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Propio 7

Zacarías 12,8-10; 13,1
Gálatas 3, 23-29
Evangelio según San Lucas 9, 18-24

La lectura de hoy es el eje de la obra de San Lucas ya que en ella se declaran dos interrogantes trascendentales: quién es Jesús, y cuál es su misión. Estas dos preguntas no se limitan a Jesús, ya que han resonado a través de los siglos inquietando a todo ser humano cuando se pregunta: ¿Quién soy yo, cuál es el propósito de mi vida? Son preguntas que, tarde o temprano, todos nos formulamos.

La gente tenía diferentes opiniones sobre Jesús. Decían que era Juan Bautista, o uno de los profetas del Antiguo Testamento. Finalmente Pedro le reconoce como, el Mesías, el esperado de Israel. Pedro respondió bien, pero lo mismo que los otros discípulos, no entendía el significado de ese título. Sólo después de la pasión de Jesús comprendió que ser el Mesías y ser el Siervo Sufriente eran la misma cosa. Después de ser identificado por Pedro, Jesús les prohibe declarar su verdadera identidad a los demás, y añade la famosa frase que todos conocemos: "El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y me siga".

Jesús sabía quien era: "Yo soy Jesús de Nazaret, Hijo de Dios, hijo de María. Soy carpintero de Nazaret. Soy el enviado de mi Padre. Soy el Hijo del Hombre y el Siervo Sufriente. Mi misión es servir, padecer por los demás, y así abrir un sendero de salvación para todos".
Nosotros, cristianos, seguidores de Jesús, tenemos que hacernos la misma pregunta: ¿Quién soy yo? ¿Qué sentido tiene mi vida? ¿Qué busco o persigo en ella? ¿Qué es lo que funda y guía mi conducta? ¿Cuál es el proyecto de mi existencia?

La respuesta, comienza por nuestra identidad personal, soy fulano de tal y soy cristiano. Pero la respuesta va más allá de eso. Ser cristiano no es creer algo, sino creer en alguien y seguir su camino. Lo decisivo para nosotros es descubrir a Jesús, comprometernos en serio con él, y plasmar su evangelio en las obras de la vida. Bien dice Santiago cuando escribe: "¿De qué le sirve a uno decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Es que esa fe le podrá salvar?" Ejemplos a seguir hay muchos, comenzando con Cristo Jesús. El problema no es falta de modelos, el problema es seguirlos.

La madre Teresa de Calcuta comprendió bien su identidad y misión como cristiana. Compartió a todo nivel la condición humana del prójimo, puso su fe en acción. Vivió entre los pobres, vivió como un pobre. Amó a todos y vio el rostro de Cristo en cada uno de los necesitados. Ella tomó su cruz y lo siguió. Entendió que el camino de Cristo no era estar en un podio recitando versículos bonitos, sino simplemente amar, y amar en acción. Comprendió que el mejor evangelio cristiano para la India era el servicio al necesitado.
La fe de la Madre Teresa tuvo fruto. Lo iniciado por una pequeña mujer, es ahora una orden extendida por todo el mundo, compuesta de mujeres y hombres. Los seguidores de la madre Teresa han descubierto su identidad cristiana y su misión en el servicio a los más pobres de los pobres. Han tomado su cruz y han seguido a Cristo.

Hermanos y hermanas, el evangelio de hoy se puede resumir en estos términos: una confesión - una revelación - una acusación - una determinación. Una confesión: soy cristiano. Una revelación: ser cristiano implica tomar la cruz y seguir a Cristo. Una acusación: aún me falta mucho. Una determinación: démos el primer paso hoy, y caminemos hasta el final.

Que Dios conceda que, guiados por el ejemplo de Santa Teresa de Calcuta, y al igual que ella, podamos alcanzar el reino de los Cielos. Amén.



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