloroso, de persecución entre cristianos.

        Al iniciarse un nuevo milenio en la historia del cristianismo, todavía observamos, con pesar, las actitudes hostiles y los juicios severos de hermanos contra hermanos. Por desgracia nos preocupamos demasiado por las barreras que nos dividen, sin apreciar las bases de fe que nos unen como Pueblo de Dios. Es nuestro compromiso, como episcopales, el de fomentar la unidad entre las distintas familias cristianas participando en eventos ecuménicos que nos permitan establecer relaciones de respeto y colaboración con hermanos y hermanas de otras denominaciones o confesiones de fe. Que la primera oración de los fieles, en la fórmula III de nuestro Libro de Oración Común, sea también testimonio de nuestra vida diaria: "Padre te suplicamos por tu santa Iglesia Católica. Que todos seamos uno".

        Que la paz de Cristo Resucitado permanezca con nosotros ahora y siempre.



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