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La Natividad del Señor (Nochebuena)

Isaías 9, 2-4, 6-7
Salmo 96, 1-4, 11-12
Tito 2, 11-14
Lucas 2, 1-14

     Queridos hermanos estamos celebrando un evento sin paralelo en la historia de la humanidad. Un evento inaudito. Un evento increíble. El nacimiento de Dios entre nosotros. El Dios creador del universo vino a morar en la tierra. ¿Quién de nosotros si viviera en un país de encanto y felicidad lo abandonaría para irse a otro de dolor y lamento? ¿Quién de nosotros si estuviera gozando de completa felicidad la abandonaría para meterse en un lugar de lucha y sufrimiento? Nadie, ¿verdad? Y sin embargo, Dios ha querido realizar tan inaudita empresa.

      Esas preguntas nos ayudan a comprender cuánto nos ama Dios que se dignó acampar entre nosotros para orientarnos. Isaías nos dice que "el pueblo que caminaba a oscuras vio una luz intensa, los que habitaban un país de sombras se inundaron de luz" (Is 9, 1). Ahora los que andan a oscuras pueden, si quieren, encontrar luz en Cristo Jesús, los que viven rodeados de tinieblas pueden, si quieren, encontrar, el faro que ilumina a todo descarriado. Sí, hermanos, una luz nos ha brillado y con ella ha llegado la alegría y el gozo para quienes buscan con celo la presencia de Dios.

      San Pablo en carta a Tito le recuerda este maravilloso acontecimiento: "Se ha manifestado la gracia de Dios que salva a todos los humanos". Estemos alegres y de una vez para siempre renunciemos a "los deseos mundanos y a vivir en esta edad con templanza, justicia y piedad". Si no renunciamos al vivir terrenal seguiremos rodeados de tinieblas y no seremos capaces de ver la luz que nos ha llegado

      Una voz celestial anunció por las cercanías: "Os traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: hoy… os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor".

      Mas, ¿donde creéis que ha nacido ese salvador? ¿En una mansión, en un palacio, en el calor de una cama y de un hogar? No, María lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada. ¿Cómo es posible que el creador del mundo, el rey de los cielos, llegue a la tierra y no encuentre lugar en su posada?

      Algunos dicen que tal vez eso del pesebre fuera una invención piadosa. Puede ser, pero no es menos cierto que Jesús nació en la pobreza. Sus padres eran pobres y Jesús fue pobre durante toda su vida. Sin duda alguna el Hijo de Dios, nos quiso dar a entender que comparado con las moradas celestiales, tanto el hotel, como la mansión, como el palacio, no dejan de ser más que un pesebre. Nada terreno tiene equivalencia en el cielo.

      De pronto, sucedió algo inaudito, una legión del ejército celestial entonó esta canción: "¡Gloria a Dios en lo alto y en la tierra paz a los hombres (seres humanos) que él ama!". La voz de Dios envía la paz a la tierra para todo ser humano. Dios ama a todos los humanos, nosotros tenemos que aceptar esa paz que nos viene de lo alto, de lo contrario sólo tendremos guerras.

      Hermanos y hermanas, ¡qué bella es esta noche que nos habla de luz, de salvación, de paz, de amor! Esta noche evoca la otra gran noche cristiana, la noche de Pascua de Resurrección en la que la Vida se hizo definitiva y plena para todos los humanos. Esta noche que empezó a celebrarse en el siglo IV para cristianizar la fiesta pagana que el 25 de diciembre celebraba el "Sol invicto", esta noche, nuestra, nos presenta una Luz infinitamente más resplandeciente que el sol y que nunca pierde su fuerza: Jesús, el Cristo, muerto y resucitado, eternamente vivo. La Natividad del Señor ha sido desde su origen una fiesta explícitamente pascual.

      Que este tiempo navideño nos sirva para reflexionar y darnos cuenta que tenemos a Dios a nuestro lado, siempre; no sólo en estos días festivos. No permitamos que el ambiente secularizado y mundanal oscurezcan un mensaje tan hermoso como es este de la Natividad del Señor.



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