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Quinto Domingo de Cuaresma

Isaías 43, 16-21
Salmo 126
Filipenses 3, 8-14
Evangelio según San Lucas 20, 9-19


Con este domingo abrimos la puerta de la última semana Cuaresma que iniciamos el Miércoles de Ceniza. El domingo próximo, Domingo de Ramos, tendremos la oportunidad de concentrarnos en la pasión de Cristo. Así que, a pesar de que el Evangelio de hoy, mediante una parábola, sugiere lo que Cristo iba a sufrir por nosotros, permítanme reflexionar sobre otro tema.

Me refiero a "la conversión y su resultado en nuestras vidas." Este tema aparece muy claro en la primera lectura tomada del libro del profeta Isaías y en el segmento del salmo ciento veintiséis.

El Miércoles de Ceniza, cuando ustedes vinieron a la iglesia para comenzar la estación de Cuaresma, el sacerdote les marcó las frentes con ceniza, diciendo: "Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás". Otra opción que el sacerdote pudo haber usado, es: "Arrepiéntete de tus pecados y regresa al Señor". Esta segunda expresión parece más significativa para la Cuaresma, ya que durante esos días la Iglesia invita a sus fieles a la conversión y al retorno al Señor.

La primera lectura habla de un camino nuevo que Dios abrió para su pueblo. Es una referencia al milagro que Dios realizó por medio de Moisés cuando el pueblo de Israel escapó de Egipto y cruzó el Mar Rojo. Ese camino también existe para nosotros, pues se abrió en un momento definitivo en la historia de nuestra salvación y sigue abierto para todo el mundo. Es un camino con dirección hacia delante, que se cierra detrás de nosotros. No podemos retroceder. El Señor no quiere que recordemos el "ayer" sino que vivamos en el presente y marchemos hacia el futuro. Es lo que dice San Pablo en la epístola: "Olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante, corro hacia la meta, para ganar el premio, al que Dios desde arriba llama en Cristo Jesús".

El salmo anuncia que el Señor ha cambiado nuestra suerte y ha realizado proezas con nosotros. Dice el salmo que cuando sucedió eso, éramos como los que sueñan, quizás pensando que no se trataba de una realidad sino, de una fantasía. Pero al despertarnos, nos damos cuenta de que, lo que parecía una sueño, es una realidad. El Señor ha efectuado una conversión en nosotros. Y por medio de esa conversión podemos acercarnos a él de una manera nueva.

¿Cuáles son los frutos de esa conversión? ¿Cuáles son los signos visibles de que hemos regresado al Señor? Son dos:

El primero, es la adoración al Señor como supremo y único salvador. Ya que él es el que nos salva, a él sólo debemos adoración y gloria.

El segundo, es una manera nueva de comportarnos los unos con los otros. Somos un pueblo elegido. Dios nos ha escogido y hemos de actuar como el tesoro y la prenda que Dios nos considera. Somos no sólo elegidos, sino su pueblo elegido. Somos miembros de una comunidad y debemos amarnos como hermanos y hermanas. Finalmente, tenemos que vivir toda nuestra vida con alegría. Anuncia el salmo: "Entonces nuestra boca se llenó de risa, y nuestra lengua de alegría... Los que sembraron con lágrimas, con gritos de alegría segarán."

En el presente vivimos todavía un tiempo de cuaresma, de reflexión, de penitencia, de sufrimiento, pero ya sabemos cuál es el final de la historia. "El Señor ha hecho proezas con nosotros y estamos alegres". Alabemos al Señor con un alma llena de su gracia, y amémonos los unos a los otros con alegría y sencillez de corazón. Amén.



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