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Segundo Domingo de Adviento

Baruc 5, 1-9
Filipenses 1, 1-11
Evangelio según San Lucas 3, 1-6

La idea de que debemos estar preparados para la venida del Señor no es algo nuevo. El enfoque de la estación de Adviento se centra en la celebración y anticipación del nacimiento de Cristo. Es en este proceso de preparación de nuevas de gran gozo, cuando frecuentemente olvidamos que quien "preparó el camino, y abrió un camino recto para el Señor," fue Juan, el Bautista.

Lucas inicia su narración con una lista de los jefes y líderes que controlaban el poder del gobierno romano y de la sinagoga de Jerusalén en ese tiempo. Al incluir esa lista de poderosos enfatiza su insignificancia cuando se compara con el impacto que Cristo ha tenido en al historia del mundo.

Como aquel que proclama la venida de un rey, Juan preparó la mente y los corazones de aquellos que fueron al desierto a escuchar su mensaje. El pasaje de Isaias (40, 3-5), mencionado en el Evangelio hace hincapié sobre el papel profético de Juan y lo que Dios demanda de la creación. Ese proceso de "preparar el camino", y "rellenar los valles", y "nivelar los cerros" describe la preparación para una visita de realeza. Como preparación para el viaje de un rey a tierras lejanas, se hacían mejorías en los caminos y puentes para que el viaje del rey resultara sin problemas. De la misma manera, para que Cristo principiara su ministerio en la tierra era necesario hacer mejorías en las vidas de aquellos de condición pobre en espíritu y verdad. Así, muchos fueron al desierto a escuchar a un extraño predicador con un mensaje único.

El desierto es un lugar de meditación, de auto reflexión. Libres de las presiones y distracciones de la ciudad, podemos recogernos y escuchar la voz de Dios hasta oírla y seguirla. Desafortunadamente algunos de nosotros tendríamos que ir a tierras lejanas y desoladas para escuchar la voz de Dios en esos lugares. Pero hemos de buscar oportunidades de recogimiento para oír la voz de Dios sin tener que ir tan lejos. Únicamente en la soledad y en una dependencia total de la voluntad divina, podremos oír bien lo que él nos pide.

La oración de Pablo por los fieles de Filipo nos da también un alivio sobre este tema. Nos invita a reflexionar sobre qué es lo que necesitamos para preparar ese camino en nuestras vidas, que es lo que necesitamos para preparar la venida de nuestro Señor. Podemos reflexionar sobre nuestras vidas y preguntarnos ¿qué es lo que el Señor nos pide? Juan les predicaba sobre el arrepentimiento y Pablo sobre el amor necesario para profundizar, con sensibilidad necesaria, y apreciar los mejores valores. Necesitamos sabiduría y entendimiento para escoger siempre lo mejor, y así vivir una vida limpia y sin reproche presentando una abundante cosecha de buenas acciones, gracias a Jesucristo, para honra y gloria de Dios. Por medio de nuestras acciones, basadas en el conocimiento del mensaje de salvación, estaremos preparando el camino para su venida y de esta manera "todo el mundo verá la salvación que Dios envía" (Lc 3:6) Amén.



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