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Primer Domingo de Adviento

Zacarías 14, 4-9
I Tesalonicenses 3, 9-13
Evangelio según San Lucas 21, 25-31

¡Feliz Año Nuevo! Sí, el año está empezando, me refiero al año cristiano. El primer Domingo de Adviento marca el principio de un nuevo año cristiano.

El Evangelio de hoy es parte de la respuesta de Jesús a la petición de una señal de su regreso. La respuesta fue mucho mejor de lo que los oyentes esperaban. A Jesús le pedían señales, especialmente después de que les dijera quién era él. Lo que Jesús buscaba, de una forma directa, era el que sus seguidores creyeran en su mensaje, que creyeran en el mensaje de las escrituras y respondieran a Dios con corazones llenos de amor y aprecio por lo que Dios es. No quería que sus seguidores anduvieran afanados tras prodigios y milagros.

Las señales apuntadas en el Evangelio son señales en el sol y la luna y las estrellas, confusión en las naciones enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. No hay señales que digan "Jesús viene este fin de semana". Esos eventos quieren alertar constantemente, a la Iglesia de todos los tiempos, que "Jesús podría venir en cualquier momento."

Esas señales son generales para recordarnos que cualquier día, cuando menos lo esperemos, Dios puede venir. ¿Qué hacemos en el intervalo? ¿Qué hacemos hasta que vuelva? La respuesta está en vivir una vida de plenitud, que incluya gozo. En la lectura de la epístola, vemos lo que Pablo pide a la gente de Tesalónica "que el Señor los haga crecer y rebosar en amor mutuo y de amor a todos… que los haga firmes en sus corazones, santos y sin culpa delante de Dios…"

Esa petición y deseo de Pablo, nos podrían evitar la ansiedad de tener que saber con precisión el momento del regreso de Jesucristo. El superar la ansiedad creada por esa expectativa nos ayudará a vivir nuestra vida de una forma más plena. La razón por la cual muchos cristianos no viven la vida en plenitud es por el temor, por las carreras de la vida, por falta de confianza, y de oración.

Hemos de convencernos que el estar al servicio del Señor, el hacer su santa voluntad, es todo lo que necesitamos. No importa qué es lo que el resto de la vida nos traiga. El gozo y satisfacción de vida nos acompañan cuando le servimos.

Por eso, las señales que se describen en el Evangelio no son advertencias, son recordatorios de que Jesucristo vendrá. La comparación que Jesús hace de la higuera es algo que observamos siempre. Hay vida en los árboles y por ello hay señal de esperanza. La señal que en realidad cuenta para nosotros, como cristianos, es el responder a su llamado de cambio de corazón, de tomar nuestra cruz y seguirle. Si vemos esas señales en nuestras vidas, si observamos esos cambios, entonces habremos comprendido que no se trata de esperar señales en los cielos y en el universo, sino de vivir señales que transformen nuestras vidas. No se trata, pues, de esperar la venida final de Jesús, sino de reconocer que EL está ya en nuestras vidas. El comprender esto nos colmará de gozo y rebosaremos de alegría. Amén.



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