Resources

Sort resources below

‹‹ Return
Cuarto Domingo de Pascua
Hechos 6, 1-9; 7, 2a, 51-60
Salmo 23
1 Pedro 2, 19-25
Juan 10, 1-10

Jesús dijo, "he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia".
      "Abundancia" en nuestras vidas no es lo mismo que una vida abundante. Abundancia en nuestras vidas no quiere decir que seamos dueños de muchas cosas. Jesús prometió algo diferente al materialismo. Nos ofrece una vida plena que no se puede medir, ni contar con medidas humanas.

       Muchos de nosotros, aunque no seamos ricos, podemos caer en la trampa que nos tiende el materialismo. En nuestras casas hay de todo. Demasiada ropa. Mucha comida, que, a veces incluso, tiramos. Televisores, Vcrs, radios, cassettes, CDs, bicicletas. Muebles, nuevos y viejos. Cajas llenas de cosas. Tanto tenemos que ya no nos cabe en nuestras mismas casas y, algunas veces, tenemos que alquilar un "storage room" para meter lo que hemos acumulado. ¡No es triste estar pagando alquiler para conservar en un cuarto cosas que prácticamente no necesitamos! Cuando viajamos a otros países de este continente observamos que la gente es feliz con mucho menos de lo que nosotros poseemos. ¡Gente pobre, gente feliz!

       Todo esto se refleja también en un desequilibrio familiar, porque nos hacemos a la idea de que para tener más cosas, tanto el padre como la madre han de trabajar, abandonando, con frecuencia, el cuidado de los hijos y de la casa. Esto es un error.

       No sólo eso, se dan casos de familias cuyos padres, además del trabajo normal se emplean en otros oficios a tiempo temporal, todo ello para ganar más dinero y poder dar a sus hijos caprichos que no necesitan. Pero ¿qué pasa? Sucede que los hijos han crecido sin el calor familiar, se han vuelto egoístas, e indisciplinados. Ahora es muy difícil controlarlos, porque no obedecen a nadie. Y siguen exigiendo, porque siempre se les ha dado de todo sin imponer responsabilidades. El desequilibrio puede llegar a tal punto de arriesgar el mismo equilibrio matrimonial.

       Jesús nos ofrece una vida muy distinta. Cuando vivió en la tierra, estaba desprendido de todo, porque sabía que nada de lo creado puede ofrecer felicidad permanente. Mucha gente habrá experimentado más felicidad cuando carecía de bienes materiales que luego con un cúmulo de ellos.

       Observemos una escena entre niños. Juegan en la calle, corren, gritan, hacen juguetes de palos, de piedras, de tierra, de cualquier material que encuentran. Nos da pena y les regalamos un montón de juguetes. Al poco rato vemos que se están peleando porque no saben compartir lo que les hemos dado. Pasan unas horas, y los juguetes quedan abandonados y tirados por todas partes. Tal vez fueran más felices antes, cuando usaban su espíritu creador. Pero, ¿qué sucede? Nos da pena y les compramos otros juguetes, para ver si con los nuevos son felices. Y así vamos cometiendo error tras error.

        ¿Cómo encontrar la vida de abundancia que nos ofrece Jesús? Acercándonos a él más. Algunos dicen que para estar cerca de Dios, no hace falta ir a la iglesia. Sólo tienen parte de la razón. En la iglesia se encuentra una comunidad de hermanos, donde juntos pueden crear proyectos amistosos, recreativos, educativos y también de oración.

        No cabe duda de que leyendo con más frecuencia la Biblia, encontraríamos alimento espiritual para el alma. Alimento que nos orientara y fortaleciera para hacer frente a un mundo materialista.

        También nos ayudaría mucho pertenecer a un grupo de oración. Es sobre todo en la oración donde encontramos sustento para el alma. Con la oración se pueden orientar mejor nuestras vidas y dedicarlas a objetivos más altos que los dados por el materialismo.

        ¿Conocemos la voz de Jesús? Si somos ovejas de su rebaño entonces podremos distinguir su voz. Mas para oír su voz tenemos que escuchar a Jesús durante mucho tiempo. Cuando nos hemos acostumbrado a su voz, no oiremos las del mundo que nos gritan constantemente a caer en la boca del lobo.

        Jesús, como buen pastor, nos conduce a "verdes praderas" donde podemos recostarnos; nos conduce a "fuentes tranquilas" y repara nuestras fuerzas. El Señor es nuestro pastor, con él nada nos faltará.



Back to Top