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Propio 25

Éxodo 22, 21-27
Salmo 1
1 Tesalonicenses 2, 1-8
Mateo 22, 34-46

     ¡Qué distinto sería este mundo si el amor fuera el fundamento de toda relación humana! Lamentablemente, en la historia de la humanidad esto ha sido sólo un buen deseo. Al observar las lecturas de hoy, nos damos cuenta de que, a pesar de su distancia temporal e histórica, se asemejan muchísimo entre sí. Su mensaje podría sintetizarse como: la injusticia es el fruto de la carencia de amor entre los seres humanos. Y de una manera positiva, podríamos decir, el amor engendra justicia y compasión.

      Las lecturas de hoy nos aconsejan cómo vivir una vida más justa en el amor. La del Éxodo es la que mejor describe cómo hacer frente a situaciones concretas. Es verdad que tenemos la tendencia a convertir esos consejos en normas abstractas. Sin embargo, los autores del libro del Éxodo parecían estar muy conscientes de que el amor era algo necesario en su propio ambiente. No parece que estuvieran pensando en leyes a ser cumplidas en otro mundo. Su esfuerzo es valiosísimo pues presenta situaciones cotidianas: los extranjeros, las viudas y los huérfanos y los endeudados. Si uno observa más detenidamente esos términos, reflejan situaciones de personas sin derechos en una sociedad que podría convertirlos en esclavos. En el Éxodo, el pueblo de Israel trata de promover una sociedad más justa.

      No es fácil alcanzar el ideal de una sociedad justa. El salmista lo sabe bien. Su reflexión encuentra solución sólo en la meditación de la Ley. "En la ley del Señor está su delicia" reflexiona mientras piensa en aquellos que han optado por la justicia. Es imposible meditar en la ley de Dios sin examinarnos a nosotros mismos. La justicia, el bien, la libertad y el amor, son valores que se reflejan continuamente en la Ley. No verlos, y mucho menos practicarlos, es no haber entendido el mensaje de Dios.

      Jesús resume todas estas cosas en el tema del amor. Posteriormente los Apóstoles harán lo mismo. La más maravillosa confesión sobre Dios la hace San Juan: "Aquella persona que no ama no ha conocido realmente a Dios porque Dios es amor" (1 Jn 4,8). Este amor de Dios se ha mostrado plenamente en Jesús. Esto nos da la seguridad que él era el enviado de Dios y nuestro modelo de amor. El amor de Cristo es tan profundo que, incluso la muerte en la cruz, no logró apagar ese amor. Las palabras del libro del Cantar de los Cantares describen perfectamente el amor de Jesús: "¡El fuego ardiente del amor es una llama divina! El agua de todos los mares no podría apagar el amor; tampoco los ríos podrían extinguirlo" (Cant 8, 6b-7a).

       Con esto no queremos decir que Jesús aceptara alegremente la cruz. La cruz de Jesús fue el resultado de una vida dedicada al amor y a la justicia en un sistema político y económico que no permitía que todos los seres humanos disfrutaran de esos valores. La muerte trágica de Jesús en la cruz, terminó en la resurrección, probando que ninguna injusticia, incluida la muerte, puede ser más fuerte que el amor divino. No hay mayor prueba de amor de Dios que la resurrección.

       Las lecturas de hoy nos desafían a encarnar el amor y la justicia en todo tiempo y lugar. No somos simplemente seres humanos vagando sin sentido por este mundo. Somos hijas e hijos de Dios puestos en el mundo con la misión de vivir una vida de amor. Palabras y acciones deben encarnar cotidianamente ese mensaje de amor. Hay un refrán que dice: "Predica el evangelio. Usa palabras si es necesario". El ejemplo de la vida es el mejor testimonio de que Dios está actuando en nuestro medio. Si damos buen ejemplo no necesitamos palabras. Si como individuos y como comunidad logramos reflejar el amor y la justicia en todas nuestras acciones, muchos lograrán reconciliar sus vidas con Dios.

       Hay muchas oportunidades para actuar en justicia y amor. Muchos de nosotros somos inmigrantes o vivimos en comunidades donde hay inmigrantes, quizás haya viudas e incluso, huérfanos. Seguramente en nuestro ambiente habrá infinidad de situaciones donde practicar la caridad generosa. Dios nos ha llamado a responder con amor y justicia a todas las personas. Quizás esa sea la única oportunidad de que ellas descubran el amor de Dios. Está en nuestras manos aceptar la oportunidad de ser instrumentos de Dios. Roguemos al Espíritu que nos dé la fuerza para vivir así. No tengamos miedo de hacer realidad una sociedad más justa.



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