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La Santísima Trinidad

Génesis 1, 1-2,3
Salmo 150
2 Corintios 13, (5-10) 11-14
Mateo 28, 16-20

Estamos celebrando la fiesta de la Santísima Trinidad. Una doctrina que teológicamente sólo podemos aceptar por fe, ya que la inteligencia no pude comprender de qué estamos hablando. Aceptamos lo que la Biblia nos dice. La inteligencia jamás hubiera podido descubrir una doctrina semejante.

     Aprovechamos pues la oportunidad para reflexionar un poquito sobre nuestro Dios. Y nos preguntamos. ¿Cómo es Dios? ¿En qué pensamos o qué nos imaginamos cuando oímos decir la palabra Dios? Nosotros somos creyentes, tenemos fe, lo pensamos como creador absoluto, todopoderoso, origen y fin de nuestra existencia.

      Hoy las lecturas nos acercan más a la realidad de Dios. Él ha descubierto el misterio íntimo de su vida a los seres humanos, mediante un proceso de revelación que abarca varios siglos. La revelación de Dios se ha ido manifestando paulatinamente, acomodándose a nuestro entender humano. Así actuamos nosotros con los niños. No les damos una lección en términos filosóficos o teológicos que no van a entender. Tenemos que usar cuentos, historias, fábulas, que contienen un núcleo de verdad pero cuyos los elementos no son reales ni históricos.

       La verdad sobre Dios ha tardado mucho en manifestársenos y todavía podemos decir, sin cometer error, que de Dios no sabemos nada. Es decir, de su vida íntima, de cómo es Él en su naturaleza, todavía estamos como a oscuras. Sólo podemos aceptar por fe lo que se nos ha revelado en las Escrituras. Leyéndolas vemos que hay un crescendo en las mismas que culmina con la venida del Hijo de Dios a la tierra. El punto más alto y más claro de esta revelación es Jesucristo, enviado del Padre y la presencia del Espíritu Santo en nuestro medio.

        Hoy en el momento de recitar el credo niceno, debemos prestar atención a lo que profesamos respecto a cada persona de la Trinidad. En esa confesión de fe tenemos el resumen de una reflexión teológica que se llevó a cabo en los primeros siglos del cristianismo.

        La razón humana puede llegar a la afirmación de la divinidad en general. La reflexión filosófica anduvo pasos semejantes a los de nuestra fe. Al inicio se admitían varios principios generadores de la realidad existente. Pero, a medida que la reflexión fue madurando, se ha podido llegar a la afirmación de la existencia de un ser supremo, dueño de los destinos del mundo. Y se ofrecen algunas pruebas que podrían ser convincentes para muchos. Sin embargo, otros filósofos, todavía no están de acuerdo que la razón humana pueda demostrar la existencia de un ser trascendente.

         La creencia de la Trinidad es exclusiva de los cristianos. Algunas otras religiones tienen algo parecido a nuestra Trinidad, pero ni el judaísmo ni el islamismo aceptan la Trinidad. Esta doctrina terminó por madurar en el Nuevo Testamento. La reveló Jesucristo, y sin esa revelación ninguna inteligencia humana hubiera llegado a la afirmación de este misterio. Es algo que debe interesarnos profundamente, pues se trata de la esencia de Dios, y de cómo el hombre ha sido creado a su imagen y semejanza.

         Las tres personas divinas viven en intimidad y realizan una obra de amor entre sí y para con toda la creación. El Padre nos ama, el Hijo nos ama, y también el Espíritu Santo nos ama. Esto es algo que vitaliza profundamente nuestra vida. La vida del cristiano va marcada con el signo trinitario desde su entrada en la Iglesia, como hijo de Dios por medio del bautismo administrado en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, hasta su última bendición con la invocación trinitaria al salir de este mundo al encuentro definitivo con Dios. Así pues, todo se nos da en el nombre de la Santísima Trinidad.



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