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Propio 17

Jeremías 15,15-21
Salmo 26
Romanos 12,1-8
Mateo 16,21-27

          "Júzgame oh Señor. Escudríñame y pruébame, examina mis pensamientos y mi corazón". Estas palabras del salmo son apropiadas para una meditación, ese tiempo de intimidad que le dedicamos a Dios.

          Con frecuencia, en nuestras oraciones hablamos con Dios de una manera que aparentemente más nos aleja de él que nos acerca. Como Jeremías, nos expresamos de una manera trivial. "Hablar por hablar", le reprocha el Señor. Jeremías confía que Dios entienda sus necesidades, más aún le suplica que se acuerde de él y que no le olvide. ¡Como si Dios pudiera olvidarlo!

          Nosotros hacemos igual. Cuando los agobios de la vida nos abruman comenzamos a rogar a Dios para que no nos abandone. Y nos atrevemos a criticar a Dios como si fuera responsable de nuestros sufrimientos.

         Luego, la oración de Jeremías toma otro rumbo, un rumbo familiar a quienes les cuesta perdonar las faltas del hermano, un rumbo familiar a quienes no quieren olvidar a que les ha ofendido. Cuando se actúa así, la oración puede adquirir ese tono vengativo con que inicia la invocación de Jeremías: "¡Toma venganza de los que me persiguen!"

         Jeremías no ora por las necesidades de los demás, sino por sí mismo. Le recrimina a Dios: "No permitas que sea arrebatado; mira, por ti sufro injurias". No sólo mantiene Jeremías como centro de la oración su necesidad propia, sino que acusa a Dios de lo mucho que está sufriendo por su causa.

         Cuando adoptamos una postura defensiva, cuando no aceptamos responsabilidad por nuestros errores, estamos malogrando este tiempo íntimo dedicado a Dios.

          A veces cargamos la oración con incesantes quejas: "¿Porqué no cesa mi dolor? ¿Porqué es incurable mi herida? Cuando nos vemos inclinados a rezar así, sería mejor tener presentes las admoniciones de nuestro Señor. Jesús advierte a sus discípulos, en el evangelio, que tiene que ir a Jerusalén y sufrir mucho a manos de los líderes religiosos y que finalmente lo matarían, pero que luego vendría la resurrección.

          Jesús espera que tengamos confianza y estemos seguros de que después de los sufrimientos llegará la luz. Jesús, con su vida ejemplar, nos enseña a tener fe. Fe en que todo el sufrimiento presente tendrá feliz término. Las heridas de Jesús, nuestro redentor, se sanaron en la resurrección. Las nuestras también se curarán.

          Ofrezcamos nuestras vidas como ejemplos de oración viva; como ejemplos de holocaustos agradables al Dios. Dediquemos cada paso de nuestras vidas a la gloria de Dios. Ese es el verdadero culto que debemos ofrecer, según san Pablo. Formemos un solo cuerpo en Cristo, siendo cristos vivientes, usando nuestros dones según la gracia que se nos ha dado. Usémoslos con regocijo, así podremos cambiar el tono de nuestra plegaria divina. Entonces le serviremos sin colocarnos como principal objetivo de la oración pensando sólo en nuestras necesidades. Así, consagrando nuestras vidas a la voluntad divina, vamos creando un sólo cuerpo en Cristo Jesús. Cada miembro ayudando a otro miembro, abre el corazón a Dios para que examine nuestros pensamientos.

           Para lograr esto debemos abandonar los criterios de la vida mundana que con frecuencia nos dominan. Cambiando la manera de pensar, cambiaremos de vida, y llegaremos a conocer cuál es la voluntad de Dios, llegaremos a conocer qué es lo bueno, lo grato y lo perfecto.

           Aprendemos también a apoyarnos espiritualmente en los momentos difíciles de nuestras vidas. Comencemos a sentir el amor de Dios en todos los que comparten sus dones con nosotros. Aún cuando algo nos haga sufrir, encontramos el apoyo de otro miembro del cuerpo de Cristo. Dejamos de quejarnos encontramos consuelo en cada abrazo del prójimo que nos ayuda. Al demostrarnos mutuamente tal amor, nos acercamos más a Dios, que vive y reina en cada uno de nosotros.

           Al cambiar la manera de orar oiremos a Jesús que promete que, "el hijo del hombre va a venir con la gloria de su padre y con sus ángeles y entonces recompensará a cada uno conforme a lo que haya hecho".



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