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Propio 14

NJonás 2, 1-9
Salmo 29
Romanos 9, 1-5
Mateo 14, 22-33 

        En el mundo de los deportes hay muchos ejemplos sobre la importancia de mantener la vista centrada en la pelota. Si el golfista levanta la vista a mitad del golpe, no va pegar la pelota con precisión. Lo mismo sucede al jugador de béisbol, si está pensando cómo llegar a la base y no se concentra bien en darle a la pelota, se va a quedar en la banca. A veces estamos tan preocupados en ver adónde queremos llegar que se nos olvida considerar dónde nos encontramos.

        Hay un chiste que enseña cómo perdemos la vista de lo importante cuando nos concentramos en detalles menores. Unos parroquianos tenían la costumbre de llevar al nuevo rector a pescar en el lago. Sucedió que el nuevo rector era rectora. No habían experimentado el sacerdocio de una mujer. Los parroquianos decidieron seguir con la tradición y la invitaron a pescar con ellos. Ya estaban en medio del lago cuando la rectora se dio cuenta de que se había olvidado el equipo de pesca en la orilla. No quiso molestar a los compañeros. Salió de la barca y empezó a caminar sobre el agua para ir a recoger el equipo; ni se mojó los zapatos. Cuando regresaba, los parroquianos se dijeron el uno al otro: "¡Qué vas a esperar de una mujer!, ¿viste cómo se olvidó del equipo?". Si no queremos ver, nadie nos podrá abrir los ojos.

        El lago en el evangelio puede representar la vida, y la barca la manera de trabajar. Quizás tengamos la creencia de que cuando aceptamos a Jesucristo ya no vamos a enfrentarnos con tormentas y que nuestra barca jamás se hundirá. Dios no nos promete que no vamos a sufrir. Dios promete estar con nosotros en medio del sufrimiento. También nos enseña que puede redimir nuestro dolor. La confianza en Dios nos da el consuelo de saber que siempre que mantengamos nuestra vista en Jesús, nos puede sacar del apuro.

        ¡Imaginémonos lo maravilloso que sería tener tanta fe que sentimos que podríamos obrar milagros! Quizás algunos de nosotros hayamos experimentado algo así. Un sentido de protección tan seguro que nos lanzamos a realizar lo que nunca esperábamos hacer. O, a lo mejor demos pasos aventurados porque ya no nos quedaba otro remedio. Por ejemplo, el pasar a los Estados Unidos es algo muy peligroso, pero muchos confiamos en la protección de Jesús y por eso nos atrevimos a cruzar la frontera.

         En el caso de Pedro sucedió algo muy especial. Confió en Jesús y salió de la abarca para caminar sobre el agua. Mientras Pedro tuvo los ojos enfocados en Jesús pudo hacer lo imposible, pero tan pronto como apartó la vista de Jesús, empezó a hundirse.

         Muchos de nosotros llegamos sanos a nuestro destino, y probablemente dimos gracias a Dios. Pero se nos olvidó el cumplir las promesas que le hicimos a Dios si nos concedía su protección. Apartamos los ojos de Jesús y estamos en peligro de hundirnos. La diferencia es que Pedro se dio cuenta pronto de su error y nosotros tardamos en notar que nos están azotando las olas en la cabeza.

         Tal vez algunos vinieron aquí para lograr una vida mejor para su familia. Y quieren ganar mucho sin pensar que lo más importante no es la cantidad de dinero, sino la calidad de vida que se vive. Se pierde de vista lo importante porque lo material nos confunde y nos aparta de los principales valores. El tener una vida mejor no consiste en tener más dinero. Consiste en llevar una vida equilibrada entre lo material y lo espiritual. Eso se logra sólo si tenemos la mirada fija en Jesús.

          Acordémonos también que pensando sólo en uno mismo perdemos la oportunidad de estar al servicio del prójimo. Quizá hayan oído la frase del teólogo Gustavo Gutiérrez: "Si yo experimento hambre tengo un problema físico. Si mi hermano experimenta hambre tengo un problema espiritual". Entonces vemos que nuestra barca no es la única en el lago. Hay más. Si no nos ayudamos, todos vamos a perecer.

          Cuando Pedro comenzó a hundirse, pidió pronto el apoyo de Jesús. Si hemos sido culpables de apartar la vista de Jesús, todavía estamos a tiempo para regresar los ojos a lo importante. Jesús nos espera con manos fuertes para sacarnos del agua.



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