Resources

Sort resources below

‹‹ Return
Quinto Domingo de Epifanía

Jueces 6, 11-24a
Salmo 85 1
Corintios 15, 1-11
Evangelio según San Lucas 5, 1-11

     Queridos hermanos y hermanas en Cristo, Dios nos ha traído una vez más este domingo a este santo lugar para mostrarnos su amor y las maravillas que realiza en cada una de nuestras vidas.

     Sólo en Jesucristo se cumple en nosotros el misterio de salvación. Sólo en relación con El debemos tomar decisiones de valor eterno. Sin embargo, Jesús ha querido compartir su ministerio con algunas personas a quienes convierte en pescadores de almas.

     En el Antiguo Testamento el Dios invisible llamó a los patriarcas y a los profetas y los hizo mensajeros de su palabra. Ahora, Jesucristo escogerá a aquellos a quienes enviará a anunciar la Buena Noticia de Salvación.

     El llamado de Gedeón está conectado con una visión bajo la encina de Ofrá. Gedeón ve al ángel del Señor. Dios reitera su presencia y protección no sólo a Gedeón, sino también a todo el pueblo de Israel. El ángel consumiendo la ofrenda evoca la incomparable majestad y dignidad de aquel que habita en medio de su pueblo y quien lo guía a través de su historia.

     ¿Cómo podremos superar el miedo e inactividad que pesa sobre nuestra comunidad de bautizados? ¿No debiéramos demostrar fortaleza y vigor en toda nuestra vida? Fue Dios quien fortificó a Gedeón y, a través de su ángel, le hizo comprender que todo poder santo viene de Dios. Cuando Gedeón lo comprendió exclamó con humildad y sencillez: "¡Ay Dios mío, he visto al ángel del Señor, cara a cara!" (Jue 6, 22). Sólo con su ayuda podremos vencer todos nuestros temores. El mismo Señor es el único que puede intervenir en nuestra vida y en nuestra propia historia.

     No podemos olvidar el precio con que hemos sido comprados. Jesucristo murió por nuestros pecados según las Escrituras, fué sepultado y resucitó como el primero de entre los muertos para darnos vida y dárnosla en abundancia. Se apareció a los testigos que él mismo eligió. Nosotros, al igual que Pablo, somos parte de ellos. Pablo reconoce que no es digno de ser llamado "apóstol", porque persiguió a la Iglesia de Jesucristo en sus primeros albores. Sin embargo la cuestión no es simplemente si cada individuo es digno o no. La elección de cada apóstol, y últimamente de cada bautizado, es un regalo gratuíto proveniente de la gracia de Dios que es el sello que nos ayudará a llevar la misión a buen término. Es un regalo incondicional derramado sobre aquellos que Dios quiere enviar con el mandato de llevar su palabra y de dar a conocer su santo nombre a todas las partes del mundo.

     Gedeón responde a ese regalo del Señor y, con gesto de agradecimiento, levanta un altar a Dios. Esta es la oportunidad de preguntarnos cuándo fue la última vez que hicimos algo para expresar nuestra gratitud a quienes hayan hecho algo por nosotros y, sobre todo, a Dios de quien recibimos cuanto somos.

     Jesucristo enseña con autoridad, de manera únicamente vista en El. Su voz alcanza hasta la orilla del lago donde las gentes estaban sentadas para escuchar su palabra. ¿Podremos oír hoy su palabra? La Palabra nos permite contemplar a Jesús el Señor que enseña a la Iglesia y a las multitudes a quienes todavía no ha llegado la buena noticia del Evangelio.

     El milagro atemoriza a quienes más tarde serán pescadores de hombres. Pedro se asusta con la presencia divina de Jesús. Sólo le queda valor para pedirle al Señor que se aleje de él, que es un pecador. Para su sorpresa Jesús le invita a poner su confianza en El y a no tener miedo, pues de ahora en adelante será pescador de hombres. Esta invitación es válida para cada uno de nosotros. Ojalá podamos hoy abrir nuestros corazones y podamos oír la voz de Dios que como a Gedeón y a Pedro nos dice incesantemente, no temas por que yo estoy contigo. Amén.



Back to Top