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Primer Domingo de Cuaresma

Génesis 2, 4b-9; 15-17; 25-3,7
Salmo 51
Romanos 5, 12-19 (20-21
Mateo 4, 1-11

Con este domingo entramos de lleno en la Cuaresma que comenzamos el Miércoles de Ceniza. La Cuaresma es un tiempo de preparación y penitencia. El Libro de Oración Común en la liturgia para el Miércoles de Ceniza nos describe el espíritu de esta estación: "Los primeros cristianos observaron con gran devoción los días de la pasión y resurrección de nuestro Señor Jesucristo, y se hizo costumbre en la Iglesia prepararse para ellos por medio de una estación de penitencia y ayuno" (LOC, 182).

Veinte siglos más tarde, la Iglesia sigue observando esta estación del Año Litúrgico para que los fieles se preparen a la celebración del misterio pascual de nuestro Señor Jesucristo. Como la Iglesia primitiva, también nosotros empezamos este camino de preparación haciendo ayuno y penitencia.

El evangelio de hoy nos recuerda lo que el mismo Jesús realizó antes de comenzar su ministerio. "El Espíritu condujo a Jesús al desierto para que fuera tentado por el diablo, y después de estar sin comer cuarenta días y cuarenta noches, al final sintió hambre" (Mt 4,1-2).

Cuaresma, viene de la palabra cuarenta. Esta estación tiene cuarenta días desde el Miércoles de Ceniza hasta el Domingo de Ramos, día en el que comenzamos el recuerdo de la pasión, muerte y resurrección de nuestro señor Jesucristo. Como Jesús lo hizo, también nosotros debemos prepararnos conscientemente para las fiestas pascuales.

Este es un tiempo en el que el espíritu de Dios nos ayuda a crecer y a madurar espiritualmente. La Iglesia nos invita y ordena también a la observancia de la Cuaresma, mediante el examen de conciencia y el arrepentimiento; mediante la oración, el ayuno, la abnegación y la lectura y meditación de la palabra de Dios (LOC,183).

Esta preparación debe ser algo realmente serio. El diablo va a tener envidia y enojo de nuestra resolución de volvernos a Dios. Como tentó a Jesús por celos, así nos saldrá al encuentro para tentarnos también a nosotros y ofrecernos las vanidades del mundo. La única manera de resistirle es armándonos del espíritu divino y de la espada de las santas Escrituras. Cada vez que el diablo tienta a Jesús, le responde con un pasaje de la Sagrada Escritura.

En la primera ocasión el tentador le propone hacer falso uso de su poder: "Si eres Hijo de Dios, ordena a estas piedras que se conviertan en pan". Jesús le cita el libro del Deuteronomio: "Dice la Escritura: el hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mt 4, 4). El poder es una de las tentaciones más fuertes en nuestra vida. Desde que el ser humano es apenas un bebé, ya quiere usar su propia voluntad y su propio poder para obtener lo que desea. Jesús nos invita a colocar todas nuestras fuerzas a un lado y dejar que él nos indique el camino a seguir.

En la segunda tentación el diablo invita a Jesús a traicionar la confianza que el Padre le ha dado, citándole un pasaje del salmo 91: "Dios dará ordenes a sus ángeles y te llevarán en sus manos para que tus pies no tropiecen en piedra alguna". Jesucristo le responde con un pasaje del Deuteronomio. Dice también la Escritura: "No tentarás al Señor tu Dios". ¿Con qué frecuencia también nosotros traicionamos la confianza que Dios nos da? Posiblemente lo hagamos con mucha frecuencia y sin darnos cuenta. Usemos esta Cuaresma para tomar conciencia de nuestras infidelidades con Dios y tomemos la determinación de serle fiel.

En la última de las tentaciones el tentador le ofrece a Jesucristo todas las riquezas del mundo. El precio es muy alto, la completa negación y el rechazo de Dios para seguir las seducciones del maligno. Nuevamente Jesús le responde y derrota con un pasaje del Deuteronomio: "Adorarás al señor tu Dios y a él sólo servirás" (Mt 4,10). Las riquezas y vanidades del mundo nos alejan de Dios en nuestra vida diaria. Es muy fácil dejarse llevar por la fama y el dinero y olvidarse de Dios, de quien recibimos todo lo que somos y todo lo que tenemos.

Tomemos en serio esta Cuaresma y aprendamos a resistir a las tentaciones siguiendo el ejemplo y enseñanzas de nuestro Señor Jesucristo.



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