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Propio 24

Génesis 32, 3-8, 22-30
2 Timoteo 3,14--4, 5
Evangelio según San Lucas 18,1-8a

     La historia de la viuda y del juez es exclusiva del Evangelio de Lucas. Hay en ella dos personajes importantes: el juez injusto y la viuda suplicante. Esta historia subraya la pertinaz súplica de la viuda, "para enseñarles a los discípulos que debían orar siempre, sin desanimarse" (18,1).

     La viuda no tiene otra posibilidad de justicia si no es por medio de un juez indiferente al dolor humano y al castigo divino. Ante la tenaz persistencia de la viuda, el juez injusto la atiende. Nos recuerda este Evangelio la parábola de los vecinos en la cual un amigo le pide prestados tres panes a su vecino a medianoche (Lc 11, 5-10). El vecino por fin se los da no por amistad sino por la importunidad del amigo. La parábola de la viuda y el juez es un ejemplo de persistencia que debemos tener siempre presente cuando nos relacionamos con Dios, nuestro Padre. El argumento de las dos parábolas es éste: si, por la insistencia, los seres humanos se ayudan los unos a los otros ¿cuánto más atenderá Dios a los que le "claman día y noche"?

     En el Génesis, tenemos otra historia de la insistencia de un ser humano para ganar la compasión y la bendición de Dios. Jacob se encontró con un hombre que luchó con él hasta despuntar la aurora. El hombre resulta ser un ángel. Aunque el ángel lo golpeó en la coyuntura de la cadera, Jacob triunfó en la lucha. Jacob no le soltó hasta lograr la bendición del ángel. Jacob no sólo obtiene la bendición sino el nuevo nombre de Israel, porque ha luchado "con Dios y con los hombres" y ha vencido. Es difícil imaginarse a Jacob luchando con un ángel toda la noche para recibir una bendición. Pero tengamos presente que la Biblia usa con frecuencia estilos y modelos de culturas antiguas, con ejemplos mítiticos y legendarios. Según esas culturas, el dios tiene figura humana, y el héroe del relato tiene proporciones y fuerzas gigantescas. A veces el dios está limitado al tiempo de las tinieblas, el hombre lo vence con una artimaña y le arranca una concesión. En una religión más exigente es quizá Dios quien doblega al hombre, aunque se deja retener por él. Dios mismo provoca al hombre a la pelea, al esfuerzo tenaz, para bendecirlo al final. Así sucede en el caso de Jacob. Triunfa por su persistencia. Al final es recompensado.

     El objetivo de estas lecturas es que Dios no quiere que nos quedemos mudos ante él. No quiere que guardemos nuestras luchas dentro del corazón. Dios desea conocer nuestras angustias y esperanzas. Dios nunca se cansa de oír nuestra plegaria.

     Pero, si es Dios, ¿por qué necesitamos orar? El lo sabe todo, incluyendo las tristezas y las alegrías, los fracasos y los triunfos. Es verdad que lo sabe. Pero la oración es la respuesta a Dios Padre, por medio de Jesucristo, en el poder del Espíritu Santo (LOC, 749). Dios inició la conversación con nosotros desde el principio de la creación, y luego la continuó por medio de los profetas del Antiguo Testamento y últimamente en la encarnación de Jesucristo. Dios inició el diálogo con nosotros y debemos continuarlo.

     La oración es la respuesta a esa invitación. Se puede orar en silencio o vocalmente, individualmente o en comunidad. Hay diferentes clases de oraciones. Oración de adoración, de alabanza, de acción de gracias, de penitencia y de oblación de nuestras vidas a Dios. La oración en la parábola de la viuda y el juez es de petición, en la cual presentamos nuestras necesidades para que se cumpla la voluntad divina. Presentamos peticiones a Dios para alinear nuestra voluntad a la divina. No podemos esperar ni desear que la voluntad divina se ajuste a nuestros caprichos.

     A veces es difícil perseverar en la fe cuando nos parece que nuestras oraciones son inútiles. Cuando recemos a Dios, es importante recordar que su tiempo es diferente al nuestro. Es posible que la respuesta de Dios no coincida con la respuesta que esperamos.

     No sólo nuestras oraciones, sino también nuestras vidas deben ser modelos de persistencia. San Pablo le dijo a Timoteo, "te encargo mucho que prediques el mensaje, y que insistas cuando sea oportuno y aun cuando no lo sea...enseñando con toda paciencia" (4,2). Insistencia en las peticiones y paciencia en las respuestas, esa debe ser nuestra actitud. No es fácil pero esa es la enseñanza del Evangelio. La buena nueva es que Dios nos da la gracia y la fuerza para permanecer fieles. Amén.

NOTA: Nos gustaría saber cuánta gente está usando este programa para ver si merece la pena continuarlo. Por ello, pedimos que manden un mensaje, simplemente diciendo "sí usamos los sermones". Mándelo al editor: irodriguez@stphilipscathedral.org



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