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Propio 28
Daniel 12,1-4a (5-13)
Salmo 16, 5-11
Hebreos 10, 31-39
Marcos 13,14-23

    Hay quienes observando al mundo de hoy exclaman: "¡Es un mundo loco!" Otros piensan que estamos en los "últimos días", "en las señales antes del fin". Y hay quienes se muestran indiferentes a lo que les rodea. Otros, seguros en su fe y convicciones, se mantienen confiados pero vigilantes.

    Años atrás la gente vivía con tranquilidad en un mundo estable y, al parecer, de largo futuro. Sabían que las cosas no eran perfectas, pero estaban seguras de que el mundo se encontraba en buenas condiciones. La idea del fin del mundo no les quitaba el sueño. Sin embargo, con la llegada de la era atómica, la seguridad se quebrantó. El fin del mundo se convirtió en algo posible. Ahora, aunque la guerra fría entre las superpotencias de Rusia y Estados Unidos ha terminado, sin embargo, hay terroristas y locos, dispuestos a ocasionar grandes catástrofes. El pasado nos ha servido de ejemplo. Así, pues, hoy las naciones todas están alerta, porque el peligro atómico ya no reside en Rusia o en los Estados Unidos, sino en muchas naciones, y a veces en manos de gente irresponsable. Tenemos que aprender a enfrentarnos a esas situaciones para preservar la existencia de la raza humana.

    Generalmente, los domingos precedentes al primero de Adviento nos hablan del fin del mundo, de la consumación de la historia, y lo hacen con un lenguaje apocalíptico, que evoca miedo y pánico. Preciisamente el capítulo trece deMarcos es todo él un discurso escatológico, un discurso que versa sobre el final de los tiempos. Marcos enfatiza los sacrilegios, el oscurecimiento del sol, la
caída de las estrellas, hermanos en lucha contra hermanos, padres contra hijos, y la persecución de los cristianos. Tal lenguaje nos asusta. Al final del capítulo nos amonesta a que adoptemos una actitud sabia y prudente: "¡Velad!", nos dice.

    ¡Reflexionemos! Observamos tras ese lenguaje atemorizante dos verdades importantes. La primera es que, en tales condiciones, la fe cristiana se fortalece. Fe inquebrantable mostraron los mártires cristianos del pasado y del presente, hombres y mujeres que se enfrentaron a las más horrendas persecuciones. La segunda, es la afirmación de que Dios cuidará de su pueblo en medio de eventos críticos. "Él mandará a sus ángeles y reunirá a sus escogidos de los cuatro puntos cardinales, desde el último rincón de la tierra hasta el último rincón del cielo" (Mc 13,27).

    ¿Quiénes son los escogidos? Los escogidos son aquellos a quienes ha llegado la gracia de Dios y han abierto sus corazones para recibirla. Los escogidos son los que viven en la confianza del amor de Dios y están seguros de que la redención no depende de sus sentimientos momentáneos, sino del inagotable e invariable amor de Dios.

     Mientras tanto, reflexionemos y meditemos. Con el paso alocado que lleva el mundo es difícil reflexionar. Por ello, la Iglesia nos invita a tomar espacios de reflexión. Nos invita a acercarnos al templo, y, en silencio, elevar la mente a Dios y pedirle ayuda y luz para ver cómo van nuestras vidas. Nos invita a hacer propósitos de mejora para cambiar la sociedad. Nos invita a luchar con todos nuestros medios a suprimir la violencia en todas sus formas y manifestaciones. La violencia debe desaparecer de este mundo si queremos vivir con tranquilidad. Hemos de pasar de un estado de sonambulismo a vivir en constante alerta, hasta que Dios nos llame.

     Este es el tipo de conocimiento que necesitamos en la vida cristiana. No es necesario saber con exactitud cuándo vendrá el Señor. Podemos vivir sin esa información. Pero no podemos vivir sin ser conscientes de que somos escogidos y protegidos por el amor de Dios.



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