Resources

Sort resources below

‹‹ Return
Propio 23

Isaías 25, 1-9
Salmo 23
Filipenses 4, 4-13
Mateo 22, 1-14

          El evangelio de hoy completa un ciclo de tres parábolas sobre el llamado al reino de Dios y el rechazo de la autoridad de Jesús por parte de las autoridades judías.

          El banquete siempre ha sido en la Biblia símbolo del carácter festivo del reino del reino. Este carácter festivo está relacionado con la supremacía de la justicia y del amor que Dios promete en una sociedad nueva. Jesús ejemplifica las distintas actitudes que los seres humanos asumen frente al llamado a formar parte del reino.

          Jesús critica a los "invitados a la boda" debido a su necedad en aceptar otras prioridades que no sean sus negocios. El problema no radica en ocuparse de asuntos personales, sino el meterse tanto en ellos que se deje a un lado a Dios. Los actores de la parábola están tan ocupados en sí mismos, que rechazan participar del banquete.

           Como los invitados rechazan la invitación, el rey de la parábola manda a sus sirvientes a invitar a la boda a cuentos encuentren en las calles, buenos y malos. Técnicamente, esa gente no tiene "derecho" a entrar en la fiesta, debido a que unos no habían sido invitados y otros a su mala conducta pasada, pero ante el rechazo de los primeros invitados, podrían participar del banquete. Esta invitación no se basa en méritos adquiridos sino en la generosidad del rey. Empero, esto no es suficiente. Hay que estar vestido apropiadamente para ello. Este último elemento resulta extraño si no se lee en conexión con la Biblia hebrea donde la justicia era ejemplificada en el vestido. Jesús demanda también un compromiso de justicia en aquellos que han sido víctimas de la injusticia y se encuentran, por ello, "en las calles".

           Como se ve, en ambos casos Jesús trata de poner las cosas en su lugar, pero debido a la pobre respuesta a su llamado, sentencia: "Muchos son los llamados, pero pocos los escogidos." Estas palabras, traslucen la mentalidad de la comunidad de Mateo ante la disputa que tiene con la religión judía alrededor del año 70 d.C. La disputa comienza cuando los cristianos son expulsados de las sinagogas. Esto lleva a los cristianos a endurecer los requisitos para formar parte de la Iglesia. De ahí que no sólo haya que recibir el llamado de Dios sino que ha de ser aprobado por la comunidad cristiana, como voluntad divina.
La parábola, si la comparamos con la versión de Lucas (14,16-24) vemos que ha sido alterada también en otros elementos. El que el rey se enoje y mande a sus soldados a matar a los invitados y a quemar su pueblo, refleja la destrucción de Jerusalén en el año 70. A cualquier persona le llamará la atención la excesiva reacción del rey. Nadie mata a unos invitados, que, por la excusa que sea, no aceptan una invitación. El redactor de Mateo estaba muy enfadado porque los contemporáneos de Jesús no lo aceptaron.

            Por otra parte, la parábola realza la esencia del reino de los cielos: "justicia y fiesta de liberación". Ese carácter festivo es algo que nos atañe también a nosotros. Formamos parte de ese reino. Estamos llamados a celebrar la vida y la justicia. Debemos estar convencidos de que la invitación a participar del reino de Dios, es nuestra razón de vivir. Así, nuestras prioridades deben estar en función a esa invitación. Ya no podemos vivir egocéntricamente, ocupándonos sólo en nuestros asuntos. El reino exige no sólo ocuparse en los asuntos propios sino también en los del prójimo. En el prójimo demostramos la justicia que brota del amor.

            Esta reorientación de nuestra existencia en función del reino, nos lleva a depender de Dios más que de nuestros propios esfuerzos. San Pablo en la lectura de hoy lo aclara perfectamente. La dependencia de Dios, presentándole todo en oración, nos trae la paz, la seguridad y la alegría de Cristo. Así Pablo puede decir e a los filipenses: "Tened siempre la alegría del Señor; lo repito, estad alegres" (v. 4). La paz interior que Dios nos ofrece supera toda inteligencia humana. Si estamos unidos a Dios podremos ocuparnos de todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable y loable (v.8).

            Sea cual sea nuestra situación presente, estamos llamados al banquete de reino de Dios. Como comunidad cristiana esa es nuestra vocación. Por ello, cada día debemos considerar dónde radica nuestro corazón y cuáles son nuestras prioridades. Mantengámonos en comunión con Dios para que seamos instrumentos de su voluntad.



Back to Top