Resources

Sort resources below

‹‹ Return
Propio 18

Deuteronomio 30, 15-20
Salmo 1, 1-6
Filemón 1-20
Evangelio según San Lucas 14, 25-33

¿No han oído ustedes alguna vez a un adolescente decir a su hermano o hermana: "¡te odio!"? Quizás, hasta nosotros mismos, hayamos hecho lo mismo en alguna ocasión. Sin embargo, generalmente, tal expresión sólo implica un momento de ira, un deseo incumplido, un instante de debilidad humana, que no tiene mayores consecuencias, y que no significa, lo que quiere decir. Más aún, se trata de una expresión común y muy repetida en la sociedad americana.

Jesús usa una frase sumamente dura y casi increíble para un profeta que predicó el amor en todo momento. En algunas versiones bíblicas se usa la frase "aborrece". En otra ocasión pidió a sus seguidores a que dejaran a los muertos enterrar a los muertos. Otra vez, en que su madre fue a verlo, dijo a los oyentes que ellos eran su madre y sus hermanos.

Con estas expresiones Jesús está insistiendo en que debemos amar a Dios por encima de toda atadura humana. Lo explica con dos ejemplos, el que edifica una torre o una casa y el rey que va a dar batalla a otro. En ambos casos es necesario pensar, reflexionar y calcular todos los pormenores de la empresa que se va a emprender.

La doctrina de Jesús parece dura, intransigente, pero más bien debiéramos calificarla de realista. ¡Cuántas batallas no se han perdido por falta de buena estrategia! ¡Cuántos edificios no se han derrumbado porque el arquitecto no calculó bien!

Ahora bien, nos dice Jesús que la mayor empresa que tenemos entre manos es la de nuestra salvación y la de todo el género humano. ¿Cómo vamos ha embarcarnos sin antes pensarlo bien? Jesús nos lo dice sucintamente: "El que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío". Así de claro. Ahora viene el que cada uno lo interprete y se lo aplique a sí mismo. En los evangelios hay muchos ejemplos.

En una ocasión, una gran multitud lo seguía. Llevaban sin comer bastante tiempo. Le dio pena y mandó a los discípulos que les dieran algo de comer. Los discípulos se asustaron ¿cómo les vamos a dar de comer? ¿De dónde sacamos tanta comida? De repente un muchachito se presentó con cinco panes y dos peces. Este joven compartía lo que tenía. Estaba desprendido, era generoso. He aquí que siguiendo su ejemplo, todos sacan las comidas que tenían ocultas y se saciaron todos.

Mas otro joven rico que quería seguir a Jesús de cerca, no tuvo el valor de renunciar a todo lo que poseía, y dando media vuelta se fue. A Jesús le dio mucha pena. Ese joven no supo escoger la mejor parte, seguía amarrado a los bienes terrenos.

Jesús, en cuanto ser humano, también entabló lazos de amor, de amistad, con muchas personas, con sus discípulos. Le vemos llorar ante la tumba de Lázaro. Pero a la hora de la verdad, vivía con un desprendimiento total de toda atadura humana y terrena. Nada ni nadie pudo detenerle de llevar a cabo la empresa que había emprendido. Y sabemos, que en Pedro quiso impedírselo en más de una ocasión. Mas Jesús siguió firme en sus propósitos.

Su ejemplo nos sirve de ejemplo. Nos pide y exige lealtad. Si le seguimos a de ser de verdad y con total entrega. Jesús sabe que esto no es fácil. El discipulado cristiano no se puede lograr de la noche a la mañana. Es un proceso que puede comenzar de una forma espectacular como le sucedió a Pablo, o de una forma sencilla y humilde, pero llena de sacrificios, como nos pasará a la mayoría de nosotros.

Tenemos que aprender a despojarnos de cualquier lazo que nos ate a lo material. ¿Significa esto que no podemos amar a los seres queridos, a los amigos, y a todo el mundo? ¡No! Significa que debemos amar a Dios más que a nadie. Significa que en un momento de conflicto, siempre hemos de escoger el lado divino, donde está lo que es bueno, justo, honesto, agradable y santo.

Dios permita que podamos desprendernos de las cosas que nos separan del amor que Jesús nos ofrece. Dios permita que podamos dar de nosotros mismos para formar parte del aquel enorme grupo de discípulos que ha sabido mantener viva la llama de un evangelio que llegó al mundo con la predicación de nuestro Salvador Jesucristo. Que él nos acompañe en cada instante y nos ayude a seguir extendiendo su mensaje de amor a todo el mundo. Amén.



Back to Top