Resources

Sort resources below

‹‹ Return
La Navidad del Señor

Isaías 9, 2-4, 6-7
Tito 2, 11-14
Evangelio según San Lucas 2, 1-14

(Nota: este sermón se puede usar tanto la víspera de Navidad como el día de Navidad)

Para los cristianos la Navidad es una fiesta de extraordinaria importancia. Celebramos en ella el nacimiento de Jesús, Salvador del mundo.

Hoy día ignoramos cuándo nació Jesús. Los evangelistas que narran la infancia de Jesús, no describen un informe histórico exacto tal como se haría hoy. Sólo pretenden enmarcar a su personaje en una época y darle un significado teológico. Así, aunque mencionen a César Augusto, a Herodes, con ello no fijan la fecha exacta del nacimiento, sino un marco histórico. Se desconoce la orden de un censo universal. Sólo hay evidencia de uno llevado a cabo en Judea en los seis o siete después del nacimiento de Jesús. Lo más probable es que Jesús naciera en Nazaret y no en Belén, por eso le llamaban, nazareno. Lo mismo sucede con los datos descriptivos, como el pesebre, los pastores, la estrella, los magos, la matanza de los inocentes. Son elementos teológicos, no históricos.

Sin embargo, en la Navidad el mundo se engalana de luces. Jardines, calles, escaparates, todo resplandece en un variado multicolor. En las casas, belenes, árboles y toda clase de ornamentos ofrecen un ambiente especial al hogar. Las gentes, los corazones, rebosan de alegría. Hay saludos, visitas, villancicos, fiestas con unos y otros. Y todo ello, ¿por qué?

"Os anuncio una gran alegría: os ha nacido un Salvador" (Lc.2, 10). La alegría de la Navidad tiene pleno sentido en ese Salvador que nos viene de lo alto. En muchos lugares de la tierra, hoy, en medio de la luz y el esplendor, reinan las tinieblas, porque habiéndoles llegado la luz, no la han querido recibir. Siguen en la oscuridad, en la intranquilidad de una noche tenebrosa, instalada en un mundo sin rumbo. Todo el alboroto externo no hace más que enloquecer a un mundo sin Dios. Mas todo tiene sentido en un Salvador.

El ser humano vive sin paz. Todavía hay guerra en muchos rincones de la tierra. Guerra de guerrillas, guerra entre familias, guerra entre individuos, guerra entre sociedades, guerra con nosotros mismos. Habrá paz entre todos cuando se acepte el mensaje que nos ha traído un Salvador.

Quienes reciben ese mensaje pueden llegar a ser hijos de Dios. Pueden convertirse en seres divinos. Ser hijos de Dios no significa comprar una póliza de seguro celestial y vivir despreocupadamente. Ser hijos de Dios, significa declarar la batalla al mal y transformar este mundo en un paraíso divino.

El mensaje que nos trae ese Salvador, resuelve todos los problemas que acosan a la sociedad humana. Nos invita a ser generosos y no egoístas, a distribuir y no a acumular. La alegría de la Navidad sólo tiene sentido si aceptamos al Salvador, Hijo de Dios, llamado Jesús, nacido hace mucho tiempo ente nosotros pero presente todavía en el mundo de hoy. Amén.



Back to Top