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Primer Domingo después de Navidad

Isaías 61, 10-62, 3
Gálatas 3, 23-25, 4,4-7
Evangelio según San Juan 1, 1-18

El Evangelio de hoy pertenece más a una clase, a un grupo de estudio bíblico que al púlpito. Conciso, profundo, dice mucho más de lo que podemos comprender en una primera lectura, o en un sermón de diez minutos.

El cuarto Evangelio se escribió hacia el año cien después del nacimiento de Cristo. Se escribió en Éfeso, una ciudad griega. Juan trataba de presentar a los griegos ideas judías para ellos ininteligibles. Así pues, Juan tuvo que lidiar con una pregunta muy importante en la tarea evangelizadora: ¿cómo podemos presentar el mensaje de Cristo a griegos, o a cualquier persona, de una manera que lo puedan aceptar e incorporar en sus vidas?

Tanto en el pensamiento judío como griego existía la idea de la Palabra, (con mayúscula). Así, pues, Juan se presentó a los griegos con este mensaje: "durante siglos vosotros habéis estado pensando y escribiendo sobre el Logos, la Palabra, el poder creador del mundo, el poder que mantiene el universo en orden, el poder por el cual los seres humanos pueden pensar, razonar y conocer, el poder por el cual los seres humanos llegan a tomar contacto con Dios. Jesús es ese Logos, esa Palabra y ha venido a la tierra". "La Palabra se hizo carne".

Después Juan, en pocas palabras, condena y rechaza algunos errores, entre ellos el del gnosticismo:
- la herejía que negaba que Dios hubiera creado el mundo.
- la herejía que firmaba que la materia era esencialmente mala.
- la herejía que negaba que Jesucristo tuviera cuerpo real.
- la herejía que afirmaba que Jesús era sólo un ser inferior entre Dios y el mundo.

Contra ellos, Juan, afirma categóricamente:
- el Logos, la Palabra, que es Jesús, estaba con Dios desde el principio, antes de que el tiempo se iniciara.
- todas las cosas han sido creadas por El.
- La Palabra, se hizo carne, materia. Por lo tanto la materia no es mala y Jesús no es un fantasma, es real, come, bebe, se cansa..
- Además, Jesús, la Palabra, nos ha traído verdadera vida, la vida de Dios.

A Dios nadie le ha visto. En el Antiguo Testamento nadie pensaba que fuera posible ver a Dios. "Ningún ser humano podrá verme y seguir viviendo" (Éx. 33, 20). Los filósofos griegos estaban de acuerdo.

Pero Juan nos dice: "si queréis ver a Dios es como si mirarais a Jesús". Jesús nos ha descubierto a Dios. Así, pues, Jesús se ha convertido para nosotros en el único mediador entre Dios y la humanidad. Si queremos encontrar a Dios debemos mirar a Jesús. Si queremos encontrar vida debemos mirar a Dios. Si queremos encontrar luz en la confusión de nuestras vidas, debemos mirar a Jesús. Para encontrar auténtica libertad debemos mirar a Jesús. Y si al mirarle, empezamos a creer, y lo aceptamos, nos da el poder de convertirnos en hijos de Dios. "Así pues, ya no eres esclavo, sino hijo de Dios; y por ser hijo suyo, es voluntad de Dios que seas también su heredero" (Gal 4,7).

Juan nos ha dado toda una lección sobre cómo acercarnos a quienes no conocen o aceptan nuestro mensaje. No podemos ir con una actitud de rechazo de lo que ellos tienen, ni con una actitud arrogante creyendo que somos los mejores y los únicos. Antes bien, veamos los elementos positivos que tienen en su doctrina o manera de pensar, y consideremos cómo se pueden incorporar a nuestro mensaje.

Mientras tantos, nosotros mismos hemos de estar bien seguros y fuertes en la convicción de que Jesús y su mensaje, son para nosotros, vida, luz y salvación. Amén.



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