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Propio 28

Malaquías 3, 13-4, 2a-5-6
Salmo 98
2 Tesaloniceses 3, 6-13
Evangelio según San Lucas 21, 5-19


   La historia está llena de enseñanzas donde los beneficiados han criticado duramente al benefactor. Pronto olvidaron los favores recibidos, mostrando, de esa manera, una de las debilidades más mezquinas del ser humano, la ingratitud.


   Este es el caso del pueblo de Israel, que comenzó a cuestionar el provecho de servir a Dios, porque aparentemente no recibían bendiciones. Estos servidores de Dios comenzaron a convencer a otras personas que no valía la pena ser fieles a Dios, porque los impíos prosperaban, eran felices y todo les salía bien.
Es interesante ver la calidad de esas persona que, por un lado, adoran y sirven, y por otro obran lo contrario. Los Salmos constantemente nos amonestan contra ese espíritu, "No te impacientes del que medra, del que tiene éxito en sus maldades" (Sal 37, 8).

   El problema residía en la misma gente que era desobediente e injusta. Dios esperaba que la obediencia fuera no sólo exterior sino interior. Jesús dijo: "De la abundancia del corazón habla la boca". El mismo Señor advirtió que tendremos que dar cuenta de toda palabra usada.

   Aquí hay un llamado de Dios a su pueblo a permanecer fiel, y si ha pecado a arrepentirse. Porque en el "día que yo preparo" se dará clara distinción entre el justo y el malvado, donde el primer grupo será reservado para el reino de Dios, y el segundo para el castigo.

   El sol de justicia, sin duda se refiere al Señor Jesucristo, que en su regreso traerá justicia y renovación espiritual a su pueblo fiel, que incluye salud espiritual, física y abundante gozo, también juicio para el malo (Is 17, 17-25. Am 9,13-15).

   El salmista invita al pueblo a cantar, porque el Señor ha manifestado su poder y salvación, por el gran amor que tiene a su pueblo, cumpliendo con el pacto hecho a Israel, anticipando la salvación final. Todo el mundo debe alabar a Dios usando los distintos instrumentos musicales, porque él es rey y Señor. También el salmista habla de la segunda venida del Señor, cuando traerá la salvación y el juicio final.

   En las cartas a los Tesalonicenses Pablo habla de la segunda venida de Cristo y lo presenta como algo inminente. Como resultado, muchos cristianos no querían trabajar. No querían ninguna distracción. En vista de que esta actitud continuaba, el apóstol les dice que deben apartase de esos hermanos, que no sólo no trabajaban, sino que también creaban desorden. Hay un refrán que dice: "La ociosidad es la madre de todos los vicios." El apóstol ve llegado el momento de usar su autoridad apostólica y les pide que vivan la vida cristiana según les ha enseñado con el ejemplo. "No viví entre vosotros sin trabajar, nadie me dio de balde el pan que comí, sino que trabajé y me cansé día y noche, a fin de no ser carga para nadie".

    En los inicios, la Iglesia no tenía un presupuesto establecido, ni escalafón salarial, sin duda recibían ayuda de los hermanos para cubrir sus gastos, por eso existía la necesidad de realizar algún tipo de trabajo para no ser una carga a los cristianos. La exhortación es tan dura que el apóstol les dice: "El que no trabaja que tampoco coma". El no hacer nada, les daba el tiempo para meterse en asuntos ajenos, esto estaba creando problemas, y en lugar de ser una ayuda llegaron a ser una carga. Con todo, el apóstol les dice que sigan haciendo el bien, y aconsejen al perezoso y no lo tengan como enemigo, sino como hermano.

    En consideración a los últimos eventos ocurridos el 11 de septiembre, la gente pregunta cuánto falta para la venida de Cristo. Nadie lo sabe. Periódicamente le vienen a la humanidad días oscuros, de pesimismo y de temor. En esas ocasiones se vive con miedo, y se habla del final de los tiempos. La misma Biblia, con frecuencia hace referencia a eventos apocalípticos que reflejan la época en que vivían los escritores. El mundo occidental vio, en el siglo pasado momentos apocalípticos marcados por las dos guerras mundiales. Se sufrió muchísimo. Sin embargo la humanidad se recuperó y se prosperó. Luego se han dado toda clase de calamidades, y catástrofes. Pero el mundo sigue adelante. Lo más probable es que el mundo dure todavía miles de años. Para nosotros, individualmente, es mucho más importante estar preparados ante el Señor. Amarlo de todo corazón y al prójimo de la misma manera.



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