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Propio 12
2 Reyes 2, 1-15
Salmo 114
Efesios 4, 1-7, 11-16
Marcos 6, 45-52.

         Elías ordenó a Eliseo tres veces: "quédate aquí". Eliseo contestó otras tantas: "No te dejaré". Eliseo siguió a Elías por todas partes ayudándole a llevar a cabo lo que Dios le había encomendado. Ahora que el Señor se iba a llevar a Elías, Eliseo sabía que le tocaba continuar el trabajo que Dios le encomendara.

        En la lectura del evangelio tenemos otra imagen diferente a la de Eliseo. En ella los apóstoles están pasando por una situación difícil, están en un lago, han remado gran parte de la noche y la barca, en donde van, no avanza. El viento furioso levanta grandes olas y empiezan a tener miedo. En ese momento ven a Jesús caminando sobre el agua. Creen que es un fantasma, pero Jesús les dice: "Tengan valor, soy yo, no tengan miedo". Y el viento se calmó. Jesús había estado con ellos todo el tiempo; no los había dejado solos.

        La vida puede estar llena de problemas. En ocasiones nos hemos encontrado en situaciones parecidas a la de los apóstoles. En el lago de la vida, perdemos control de situaciones, nada sale bien, nos sentimos frustrados, enojados, con temor. Algunos pierden el deseo de vivir. La vida carece de sentido. En ocasiones oímos de alguien que se cansó de vivir. No pudo controlar su existencia y terminó con su vida. Es en esas situaciones difíciles en las que Dios no nos abandona. Jesucristo está ahí, tenemos el Espíritu de Dios que nos guía.

        En el lago de la vida hay de todo, malo y bueno. Sin Dios los problemas se agrandan. Nuestras relaciones con otras personas degeneran. En el hogar los esposos discuten, los hijos crecen y se sienten solos. Se vuelven rebeldes, ignoran los consejos y piensan que los padres son unos anticuados. En estas situaciones debemos escuchar la voz de Cristo que nos dice, "no tengas temor déjame darte la mano, no estarás solo".

        Estas situaciones difíciles de la vida nos preparan, lo mismo que a los apóstoles, para el trabajo que Dios nos encomienda. San Pablo dice que en todo somos preparados para servir a Dios. Y ¿a quién debemos servir? A todo el mundo, pero no nos olvidemos de un grupo muy importante, los jóvenes.

        En la portada de un ejemplar de la revista Newsweek se encuentran varios jóvenes. El titulo: "Buen sexo, la raza y el futuro". Esto es lo que los jóvenes de nuestro tiempo creen que es importante; lo expresan en la forma de vestir, en la conducta moral y en las emociones. Tienen una idea equivocada de Dios. Uno dice que el Espíritu Santo "es como un ser maligno, porque todo el tiempo quiere ponerme castigos". Otro dice, "para mí el Espíritu Santo es como mi abuelo, está ahí pero no lo veo".

         Los jóvenes de nuestro tiempo no son peores que los de otros tiempos. Los jóvenes necesitan mucha atención porque despiertan al mundo. Un mundo que estaba ahí, pero durante la niñez no lo veían. Ahora lo descubren y necesitan orientación y guía. Los ojos del mundo están fijos en estos jóvenes, pero solamente para sacar provecho de ellos con el comercio y el consumo. Estos jóvenes representan grandes ganancias. También hay otros ojos fijos en ellos, son los del mundo de la droga y el vicio. Para esos ojos, la vida espiritual no tiene importancia. Pero Dios sí se preocupa. Los jóvenes son sus hijos. Y nosotros debemos dedicar toda energía disponible para salvarlos del peligro.

         Contamos en este país con más de dos millones de jóvenes, entre ellos puede estar alguno de los nuestros. Ofrezcámosles valores permanentes. Ofrezcámosles una razón válida para vivir. Démosles sentido a la vida. Presentemos a la juventud el Dios del amor. Preparémonos para servir. Presentemos a la juventud el Dios del amor, real, no como un ser lejano.



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