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Propio 29

Jeremías 23, 1-6
Salmo 46
Colosenses 1, 11-20
Evangelio según San Lucas 23, 35-43

     El profeta Jeremías transmite el mensaje a los pastores o gobernantes, reclamándoles el mal trato que están ofreciendo al pueblo. Tal conducta, en vez de mantener al pueblo unido, forjando una nación donde el nombre de Dios sea reconocido, lo que ha logrado es dispersar y extraviar al rebaño del Señor.

     Han estado tan ocupados en sus propios negocios que han invertido su verdadera función, porque el pastor, reúne, dirige y cuida del rebaño. Ellos han realizado lo contrario. En vez de cuidar del rebaño, han cuido de sí mismos, no han ayudado a las ovejas débiles ni a las enfermas ni buscaron la extraviada. ¡Ay de ellos dice el Señor! (Ez. 34, 1-10). El Señor privará de su responsabilidad a los pastores deshonestos, y colocará en su lugar a un pastor modelo, a un gobernante modelo, a un rey del linaje de David, que será justo. Jesucristo será el buen pastor que reunirá las características necesarias. Como rey gobernará con sabiduría y justicia.

     Los hermanos de Colosas estaban viviendo de alguna manera los "poderes de las tinieblas" que eran como fuerzas invencibles que actuaban en el mundo, como tronos, dominios, principados y potestades. Se preguntaban, si Jesucristo tenía todo poder, ¿qué estaba pasando, porqué estos ataques del enemigo? El apóstol responde suplicando fe en el "glorioso poder" divino, así podrán soportarlo todo con mucha fortaleza y paciencia. Luego, Pablo les ruega que tengan presente toda la obra de redención realizada por Jesucristo, y cómo ellos, los colosenses, siendo antes extranjeros y enemigos de Dios, ahora están reconciliados con la divinidad, gracias a la muerte de Cristo.

    Esta enseñanza era importante para que estos hermanos entendieran que sus pruebas no eran ajenas al conocimiento divino. Con esa certeza podrían esperar de Dios toda ayuda para enfrentarse tanto a los problemas espirituales como a los materiales porque en Jesús fueron creadas todas las cosas.
La Iglesia nos coloca en la liturgia este pasaje de la pasión del Señor por doble razón. Primero, para demostrarnos que Jesús es el buen pastor, el buen gobernante que cuidó de su pueblo de una manera insospechada. ¿Quién iba a pensar que un pastor iba a dar la vida por sus ovejas como lo hizo Jesús? Ciertamente esto sería impensable para los pastores de antaño que sólo pensaba en su propio provecho. Ciertamente que tampoco los pastores-gobernantes contemporáneos a Jesús entendieron ni comprendieron su mensaje. Mas debieran haberlo comprendido en luz a toda la predicación profética proclamada durante siglos. Debieran haber pensado que el nuevo pastor, el nuevo rey no lo haría buscando honores ni realezas humanas, sino una entrega total de amor hacia el género humano.

     La segunda razón de presentar este pasaje de la pasión de Jesús es porque nos habla de la realeza de Jesús. ¡En verdad, una realeza bien extraña para el entendimiento humano! Pero vemos, cómo desde la cruz, Jesús se encontraba en control y dueño de un sistema totalmente nuevo. Así le dice al criminal arrepentido: "Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso". ¿Quién es éste que en medio del suplicio ofrece con tanto aplomo y seguridad garantías de un paraíso todavía no visto?

     Los colosenses, debieran haberse inspirado y consolado con este ejemplo. Todo cristiano, en momentos de angustia y sufrimiento, en momentos de duda e incertidumbre debe mirar a la cruz, para encontrar en ella fortaleza.

     Jesucristo desde la cruz confunde a todos. Tanta fue la confusión que a los pocos años de la nueva religión, este evento, sin par en la historia, se había ignorado o tergiversado. Cuando los nuevos pastores, los nuevos gobernantes, del pueblo de Dios, comenzaron a imitar a los antiguos, la Iglesia cayó en una decadencia lamentable. ¿Cómo podría Jesús imaginarse que un día sus representantes, se armarían de coraza y espada para defender su doctrina? ¿Cómo podría Jesús imaginarse que un día sus representantes en la tierra dominarían a la fuerza un gran imperio terrenal? Si Jesús pudiera presenciar de nuevo tal espectáculo, lloraría de tristeza y desilusión.

     Hermanos, todavía estamos a tiempo de enderezar lo torcido. Estamos a tiempo de aprender que no podemos reinar con despotismo y con fuerza. Sólo un amor semejante al de Jesús nos conducirá al triunfo en nuestros hogares, y en el mundo entero.



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