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Propio 13

ehemías 9, 16-20
Salmo 78, 1-29
Romanos 8, 35-39
Mateo 14, 13-21 

         Parece que algunos prefieren la mala vida a la buena. No es que busquen problemas, pero tampoco se esfuerzan por encontrar el camino de Dios. ¿Han oído el dicho: "Vete por la sombra"? Eso es lo que casi todos hacemos, buscamos la sombra para que el sol no nos queme. En ese sentido la sombra es protección. Es un consejo que deseamos a quienes amamos. Pero si lo vemos con otra perspectiva entonces suena un poco diferente.

         Jesús nos invita a caminar a la luz de su verdad. Pero a veces buscamos la sombra porque preferimos la oscuridad de nuestros deseos. Si Dios nos dice que hay una manera mejor de vivir, no le creemos sino que volvemos a lo conocido. Regresamos al camino andado porque nos es familiar. Como dice el dicho, "mejor lo malo conocido, que lo bueno por conocer". Así pensamos y seguimos en nuestros andares.

         He aquí la historia de un hombre en tres capítulos. Primero: explorar: a este hombre le gustaba ir por cierta calle. Esa calle tenía un hoyo grande. El hombre cayó en el hoyo. Vino un maestro y le enseñó cómo salir del hoyo. Segundo capítulo: experiencia: el tipo iba por la misma calle, pensando, "ya la conozco y sé dónde está el hoyo, lo evitaré". Pero cayó de nuevo, el maestro volvió a ayudarle. Tercer capítulo: sabiduría: el hombre decidió irse por otro lugar.

         Con frecuencia sabemos que el camino escogido tiene hoyos, pero seguimos por él porque nos es familiar. Con la experiencia, y un poco de cuidado, podríamos evitar caer en el hoyo. Pero el hombre, entendió que, a veces, la mejor sabiduría es buscar otro camino.

         ¡El profeta Nehemías cuenta que los judíos en el desierto estaban tan seguros de sí mismos, que se olvidaron de las grandes cosas que Dios había realizado por ellos, y nombraron a un jefe que los llevara de nuevo a la esclavitud en Egipto! ¡Increíble! ¿Verdad? ¿Cómo podrían querer volver a la esclavitud, al sufrimiento, al trabajo duro y continuo? Pues sí, querían eso.

         Nosotros también actuamos así con frecuencia. Tenemos miedo de obedecer a Dios, y nos encontramos tan seguros en nuestra sabiduría, que preferimos regresar a la esclavitud de las costumbres conocidas en vez de aceptar que Dios tiene preparado algo mejor para nosotros. Pero, lo mejor de todo es que a pesar de ser testarudos, Dios no nos abandona, sino que sigue protegiéndonos y ofreciéndonos amor de su abundancia.

         ¿Porqué se porta así Dios con nosotros? No lo sabemos, la verdad es que no hay dificultades suficientemente grandes que nos puedan apartar del amor que Dios nos tiene. No importa lo terco y pecadores que seamos, Jesucristo jamás nos abandonará.

         Cuando se hizo tarde, los apóstoles le dijeron a Jesús que despidiera a los que les seguían porque no sabían cómo darles de comer. Jesús tuvo compasión de la muchedumbre y mandó a los discípulos que dieran de comer a la gente.

         Con la multiplicación de cinco panes y dos peces realizada por Jesús, comieron todos hasta hartarse y les sobró comida. Lo importante de este evento no es tanto el milagro físico que pudiera haber, sino el simbolismo del mismo. Es un ejemplo de cómo se vive en el reino de Dios. En el reino de Dios, Jesús provee a la comunidad cristiana; se encarga de que nadie tenga hambre. Jesús no permitió que los apóstoles descuidaran la responsabilidad de cumplir con la gente. Su deber era no sólo nutrirlos espiritualmente, sino también satisfacer el hambre física.

         Puede ser que veamos este ejemplo como algo imposible para nosotros en el mundo de hoy. Igual hoy que en tiempo de Jesús no podemos hacer lo más mínimo sin la ayuda del Señor. Abandonados a nosotros mismos, no somos nada, pero con la abundancia del amor de Dios, todo es posible.

         El tema de las tres lecturas es el mismo: Dios nos da de su abundancia, no sólo como a individuos sino también como a comunidad. Dios no cesa de ofrecernos de su abundante amor. Podemos rechazar los dones que Dios nos brinda sin peligro de que Dios retire sus bendiciones. Podemos escoger seguir nuestro camino conocido sin pensar que otro camino nos sería mejor.

         Entonces, ¿cuál es el beneficio de aceptarlo ahora si es lo mismo tarde que temprano? Es como quejarnos de no poder ver porque hemos decidido no quitarnos la venda de los ojos. Todas las bendiciones están presentes y disponibles pero si no nos desprendemos de la venda, no podemos verlas ni disfrutar de ellas. Podemos seguir el camino conocido, lleno de sombrita y de hoyos; o podemos seguir el camino luminoso que Jesús nos ofrece. La abundancia de Dios nos espera, es tiempo de decidir.



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