Resources

Sort resources below

‹‹ Return
Propio 8

1 Reyes 19, 15-16, 19-21
Gálatas 5, 1, 13-25
Evangelio según San Lucas 9, 51-62

     Oportunidades encontradas, oportunidades perdidas. Elías busca a Eliseo para entregarle el manto de profeta y nombrarlo su sucesor. Eliseo le
pide permiso para despedirse primero de sus padres. Elías, con cierta ironía, se lo autoriza. 

     Jesús, de camino a Jerusalén, escoge a varios seguidores, pero algunos le piden permiso ya sea para enterrar a su padre, o para despedirse de su familia. Jesús, irónico también, les presenta las exigencias del reino de Dios.

     Nunca sabemos cuándo nos llegan las oportunidades. No suelen anunciarse. Pueden aparecer tan inesperada y sorpresivamente como Elías llegando donde vivía Eliseo, o Jesús apareciéndo por el camino reclutando discípulos.

     Las lecturas de hoy nos presentan un conflicto. Eliseo es llamado, pero pide permiso para resolver ciertos asuntos personales y se le concede. Jesús llama a otras personas anónimas, mas, al pedir similares permisos, son repudiados. ¿Por qué Eliseo goza de esa ventaja y los otros no? ¿Es acaso una cuestión de autoridad? ¿Elías es un profeta que sólo transmite la voluntad divina, y no tiene el poder para exigirle a Eliseo un cumplimiento sin excusas? ¿Jesús, Hijo de Dios, no admite excusa a la hora del llamado? Tal vez. Mas puede que el mensaje sea otro. No sabemos si los hombres interpelados por Jesús realmente tenían un apuro especial por resolver cuestiones personales, o si sólo trataban de ganar tiempo. Sí sabemos que Eliseo estaba listo para ponerse al servicio de Elías y del Señor, y que era sincera su intención de despedirse de su familia, porque no sabía cuándo la volvería a ver.

     El mensaje es entonces la disposición.¿Estamos preparados para servir a Dios? ¿Estamos preparados para poner todo el peso de nuestra vida material en una mano, y todo el peso de nuestra vida espiritual en la otra y equilibrarlas, a ver cuál está más llena? ¿Seguiremos a Jesús, o nos mantendremos atados a lo material, a lo perecedero?

     Jesús no ha venido a permitir que las almas de los seres humanos se pierdan, sino a salvarlas. Cuando Jesús nos pide que dejemos a los muertos enterrar a sus muertos, que no miremos hacia atrás, nos está pidiendo que limpiemos nuestros corazones y nos liberemos del lastre de las preocupaciones mundanas, de las pequeñas obsesiones, de las envidias, de los recelos, de la ira. Que nos liberemos del pecado que nos esclaviza y nos ata a un mundo pequeño, vacío de sentido, en el que cualquier pretexto es bueno para seguir con los ojos y los oídos cerrados al llamado de Jesucristo.

     Eliseo no está atado al pecado. Está listo para el servicio. Su petición de tiempo a Elías para despedirse de la familia es válida. Jesús no quiere que nosotros abandonemos a nuestra familia, a nuestros seres queridos, porque el amor en familia es parte de la misión que nos ha encomendado en el mundo. Pero la invitación es clara: al seguirlo, lo haremos con toda nuestra alma, con todo nuestro corazón, con todas nuestras energías. La entrega que Jesús nos pide es total, ysu recompensa más grande que la que aportan las pequeñas retribuciones de nuestras distracciones cotidianas. Pero la decisión es nuestra. Es una cuestión de libertad. La libertad que Dios nos ha dado desde el momento de la creación. La libertad que debemos saber utilizar en el momento en que las decisiones llegan. La libertad que se alimenta del conocimiento de la palabra de Dios a través de las Escrituras.

     Elías no obligó a Eliseo a seguirlo. Jesús no forzó a sus interlocutores a dejarlo todo y seguir su camino. Ambas fueron invitaciones a una misión más grande que la vida misma. La opción de Eliseo es liberadora. La opción de los personajes que se cruzaron con Jesús en el camino fue esclavizante. Ganaron tiempo, ciertamente. Ganaron comodidad y tranquilidad, pero a la larga perdieron la oportunidad única de estar al lado de Jesús.

     La libertad es nuestra, asi como la responsabilidad de las decisiones que tomamos. Con libertad vivimos en el Espíritu y caminamos guiados por el Espíritu por el camino que Jesús amorosamente nos señala. Un camino que conduce a la vida eterna. Andemos ese camino de la mano de Jesús. Estemos listos para recibir el llamado, listos para aprovechar la oportunidad, liberados de las cadenas de este mundo. Amén.



Back to Top