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Propio 4
Deuteronomio 5, 6-21
Salmo 81, 1-10
2 Corintios 4, 5-12
Marcos 2, 23-28

        Vamos a concentrar nuestra reflexión en las lecturas de Deuteronomio y de san Marcos ya que ambas están relacionadas con el tema de los mandamientos. La lista de diez Mandamientos que leemos en el Deuteronomio es una versión modificada de la que se encuentra en el Éxodo (20, 3-17).

        La diferencia está en que el Deuteronomio tiene un carácter de "justicia social", ya que este libro siempre desafía la "historia oficial" sacerdotal en el Pentateuco (los primeros cinco libros del Antiguo Testamento). El tercer mandamiento se refiere al día de descanso: el sábado. En el Deuternomio se reclama un descanso para los esclavos que sufren ante un trabajo inclemente impuesto a la fuerza.
El Éxodo justifica el día de descanso en la obra creadora de Dios (Gn 1-2). Se impone un descanso, no para realizar prácticas cúlticas, sino para dedicarlo al Señor. Como el templo acota un espacio, así el sábado acota un tiempo y lo consagra a Dios.

        A estos mandamientos, junto con todas las regulaciones del Pentateuco, se los denominaba la "Ley". A los escritos proféticos se los llamaba "profetas". Ambos eran los códigos legales y religiosos que observaba Israel en tiempos de Jesús.

        El evangelio de hoy presenta a los fariseos quejándose de la actitud de los discípulos de Jesús. Ante la crítica de que los discípulos estaban arrancando espigas de trigo en día de sábado, Jesús contesta: "El sábado se hizo para el ser humano, y no el ser humano para el sábado" (Mc 3, 27b).

        Hemos tener cuidado sobre cómo se trata a las autoridades religiosas del tiempo de Jesús con respecto al tema de la Ley. Entre los años 64 d.C. (primera persecución de cristianos en Roma por Nerón) y 70 d.C. (la destrucción del Templo de Jerusalén por los romanos luego de una rebelión de los judíos), el cristianismo comienza a separarse del judaísmo, muchas veces a consecuencia de ser expulsados de las sinagogas. El primer evangelio que se escribe es el de Marcos, alrededor del año 70 d.C. Por lo tanto, la visión que tiene de fariseos y saduceos es siempre negativa: si cumplen la Ley, se los acusa de "legalistas"; si no la cumplen, se los acusa de "impíos".

        ¿Cómo extraer del evangelio la enseñanza de Jesús sin que estos factores históricos nos lleven a una posición anti-semita? Sin duda es muy difícil, pero vale la pena hacerlo. Por un lado, el antiguo pueblo de Israel combina ordenamientos sociales, religiosos y culturales en un mismo "corpus" legal. Este cuerpo legal es lo que determinaba la conducta esperada de un individuo en sociedad. Por otro lado, según Aristóteles, la aplicación de una ley que ha terminado convirtiéndose en injusta para el individuo, debe evitarse a fin de hacer justicia a ese individuo. En otras palabras, debemos cumplir las regulaciones siempre evaluando su repercusión en la vida de la persona.

        Precisamente Jesús quería conducir a sus oyentes a contemplar ese aspecto justo de a Ley. Si alguien necesita comer, pero es día de sábado, lo primero es comer. Esa es una necesidad primaria del ser humano.

        Al cumplir esa necesidad justa, incluso se honra el sábado, dado que lo contrario, es decir, la aplicación ciega del día de reposo, resultaría en una injusticia. En este sentido, Jesús pedía a fariseos y saduceos que cumplieran la Ley evaluando cómo se hacía justicia a cada individuo. Jesús trata de ir a un nivel ético en lugar de quedarse en la aplicación ciega de la Ley. De la misma manera nos pide esto a nosotros en nuestro tiempo.

        Los cristianos estamos siempre regidos por dos "corpus" legales: el de la sociedad y el de la religión. Nuestra reflexión se ha de basar siempre en lograr justicia para el sujeto de la ley. Si algo de nuestra sociedad es injusto, debemos democráticamente, dialogar con otros ciudadanos y lograr justicia. De la misma manera, en la Iglesia, ante las tradiciones, regulaciones, o interpretaciones teológicas que no hacen justicia al ser humano, debemos encontrar espacios de diálogo para que se honre la justicia.

        Es tarea difícil pero espiritualmente satisfactoria pues participamos en el proyecto divino de lograr una humanidad renovada en la justicia y en el amor. Esto es madurez en la fe. Aceptemos, pues, la invitación de Jesús de proclamar con nuestra vida que "el sábado se hizo para el ser humano, y no el ser humano para el sábado" (Mc 3, 27b). Que así sea.



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